viernes, 5 de marzo de 2010

estúpida película

Desde que empezó el mundial que estamos con este rito. Alquilar una película para mirar después del partido. Como terminan a la madrugada, terminamos desvelados en el sillón pulgoso que hay en la sala que vendría a ser un comedor, o lo más parecido a la normalidad en este caótico tugurio de Palermo. Me encanta el espíritu malevo de este barrio. Me encanta despertarme en el departamento que alquilo con dos casi desconocidos y desayunar abajo, en la casa tomada. Me encanta el almacén de José y me encanta cuando estamos trabajando todos juntos, cada uno en su obra y voy a comprar los siete sánguches de milanesa al Farolito de Salguero. Me encanta el pasillo largo que va a mi departamento, porque ahora vivo en un departamento. Y me encanta saludar a las mellizas de la encargada cuando las cruzo en la escalera, saludan a coro y con una sonrisa de maldición angelical. Y me encanta que hoy Mariano alquiló 1984. Y me encanta que comamos fideos fríos que flotan como pescados en una olla gigante. Y me encanta que seamos tan sudacas y estemos acá, cagados de hambre pero contentos. Y la odio a Angélica, pero me encanta que todas las mañanas mientras pinta, canta tangos. Y a mí el mundial me chupa un huevo. Lo único, la inaguración fue muy linda. Pero estos chinos son una cosa de no creer. Y no tendré trabajo pero tengo un marido. A Esteban tampoco le importa el mundial y a mí me encanta que no le importe. Y me encanta que me encante que no me importe el mundial. ¿Y la vieja dónde mirará el partido? ¿En la clínica? ¿Los dejarán mirar el partido? Igual, a la noche todos los pacientes están dormidos y ella siempre mira tele, entre ronda y ronda. Pero ya no la extraño. No. Y no quiero ir a mirar el partido. Suena Alas, de Cabezones y me mola encerrarme acá, a escuchar ese y el compilado, que tiene una versión de un tema de The Cure que me mata, me mata, and softer than shadow and quicker than flies his arms are all around me and his tongue in my eyes y me imagino en un video de Linkin Park, vestida de negro, con el pantalón de los bolsillos grandes, el que llevo siempre a Cemento, con las botas con plataforma negras y la cámara me enfoca y hay un asistente atrás de la cámara, siguiendo mi mirada con un ventilador y el pelo -largo, muy largo y negro- se me vuela. Si tan solo me creciera más rápido. Capáz que si le hago un corte, lo ayudo a creecer más rápido, por más de que ya lo tengo bastante corto, pero un poco más, le doy más forma, a ver ahí, o es mucho pelo, no, a ver cómo quedaría si me lo corto ahí, no, uh, uy, uy qué cagadón me hice. Qué cagada me hice en el pelo. Otra vez. Otra vez me corté el pelo. Otra vez me voy a tener que llenar de hebillas y mierdas para disfrazar esto. Otra vez, carajo, la última vez dije que nunca más. Otra vez con las vinchas y la puta madre. Puta puta puta madre. Hola, ah, ya empieza? Sí, sí Marian, ya bajo. Puta puta puta madre. Ahora qué carajo, qué carajo hago, otra vez con la cabeza hecha un desastre, soy un desastre, qué más tengo que hacer. A ver. Unos clips. No. Bueno. Bueno, ya fue todo. Voy así y a la mierda. Qué me van a decir. Si no me dice nada Esteban cuando llegue, ya está, zafé de comerme una gastada otra vez y listo. La última me largué a llorar como una idiota porque me trataron de limadita. Yo no creo que porque me ahorre los diez pesos que puede salirme un corte, sea una limadita. Pero capaz que ni se dan cuenta, porque voy a entrar por atrás y me voy a acomodar por ahí y seguro está todo apagado y con la luz de la tele, dibujándonos sombras en las caras, ni se va a notar. Sí. Ya está. Mañana me armo alguna vincha para pilotear esto y a la mierda. Uh, estos cerraron con llave. Carajo, voy a tener que tocar el timbre. Espero que no venga Angélica.
-¿Quién es?
-Angélica, soy yo, Laura.
Fue un instante. Apenas abrió la puerta, sin anestesia, sin prolegómenos y sin mostrar siquiera el fulgor de su espada, me dijo
-Te cortaste el pelo. Te queda lindo.
Y saqué la pierna que metí en la casa, pisé la vereda, y volví por el pasillo, totalmente convencida de que en algún otro momento, alquilaré 1984 y de que Angélica es una puta.