domingo, 22 de noviembre de 2009

Te dejé algo de flan en la heladera, cielo.

Cuando hablan de buchones cobardes, la imagen que acompaña esa definición en mi diccionario interno es la foto de mi hermano. Desde que le contó a mi vieja que a mí me gustaba Martín de quinto grado, la relación con él nunca fue la misma. Aquí iba a citar a un escritor inglés, pero ese cliché, como el cliché de desenmascarar clichés, me dio picazón. Como esa vez que le escribí un correo hermoso a un novio y me contestó “qué lindo, besos”. Hay una escena de Corazón Salvaje, genial. “Fuck me, fuckme, just say it”, le dice el malo. “Fuck me”, accede ella. “Not right now, baby, I got to go”, o algo así le contesta él, y se va de la habitación. Me gusta ese actor. También está en Spider Man. Cuando salió Spider Man, fui dos veces a verla al cine. Tengo otra película a la que vi diez veces, mínimo. Entonces dejé de contar. Es divertido repetir una palabra, hasta que pierde sentido. Sí, lo sabemos. No estoy desnudando nada. Todo un caso es el que se da cuando alguien estornuda varias veces. En situaciones como esa, me veo en el terrible dilema de decirle “Salud!” por cada vez que estornuda o cuando termina. A Tebi le daba alergia al despertarse y a la vez número siete que le dije salud, le avisé que ya no se lo diría nunca más. Algunos meses más tarde dejé de verlo. El año pasado me enteré que fue abuelo. ¿Yo seré abuela? Todo el mundo se queda en el debate en la maternidad o no. La abuelidad es algo tanto más terrible. Nieto mío, todo esto será tuyo algún día. Pero nunca me verá en batón, sentada en la vereda, esperando a su madre. Eso lo puedo asegurar. Lo inesperado de hoy: ver caminar a un desconocido, con andar parecido a un conocido, con un pantalón descocido. Ah, no, a mí con crucigramas no. A mí me gustan las sopas de letras. Tienen algo de resuelto que me aporta tranquilidad. Porque si hay algo que no soporto es no encontrar algo que busco. No hablo del futuro, no hablo del porvenir: a mí lo peor que me podría pasar es que sean las seis menos cuarto de un domingo electoral y no saber dónde está mi DNI. Por eso, cuando era chica quería ser de esos famosos que dicen que cuando eran chicos querían ser astronautas. La televisión nos hizo mierda. No hubo pétalos de rosas en mi primera vez y eso fue algo terrible. Peor aún es que en el verano nunca voy a una casa en la ribera. Gol de Boca. Mi madre cuelga una bandera en la terraza. Al rato pasa un colectivo con hinchas de River. Esa fue la primera vez que tuve miedo. Fui es el pasado de ser y de haber ido. Me gustan esos shortcuts del idioma. Como encontrar, que es una palabra de doble mano. Quien lo programó debe haber sido un psicópata. Limpia, fija y da esplendor. Había. Hubieron. Habemos. Ya conocí dos Papas y recuerdo cada mundial desde el del 90 para acá. Bien. Pero alguien que nació en el 2000 ya va a la escuela, mira tele y se ata las zapatillas by him self. ¿Quien dibujará las manos de las instrucciones de uso? Ya estoy grande como para aprender a manejar. Cecilia dice que se duerme siempre que ve una película. Y si no fuese por las posibilidades tecnológicas actuales, tranquilamente su vida podría titularse “la triste historia de la chica condenada a no conocer los finales” y su vida sería un interrogante eterno. Jamás leeré un artículo periodístico que en su titular contenga la palabra “esperanza” o verbos en gerundio. Imberbes. Insultos eran los de antes. Algo así debiera ocurrírseme en pequeñas contiendas fútiles que atravieso frecuentemente. Contestataria será tu hermana, imbécil. Mire, anoté esta frase suya que me encantó: “mi alegría mayor es ver vacío el canasto de la ropa sucia”. Una amiga tiene un libro mío desde abril. Todavía no me contestó el mail que le mandé pidiéndoselo. Dentro de algunas semanas, esto me inquietará en el momento justo en el que estoy por dormirme. Tome dos días de litro por agua. No tengo una foto con mi familia, alrededor de una torta de cumpleaños, levantando una copa y sonriendo a la cámara. Pfff es sin duda mi onomatopeya preferida. “El movimiento se demuestra andando”, con la voz de Lalo Mir, y yo tenía mi bolsita del jardín de infantes. ¿Entonces, los enanos vendrían a ser los actores de la representación del jardín de infantes? Mi primer amigo se llamaba Eloy. Era rubio y de ojos celestes, pero tenía pinta de preso portorriqueño en una cárcel norteamericana. Siempre me llamó la atención por qué en las películas, los manicomializados siempre se excitan al pensar en el acceso a sus informes profesionales. A veces creo que le caigo bien a mi psicóloga. A mí ella me cae bien porque es la primera vez que tengo una con nombre de hija. Las anteriores tenían nombre de madre. Para mí el mundo se divide entre los que tienen nombre de hijos y los que llevan nombre de padre. Nadia nunca podría ser madre. Nélida nunca podría ser hija. Quiero que mi nombre sea esa palabra que nunca te acordás. Así cuando te viene, tenés esa sensación tan de chasquido de dedos. Algarabía. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. La televisión francesa es insoportablemente educada. Qué raro se sienten los besos en la mejilla izquierda. Quiero hacerme habitué de la oficina de correo de mi barrio. Me encanta responderle “Nueva Zelanda”, cuando la empleada me pregunta a dónde va mi carta. De todas las faunas humanas, las de los estudiantes de psicología, los aspirantes a actores y las madres a tiempo completo deberían extinguirse pronto. ¿Qué hora es a todo esto? A cada fiesta que eran invitados, Federico y Nicolás llegaban primero y eran los últimos en irse. Federico expuso sus obras en el Centro Cultural Recoleta. El pan relleno nació en Plaza Francia, a fines del siglo XX, contarán los historiadores culinarios dentro de muchos lustros. Me encanta la de porquerías que venden de manera ilegal, en el suelo de la calle Florida. Por ahí anduvimos en patines con Cintia, cuando todavía éramos compañeras en la secundaria. Anoche soñé que andaba en patines. Como Juan, que tenía un perro que se llamaba Pirata. La gente que le pone nombres predecibles a sus mascotas, merece el apedreo público en la Plaza Mayor. ¿Quién te has creído, Michel, para sacarnos ese gusto? Patines o bicicleta, subte o colectivo, escaleras o ascensor. Dicotomías en el mundo del transporte. Tengo ganas de cantarle el felíz cumpleaños a alguien y por lo pronto no tengo a nadie agendado. Los integrantes de comunidades de compra venta por Internet me resultan extrañamente parecidos a los seguidores de programas nocturnos de radio AM. No soportaría vivir en este mundo con un apellido común. Tampoco si tuviera que deletrearlo cada vez que lo pronunciara. O si cuando dijera de dónde soy, me comentaran que conocen a alguien de ahí, que se llama tal, que capaz lo conozco. En los manuales de un buen hablador por teléfono, debiera indicarse que quien llama es quien debe identificarse. No quien es llamado. Por mucho menos, puedo borrarle la dentadura a alguien. Bueno, exagero. Tal vez le pegue un pisotón a propósito y actúe un “fue sin querer”. Oui, je sais, laisse tomber.