viernes, 23 de octubre de 2009

Desde la trinchera. (Ejercicio I)

Yo no debía estar acá y si escribo esto es porque espero que alguien llegue a leerlo, y sienta este miedo, esta desolación y este dolor y que pueda percibir el sabor de la muerte inminente tal como yo lo estoy sufriendo ahora, porque nunca entendí bien lo del número bajo, pero yo estoy acá, con las botas agujereadas y el barro entrándome en los pies y las manos lastimadas y la espalda cansada, cargando un uniforme que me queda enorme, una mochila con elementos de supervivencia elegidos por un asesino, seguramente, no sé, y pienso que si alguien llegara a leer esto y pudiera decirle a mi vieja que no llore, que no la pase mal, que el destino de cada uno está escrito y que por más que yo ahora, a esta hora, debería estar entrenando en mi bici, o tal vez tomando unos mates en mi casa y el barro de mis pies debería ser el barro de las calles de mi barrio, por más que todo eso, estoy acá, en una trinchera, cagado de frío, cagado de miedo, cagado de hambre y cagado encima, porque el panorama no es ni siquiera simpático y si tal vez no hubiese sorteado, estaría jugando otra batalla, una que tenga que ver con mi futuro, no con este escenario y ya me imagino mi foto congelada en el tiempo, entre un montón de otras fotos de pibes que se murieron y así me van a recordar, mientras yo en realidad lo que quería era que me recordaran no sé, en un podio, ganándome el oro en alguna olimpíada, o recibiendo una bici de alguna fábrica suiza, o firmando un contrato para una publicidad de una afeitadora, o no sé, entrando en el Guiness por ser el primer argentino en ganar el tour de france o alguna pelotudez así, y no. Estoy acá y mi entrenamiento diario es soportar los misiles estallando desde el océano, andar durante kilómetros peleando una batalla que no elegí pelear, levantando una bandera que seguramente envolverá mi cadáver y llorar como un puto, a escondidas, porque mi vieja ni se debe imaginar todo lo que estoy pasando y todo lo que la extraño a ella y a mis hermanos. No voy a recorrer el mundo con mi bicicleta y eso es lo que más me duele, porque me ilusioné con eso desde que el día en que el viejo me empezó a entrenar y ahora todos esos sueños van a quedar enterrados acá, al menos hasta que encuentren mi cuerpo, con los ojos abiertos, tirado encima de una mezcla de barro y sangre. Y mis amigos van a llorar y van a decir que era tan bueno y la puta que lo parió, son todos putos que no se animan a decir que siempre fui un hijo de puta, que me cagué en todos ellos, porque lo único que quería era entrenar como un pelotudo, que nunca me prendí para salir de kurda con ellos, que nunca me copé con fumar porro con ellos y que mientras se comían un asado un domingo, yo les decía que no podía porque tenía que entrenar y de mí sólo tienen una vaga idea, que tiene más que ver con quien era yo cuando era chico que con quien soy ahora, o mejor dicho quien habré sido, a como están las cosas ahora, que estoy más cerca del pasado que del futuro y me hubiese gustado darle unos besos a Laura antes de despedirme, pegarle una cogida, capaz, y si me estuvo esperando, si de veras me estuvo esperando, como me dijo en la última carta, ojalá Dios quiera que encuentre a alguien que la ame y la sepa cuidar y le dé todo lo que se merece y si hay algo del otro lado, capaz yo la pueda cuidar desde ahí también, no sé ahora que todo es nada, que aquí voy a morir, quiero desprenderme de todo rencor, pero me da por las pelotas pensar que el zurdo Iturraspe termine teniendo el sponsor que iba a ser para mí, o que mi bici termine en un galpón, oxidándose. Igual, más oxidada quedará mi foto.