viernes, 30 de julio de 2010

declaración de amor eterno o alguna pelotudez semejante

no sé por qué amo mi casa, yo creo que todo el mundo ama su casa, le gusta, le pone la lechucita que le regaló el tío antonio, traída de Bahía Blanca, el cuadro de cuando el sobrino debutó en el club del barrio, le compra tazas de boca y un sillón violeta, que va a ir con esa lámpara naranja que mamá dejó en la casa de la abuela
no, yo amo mi casa y no tiene nada de eso
mi casa es un parque de estímulos visuales, tengo una virgencita del tiempo, un cubo rubik, un sticker de una tortuga en la cocina, una bola 8 mágica, un paraguas chino, es una locura, esa casa, por dios, no te puedo explicar lo que es, te volves loco, te volves loco
no, yo amo eso, sí, pero no debo ser la única que llenó de chirimbolos el bulín para que sea una tienda kitch, lo sé, esto es ser parte de una logia bastarda que sólo unos pocos saben apreciar
no, en realida, yo creo que amo que mi casa esté en una calle empedrada
por ejemplo
porque resbala las gomas los días de lluvia y acompaña con un murmuro cada paso de un auto
amo el sonido de las uñas de los perros cuando pasan por la noche

o, me gusta cuando bajo del colectivo, camino esas dos cuadras y siempre el mismo panorama, ellos están ahí, con un grabador re pulenta, escuchando cumbia o rocanrol
eso, sí,
amo que tenga una esquina con pibes fumando
las esquinas con pibes fumando son espacios en extinción y alguien debería hacer algo
porque no hablo de la legalización
hablo de la pérdida del hábito, la anulación del ritual compartido
entre la generación de mi hermano y la mía, las sociedades artísticas nunca superan el miembro
hace diez años, él estuvo en un proyecto colectivo que incluía unas 15 personas de distintas disciplinas
hoy ¿cuántos buses de cargan ideas? ¿cuántos troles llevan ideas en conjunto?

amo que esté en el piso más alto, porque puedo ver más cielo
porque mi cama apunta al sur, y mi luna y mis nubes son las mismas que miran en Avellaneda, Quilmes, quien te dice La Plata.
porque veo pasar aviones y yo me acuerdo que quiero estar en uno

amo que sea tan chota, que las cosas se rompan y me las tenga que ingeniar
porque no sé para qué demonios me compré un destornillador phillips, pero el día que me toque usarlo, voy a estar muy orgullosa de mí
porque no tengo gas y me cago de frío y hasta hace poco no tenía ascensor ni portero eléctrico, pero te juro que es la cueva más linda que ví en mi vida
con la canilla que hay que apretar fuerte; con la luz de la cocina que no anda
la amo así como es

amo que tenga una ventana enorme
y amo ver la lucha increíble de la luz, que no cesa la pelea contra la capa de mugre que envuelve mis vidrios

amo que mi casa tenga un gato
o un gato tenga a mi casa
porque ¿quién era que hablaba de las cosas que no es que uno las tenga
si no que las tienen ellos a usted? creo que era Cortázar, en Cronopios y Famas, sí
(para mis adentros pienso que alguien un día va a leer eso último y va a ir al puesto 96 del parque rivadavia, o cualquiera similar dentro de cincuenta años y va a preguntar si tienen "Cronopios y Famas" de Cortázar y el tipo le va a decir que no. O va a ver que se vende sólo en Rosario, como me pasó a mí con Reunión en el Restaurante Nostalgia, que lo recomienda este flaco, el de Alta Fidelidad, pero en 31 canciones, Hornby. "No, Cronopios y Famas, no".
y no es que yo tengo un gato
ni tengo un gato en mi casa
el gato me tiene a mí y a mi casa
eso es lo que me fascina
cómo algo tan chiquito, puede poseer tanto
al mismo tiempo, que, claro, elucubro la manera en la que el gato me pague una parte del alquiler,
como sea, amo mi casa porque tiene un gato

amo mi casa porque me enseñó a caminar sola, a arreglar y cerrar y firmar, y acordar
y a pagar un alquiler en tiempo y forma
con una taza de té en una mano y una masita seca en la otra


amo mi casa porque tiene una salamandra


amo mi casa porque me quiso siempre,
de fiesta, o triste,
rota o arreglada
mi casa me quiso dormida y amargada
y parada y sentada
apurada y tarada, tarada, tarada
mi casa me quiso con lágrimas, con sangre, con sudor, con sexo,
con amor, con bronca,
siempre me esperó, para cagarnos de frío juntas

amo mi casa porque es mi casa, y la amo porque es mía y la alquilo, pero es mía
por eso la amo, porque mi casa ya no es más la casa de alguien más también,
es mí casa, por eso la amo, sí

jueves, 29 de julio de 2010

un nuevo acorde

Cómo me gusta cuando abre la puerta y entra. Se me llena la casa de ella. Cuando empiezo a escuchar su llavero, me convierto en un gato, que espera su llegada, que espera su caricia, su presencia. Y cómo me gusta que haga siempre lo mismo. Su ritual habitual es mi delicia. Siempre el mismo mecanismo. Varía el vestuario, pero los diálogos y el escenario, son siempre igual. Llega, abre la puerta sin vacilar, porque apenas sale del ascensor ya tiene la llave preparada. No es como yo, que me atormento en la puerta, lidiando con la certeza de que perdí las llaves, hasta el momento mismo en que abro la puerta. No. Ella las trae en la mano y abre directamente, de un solo intento. Ganaría un viaje a Bariloche en Feliz Domingo, sin ningún problema. Abre, dice "hola amor", cierra y sube las escaleras. Abre la puerta, da su buenavenida. "Hola amor". No me llama, no pregunta si estoy y nunca cambia el tono en su anuncio. ¿Sabrá que estoy cuando dice "hola amor? ¿O será que dice "hola amor" porque esta es la casa en la que nos amamos? ¿saludará igual si no estoy? Entonces cierra y sube las escaleras. Y sube de un saque. No hay dudas en esa subida. No hay pesadez en sus pasos. Sube como un rayo. Y sacude las llaves en su mano cuando sube las escaleras. Las tuvo presas entre sus dedos antes de abrir, las libera en su mano mientras sube la escalera. Y ahí, cuando yo la puedo ver, antes de venir a mí, siempre hace eso que me vuelve loco. No sé si es el orden o la sensualidad de sus movimientos, pero me vuelve loco. Deja las llaves, se saca los zapatos y se saca el saco, siempre de abajo para arriba. Creo que eso es lo que me inquieta. Que se desprenda los botones de abajo para arriba. Cuando se saca las camisas hace lo mismo. Desactiva los botones de abajo para arriba. Tal vez porque su mejor secreto son esos lunares en el pecho, entonces los preserva lo más posible. Nunca los desnuda primero. No. Hace rogar esos lunares. Siempre desenlaza los botones de abajo para arriba. Y lo hace como si no lo hiciera. Me pregunta qué hacía y yo no puedo contestar esa pregunta ni ninguna otra mientras ella está desabrochando esa prisión que encierra su piel, de abajo para arriba. O es el pelo largo, siempre suelto, siempre ordenado. Ese pelo parece un ejército de niños bien disciplinados, que juegan en el recreo sin correr, que saben que en breve harán fila para volver al salón. Sí, debe ser el pelo. Siempre que vamos caminando, me gusta ver cómo esos hilos se mecen como en una hamaca paraguaya vertical, al son de su taconeo. Es el pelo, es el pelo y yo creo que son los botones. O es la manera que desabrocha su saco de pana gris, o la forma en la que se libera de la bufanda y yo creo que es el pelo. Toda su presencia es una distracción. Tal vez no sea ni el pelo ni los botones. Tal vez sea el perfume que me deja cada mañana cuando se va. Ese perfume que pondría celosa a cualquier mujer, si ella fuera mi amante. Ella estuvo acá, y encima hace poco, pero estuvo acá, puedo sentirlo, puedo sentirla todavía. Ella no se va hasta que no se va su perfume y encima, cuando su perfume se está yendo, ella taconea desde el pasillo, con la llave en la mano y abre la puerta y dice "hola amor". Sube las escaleras, se desabrocha el saco de abajo para arriba. De-abajo-para-arriba. Y me pregunta cómo estoy, qué estaba haciendo. Y yo qué sé qué estaba haciendo, si ahora no puedo más que hacer lo que pueda, con vos invadiendo mi casa, tirando tus zapatos, soltándote de una bufanda. Y yo qué sé qué estaba haciendo si ahora lo único que puedo hacer es pensarte desnuda en mi cama, y que me sonrías. Porque si algo tiene de bello es lo auténtica que es para hacer el amor. Ella no aprendió a hacer el amor mirando películas porno. Ella no pone cara de actriz de película porno cuando hace el amor. Ella sonríe cuando me hace el amor. Creo que la primer noche que pasamos juntos, supe que iba a estar con ella toda la vida porque no gemía como gimen todas las mujeres con las que hice el amor. Ella sonreía y se reía y me acariciaba y se movía como un gato, como un gato jugando con un ovillo de lana, se estiraba, se balanceaba, se mecía. Y sonreía. Y me pregunta cómo estoy y yo quiero verla desnuda, ya, pronto, la quiero con sus lunares a punto de tirotearme y sonriendo. Quiero cubrirla de besos, quiero morderle el cuello, quiero apretar su cuerpo contra el mío, quiero arañarle la espalda y que ella me la arañe a mí, me muerda, me tire del pelo. Ahora, ya, es urgente. Y así llega a mi casa, con tal impunidad. Yo me olvidé qué estaba haciendo cada vez que la ví llegar. Su llegada me cura del espanto, de la soledad. Para mí el tormento es escuchar el ascensor, que llega hasta mi piso y que no sea ella. Eso es el tormento. Es tal el dolor que cuando siento que es ella que abre la puerta con la llave certera, siento que descansan todas mis defensas. Esa misma noche, después de verla sonreír, después de que me abrazara para dormirse, cuando despertamos y yo subí la persiana, miré por la ventana, completamente conmigo, y me dí vuelta y encontré sus ojos buscando los míos, supe que ella me había venido a buscar. No había más alternativas. Ella me había venido a salvar. Supe que ella era y estaba para mí. Y que ya no iba a sentir más pena, porque estaba ella. Ella, sus lunares y sus botones. Ella y sus zapatos. Sus anillos y sus aros, su perfume y sus libros de economía, ella y su encanto por los jazmines; ella y su odio a los subtes; ella y su risa; ella y sus estornudos estertóreos. Ella y su gata venían por mí. Ya no tendría que esperar más por nada ni por nadie, porque ahora estaba ella, que todas las noches me esperaba con una sonrisa en la penumbra y con su piel y su perfume preguntando por mí. Y ahora abre la puerta, mirala, es ella, es tan linda, tan mía, tan pura, tan ella. Sube las escaleras, viene hacia mí. "Hola amor". Ahí está su perfume. Se estaba escapando y ella lo volvió a encerrar en mi casa. Cerró la puerta y sube las escaleras de un sacudón, no arrastra los pies ni sube de a poco. Por más cansada que esté. Sube de un saque. Hace lo mismo cuando las baja. No las baja de a poco, las baja de un tirón. Sube rápido, deja las llaves, y la delicia de sus dedos bailando un tango con sus botones. Me clava esos ojos, con su perfume como un cuchillo para mi cuerpo y yo no sé más nada del mundo.

-Hola amor. ¿Y? ¿Novedades? ¿Qué tal te fue con el médico?

domingo, 18 de julio de 2010

un acertijo en una lengua muerta

Últimamente Gonzalo me pregunta preguntas extrañas. Siempre cosas sobre los chicos; siempre raras, intrigantes. No sé si es el tono de su voz en el teléfono o si con los años nos perdimos las frecuencias, pero siempre me deja pensando un buen rato cuando me pregunta algo. Esta tarde, cuando le contaba que salimos a comer por el cumpleaños de la nena, me preguntó si hoy le había olido la cabeza y si el olor de su pelo era parecido al del hermano. Me dejó pensando, el hijo de puta. Y lo mejor de todo es que después la sigue como si no hubiese pasado nada. Y yo me acuerdo que cuando subimos al colectivo, nos dieron un asiento y yo la agarré a ella y ella supo acomodarse bien, comodidad x 2 asegurada, sus rodillas en el límite de mis piernas, asegurándose con fuerza, su brazo engarzado a mi cuello, casi distraída, casi para mí, y me acuerdo de su pelo haciendo un velcro con mi barba de dos días y me acuerdo de haberla olido hasta bajar del colectivo, pero no recordaba ese olor, y nunca lo había comparado con el del nene y nunca recuerdo el olor de las cabezas de mis hijos hasta que las vuelvo a oler, ahora-que-me-doy-cuenta, y entonces me resultan conocidas, pero hasta entonces no recordaba con quién tenía que encontrarme al olerlas. Y ¿cómo puede Gonzalo saber eso, preguntarlo para exponerlo y luego continuar con un así que en Buenos Aires hace mucho frío, leí en el diario. Lo más grave es que yo pestañeomiroaunladomiroalotropiensounsegundounsegundomedespienso y digo sí, mucho frío, no sabés lo que es. En la casa de Nora, me dijo hoy, que no le salía agua de las canillas, de lo congelada que estaba. Y decí que acá nosotros tenemos buena calefacción, que si no. Y a mí me llama la atención que me pregunte cosas raras. Sobretodo últimamente, que parece que le empieza a hacer ruido la campanita del número redondo. Si cada vez que hablo con la madre, me dice que todavía espera que le dé un nieto. Un nieto, le pide la madre. El otro no le da ni una novia y ella le pide un nieto. Sí, pero vio como es esto, él tiene una carrera con la música, y eso es un matrimonio artístico. ¿Matrimonio qué? Yo lo único que sé es que mis amigas de la Iglesia se juntan en la Plaza con sus nietitos todos los domingos y yo no voy porque me cansé de no llevar nunca un nietito. Encima, con lo que te mezquinan los nietos, las hijas de puta. Bueno, yo le voy a decir cuando se conecte, que usted le manda saludos. Y un nietito. Sí, un nietito también le voy a decir.

No, Gonzalo, son los dos diestros, ya te dije la otra vez. Emmmh, no preguntaron qué es la muerte todavía. No, nunca les dije nada. Ah, mirá vos. Me la voy a comprar, entonces, cómo dijiste que se llamaba? Enciclopedia sobre la Sexualidad, es algo como un manual? Bueno, pero la nena tiene 10 y el nene 9, no te parece que es un poco pronto. Ah, leíste eso. Bueno, gracias por el dato. ¿Eh? Ah. No, nunca vieron un oftalmólogo, pero están bien, ven bien. Te digo que ven bien. Pero dejate de joder, che, si no hay antecedentes de Daltonismo en la familia.

Gonzalo me parece que te pasa algo, mi viejo. Mirá, últimamente me preguntás todas cosas raras, loco. No puede ser. Daltonismo, me decís, que la tengo que revisar por si tiene Daltonismo. ¿Pero qué te pasa? No te parece que yo podría haberme dado cuenta ya si tiene Daltonismo, o si el nene es enano? Si está enferma de un mal incurable, de posibilidades de 1 en un millón; si son zurdos, si tienen una pasión oculta con el oboe, o si son potenciales conductores de Fórmula 1. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Tenés ganas de sentar cabeza? Si siempre dijiste que eso no era para vos. ¿Por qué tanta curiosidad de repente? ¿No estás haciendo la mosca con el bandoneón? Y entonces, ¿qué es? Pero claro que la vida no es fácil, a cada uno le toca un cachetazo más o menos fuerte para aprender a vivir. Bueno, sí, nosotros la peleamos y seguimos adelante. Sí, te escucho. No, no me acuerdo. Ah, sí. Sí, ella entró en 3º año, a mitad de año. Sí, que se hizo amiga de Ana María Terfi y Mariela Palacios. Sí. Ah, sí, vos tenías un metejonazo con esa flaca... Ah, no, no sabía que había pasado nada. !¿No me digas que te contactó? ¿Por Facebook? ¿En serio? ¿Está buena? ¡No te la puedo creer, después de tantos años! ¿Y qué te dijo? Ah, sí. Sí. Pará, ¿esto cuándo fue? ¡¿Hace tres meses?! Ah, te lo tenías bien guardado, eh. ¿Y qué te dijo? ¿Qué? ¿Eh? ¿Vos me estás hablando en serio? Y pero cuántos años tiene. bz0ch0y0ch0,bsmellevocu4tro. Ah, sí, dan los números. ¿Y cuándo venís a conocerlo? ¿Qué? ¡¡¿¿Pero vos sos pelotudo??!! Cómo no lo vas a querer conocer, boludo. Pero che, qué te pasa, decime vos estás loco. Un hijo es lo más grande que hay. No importa cómo, es el sentimiento más noble. Vas a abrazar a un pedazo de vos que ahora es otro! ¡Y todo un otro! Gonzalo, llama a esa flaca y decile que vas a venir a conocerlo. Ya mismo hacelo. Vení y yo te acompaño Gonzalo. Gonzalo, no, no va a ser daltónico. Y si es daltónico, vivió toda su vida así, y llegó hasta vos, no está nada mal ni tiene nada extraño. Al contrario. Bueno, pero suspendé una gira, pateala para más adelante y vení a conocerlo. Aunque sea hacelo por el pibe y después ves qué te pasa a vos con eso, pero vení a conocerlo, te digo, que es lo más grandioso que vas a experimentar. Gonzalo, vas a olerle la cabeza a un ser que alguna vez fue una gota de placer y ahora es una persona. Gonzalo, calmate. Yo te voy a acompañar, si querés te aguanto en la puerta, pero hacelo. Bueno, loco, yo siempre te entendí desde que eramos pibes y vos te fuiste a pasear por New York con el bandoneon y 200 dólares y me plantaste a mí cuando íbamos a hacer socio juntos. Vos me plantaste y yo me la banqué y me banqué tu sueño de la música y la bohemia, mientras yo pasaba el verano estudiando. Yo me banqué que no vinieras a mi casamiento porque los acontecimientos sociales que el sistema impone para que nos divirtamos obligatoriamente no van a contar nunca con tu presencia; yo me banqué que en lo mejor de nuestra amistad vos decidieras irte a Nueva Zelanda de gira con un grupo de teatro. ¡Con un grupo de teatro, Gonzalo! Yo estaba bautizando a la más grande y vos estabas haciendo la ser o no ser en Nueva Zelanda, Gonzalo. Y ahora me preguntás cómo es tener un hijo. Bueno, andá y tenelo. A ver qué se siente, a ver si así me podés entender, a ver si así me dejás de mirar desde arriba. Andá y tené un hijo. Y bancátelo si tiene fiebre, si te rompe la camisa cuando le hacés upa, porque se prende del bolsillo. Y bancátelo si un día viene y te dice que para qué lo trajiste al mundo. Andá, tené un hijo y a ver si alguna vez me traés un libro de diseño o de música copado, y no esas torreifél de metal, un souvenir de mierda que te los venden por dos pesos y es la mismísima mierda más adorable para quedar bien. Tené huevos, Gonzalo. Tené un hijo y a ver si así podés entender que Roma es un poroto al lado de verlo decirte "papá. Tené un hijo y despertate en el medio de la noche, con el pibe meado, a cambiarle las sábanas, cuando dos minutos te estabas cogiendo a la mina de tus sueños, en el medio del programa de televisión. No, no estoy enojado. Te estoy diciendo que asumas lo que hiciste: tuviste un hijo. Te enteraste tarde. Qué pena. Ahora, andá y tenelo todo lo que lo puedas tener. Y largá la caravana un poco, que hay otras cosas más profundas que bailar duro.

martes, 6 de julio de 2010

tengo una lupa

tengo una lupa, es de plástico, viene dentro de una funda azul, casi tan ancho como una tarjeta de crédito, pero de similares medidas. es la primer lupa con la que tuve contacto. Lupa debe ser una de esas palabras que adornan a las letras en los abecedarios colgantes. Lo que es el xilofón a la equis debe ser lupa a la ele. Bueno, creo desde ahí tenía la idea de lo que una lupa era. este coso de plástico transparente y distorsionado que sale de una funda azul ha de ser una lupa, no hay duda

tengo una lupa y un disco primer disco. si yo hubiese visto casi famosos cuando tenía 13 años, todo hubiese sido más fácil. pero no, la miré a los 24. Diantres. este disco primer disco me lo regaló mi hermano, el del medio. Es el amor después del amor. Lo bueno que tenemos dentro es un brillante, es una luz que no dejaré escapar jamás. Eso dice la letra original. y como lo de casi famosos, me entero recién ahora. yo decía Lo bueno que tenemos dentro es humillante. Humillante. Un brillante. Touché. pero sigue siendo mi disco primer disco, que me regaló mi hermano

tengo una lupa, un disco y una profesora de historia, que vaya a saber yo por qué, siempre me traía recortes de los diarios con notas relacionadas al rock. no tengo ni idea dónde estará toda esa información ahora. pero estaba bueno empezar la clase y que ella me desplegara reversos quebrados que escondían notas de mi interés, dando así y con total impunidad, un auténtico acto de predilección de la que yo era benefactora. oh, la gloria de sus recortes era la miel de mi lectura, en una era memorable como lo será aquella en la que no había internet


tengo una lupa, un disco, una profesora de historia y un ex novio con una discoteca hermosa, que me hizo el amor con Led Zeppelin y Billie Holliday, con Manal, con Pappo, con Spinetta, con Gabo Ferro; que me leyó poesía de Miguel Abuelo, de Kerouac, de Michaux y Patti Smith, y me comentó notas de Radar; que me obligó a que conociera París. si no fuese porque en el medio me trató de puta, me dejó en los momentos en que más necesitaba de su apoyo y su compañía, hipotecó mis emociones durante casi dos años, y nuestras aspiraciones eran más bien distintas, todavía sería mi novio


tengo una lupa, un disco, una profesora de historia, un ex novio y una habilidad admirable para desoir la advertencia aterradora de que "no hay más entradas" para ver un show. que acompañado por un irrefrenable convencimiento en la causa del mundo de lo posible, me permiten presenciar espectáculos alucitrópicos, como ver a Divididos gratis o a Soda Stereo ligando una entrada de un transeúnte

tengo una lupa, un disco, una profesora de historia, un ex novio, una habilidad, y un boleto de metró parisino sin usar que saqué el mismo día que volvía a Buenos Aires, con la idea de que cuando volviera a ir a París, iba a tener un tiquét-de-metró para de vuelta ir a la tumba de Cortázar y mi hermano me va a decir que es una pelotudez grande como una casa y yo le voy a decir que yo sueño con vivir en el país donde él vive a partir de que él soñó con vivir ahí.

tengo una lupa, un disco, una profesora, un ex novio, una habilidad y un tiquet de metro para cuando vaya al país de mi hermano, mi hermano no el que me regaló el disco, mi hermano el que me hizo escuchar Rata Blanca a los 7 años, mi hermano al que le pertenece la lupa