miércoles, 10 de junio de 2009

Juan

Juan se despertó a la mañana temprano. Ya había dormido lo suficiente. Fue al baño, porque tenía ganas de hacer pis. También se lavó la cara, semidormido. Desayunó un café con leche con pan con manteca. Eso es lo que le gustaba desayunar.
Luego fue a trabajar. Era su obligación de todos los días para a fin de mes obtener el dinero con el que mantenerse.
Tomó el subte, sin duda la vía más rápida y sencilla para llegar a su trabajo.
Allí realizó lo de siempre: algunos menesteres que le ordenó su jefe, llamados, formularios. Ese era su trabajo.
Finalizada la jornada, retornó a su casa, como casi todos los días.
Volvió a tomar el subte. Mientras lo esperaba, compró una revista porque le gustó, en un kiosko de revistas en la estación. Llegó a su casa. Le dolían los pies, así que se sacó los zapatos. Leyó la revista. Se hizo de noche y se preparó la cena. Tenía hambre, así que comió rápido.
Miró un poco de tele, porque estaba aburrido.
Se acostó en la cama. Estaba cansado.
Y todo perdió sentido cuando empezó a soñar.