domingo, 4 de octubre de 2009

Suena un dvd de un hombre vestido de jean y remera azul

Estabas tan linda ayer. Yo te miré y no te diste cuenta. Te ví, te miré, te miraba y vos seguías así, con el sol de octubre pegándote en la cara, con los ojos empapados, mirando la nada. Te seguí y no te percataste. Y te miraba, y te miré cuando bajaste del colectivo. Y estabas tan linda, con el pelo suelto y las pestañas abiertas, todavía húmedas, caminando entre la gente, esquivando peatones y mirando vidrieras al mismo tiempo. Y te quería abrazar, te quería besar, me moría de ganas, pero preferí seguir siguéndote. Preferí seguirte y te seguí. Y masticabas furia en silencio, con fuerza, como quien masca una hoja de coca y se sigue llenando el buche hasta que ya no entre más. Y caminabas rápido y mirabas tu reflejo en las vidrieras y te peinabas el pelo y estabas tan linda y yo quería abrazarte y vos caminabas y caminabas. Con dolor en los pies, caminabas y caminabas con pisadas fuertes, pero sin dejar huella. Y hablabas por teléfono y estabas en otra parte, y volvías con apuro y sin ganas y pasaste la noche en ese bar y yo te miraba, miraba tu ceño fruncido, el dolor en tu piel, tus miradas de ausencia y veía las palabras que eran la tinta para el papel de tu furia y la eternidad cronopia o el calendario fama y la madrugada con volutas y alcohol y vos no me mirabas, no te dabas cuenta que yo estaba ahí, observándote. Fuiste mi presa más deseada; durante horas se me hizo agua la boca al mirarte. Pero seguí mirándote y vos seguiste ignorándome. Y llegó la mañana y un baño tibio antes de ir a la cama desnuda y estabas más linda todavía y yo te miraba y te dormiste menos triste y te despertaste en la tarde y caminaste por San Telmo y yo te seguía y vos todavía tenías el pelo húmedo y caminabas y yo te miraba y volviste a la cama un rato después y yo te miraba y después de hacer el amor seguías estando linda, o más linda aún, con el pelo hecho un solo de saxofón y la espalda transpirada y yo quería taparte para que no pases frío y vos sonreías de placer y olías a sexo fresco, a lujuria reciente y a bebé recién bañado y jurabas amor eterno en el medio de una pequeña muerte y quiero darte mi vida y casémonos en Uruguay. Yo me reía de lo que decías y te miraba con ternura y te acariciaba el pelo, qué largo y lindo que lo tenés siempre y te mordía el cuello y no te dabas cuenta que yo estaba ahí, mirándote. Y "Mis fotos entre tus libros. Tus dibujos entre mis discos. Somos tan Radar", un haiku de intimidad, una vasija milenaria conservada envuelta en lienzos. Y yo no puedo creer que estés tan linda, que cada vez estés más linda, más grande, más bella, más sabia y más más. Estás creciendo tanto y me enorgullecés todo el tiempo y caminás fuerte, aunque te duelan los pies. Y después fuiste a comprar algo rico para comer, porque yo sé bien que te gusta comer algo rico después de hacer el amor y después de comer, una película de domingo en el cable y sos tan chiquita que lloraste al final y yo te entendí y estabas envuelta en esos brazos que no son los tuyos, pero te pertenecen y entendí tu dolor y tu pena y tu pena y ahí me viste y yo te abracé, y te abrasé y te encendiste y suspirabas y yo te juraba que todo iba a estar bien y vos llorabas como quien se desprende de vieja ropa guardada en el placard y yo te decía en voz baja que vas bien y que todo es aquí y ahora y después vos escribías y yo te miraba y hay una versión en piano de este tema, por Thom Yorke, que de es la hostia.