martes, 30 de octubre de 2007

Vivir sola. Desde ojos inocentes.

Vivir sola es:
-Llenar la cubetera.
-Bailar sola.
-Comer pan con manteca en el mismo lugar donde se cometen acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofenden al orden y a la moral pública ni perjudican a un tercero.
-Sorprenderte con tus capacidades (culinarias, técnicas, artísiticas)
-No tener que esconder nada.
-Encontrarte hablando del clima con una vieja, mientras pagás la factura de luz.
-Comprar en el súper todo lo que quieras, porque ya no hay nada que negociar.
-Hacer relaciones con los vecinos a niveles a gusto.
-Tomar tantas tazas de leche con cacao como quieras.
-No pedir permiso para ir a jugar con nadie ni para traer a nadie a jugar.
-Que un día bajo el anuncio de un posible aumento de alquiler, te recuerden que ninguno de esos ladrillos es tuyo.
-Buscar exhaustivamente por bazares, todo x$2 y demases hasta encontrarte un cenicero cómodo.-Enfrentar sola el miedo a los murciélagos.
-Descubrir que la cinta adhesiva no funciona como cera.
-Elegir la mesa ratona del modelo que te guste.
-Enterarte que el vecino de al lado es percusionista y alegrarte por semejante suerte que te toca en vivo todas las tardes.
-Leer sin interrupciones más que las de fumar, tomar mate o mirar pasar las nubes.
-Descular el tiraje de la hornalla.
-Tomar mate con la yerba que quieras.
-Rentar cepillos dentales ajenos para no sentirte tan sola.
Ella bajó, luego de un largo exilio de los cielos de mi departamento al sur de la ciudad. Había visto desde ahí todos mis movimientos de las últimas jornadas. Y contemplado los caprichos de la luna que la iuluminaba cuando se le antojaba.Lo mismo le daban todas las mañanas, en cambio, cuando el sol la enceguecía en el mismo empecinado ángulo y sólo respioraba del resplandor cuando las lluvias asomaban.
Tal vez alguna vez se preguntó por qué de todos los ángulos, de todos los departamentos al sur de la ciudad; de todos los departamentos de la ciudad, ded todos los del país o de todos los de este continente, justo a ella le había tocado caer en uno con un ventanal eorme, casi oceánico para su pequeñez.
Sin embargo, nada parecía atravesarse entre su casa tejida c on paciencia y sus cacerías de mediatarde. Ni las alas veloces y espásticas de sus víctimas podrían interponerse a su hambre. Y la torpeza de su mejor manjar, que se chocaba una y mil veces contra un vidrio hasta estallar en la punta de su lengua, sumaba elementos a su felicidad.
Llegado el momento, formaría una familia, enseñaría a sus retoños a vivir su vida misma y ellos, como ella, aceptarían proija y sumisamente.
Pero este jueves de octubre quiso que de algún lado le llegara el perfume de la curiosidad. Como si un gato le hubiese enviado con el viento una maldición hecha fragancia. No supo, no sospechó que esa osadía sería su últiumo acto y bajó.
Bajó, trapada de esa lana fágilmente irrompible, sostenida sólo por su coraje y las ganas de buscar otro ángulo, otro rincón donde hechar su estático camino.
Y cuando bajó se encontró conmigo. Conmigo, la muerte. Su muerte.
Pero bajó, y eso es lo que importa.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Ni la leve desilusión que esa voz en el teléfono pertenezca a otra persona, distinta a la que voló por la línea hasta mis pensamientos. Ni que en mi infancia no me hayan dejado tomar de pico de la botella. Ni que nunca encontré un trébol de cuatro hojas o un as de espadas; pero sí 5 centavos cuando me faltaban 10 para el colectivo. Ni que he comprado anillos hermosos que jamás he usado. Ni que los secretos hasta y el desafío de contarlos y pedir que tampoco sean guardados siempre me pareció estúpido. Ni que soy sensible a los videos de música, los perros rengos y el sonido de un tenedor arar un plato. Ni que me enceguezco hasta recordar esa palabra que no me acuerdo. (¡Coincidir! ¡Ésa era!). Ni que nunca leí a Nietzsche. Ni que detesto tener sólo el recuerdo de la siesta. Ni la resignación idiota -que como todas las resignaciones, reflejan el costado más miserable y haragán de un ser humano- a que mis suspiros sean monopólicos.
Nada de eso me impedirá escribir en este blog.