lunes, 30 de agosto de 2010

imthewarlus

vos lees el cronista y yo el diario de andrés fava, ninguno de los dos trajimos las cartas correctas para jugar acá y yo tengo la sensación, sí, de estar en una fiesta, mirando todo desde un sillón, al lado de una invitada tan colada como yo y se me viene el encanto de las fiestas a las que se asiste de colado y no puedo decir de colada todavía, porque tampoco puedo decir una misma, se me hace revista de cocina, manualidades y confección de vestidos de estampado a cuadros. nunca pensé que aprendería a tejer. a solo dos pesos con toda la fruta en flores y la señora de la ventana del asiento de atrás le pide a la señora del pasillo que anote el teléfono de antonio. se pone los anteojos, y lo busca en su celular y yo adoro la gente que hace de la mirada una ceremonia. yo tambén lo hago. sí. si estoy sin anteojos y achino los ojos y les digo, c'mon guys, estoy segura de que con un poco de esfuerzo pueden llegar a ver el nombre de esa calle. pero anteojos y celular no sé. es raro, es. nos ayudan con 0.10 centavos para poder comprar la leche y el pan para mis hermanitos más chiquitos. muchas grasias. vos tenés pinta de tener más hijitos que hermanitos. dale. ojalá dios los recompense. desde hace un par de años que esas fotocopias son moda en el marketing del mendigo. los errores de ortografía también. yo lo que no soporto es que usen a los chicos, me dijo cruzando uruguay. este tren, decía yo, es de otras lecturas. de crónica, de papparazzi. un espanto. en liniers justo me freno frente a un puesto de revistas atiborrado de ejemplares y me pregunto si las revistas tendrán un geriátrico donde encontrarse de vuelta y qué fue de tu vida toco y canto, y, le enseñé los acordes de Tan Solo a una piba de 14 años y vos? y yo, con esta nota de tapa de la trata de personas sólo serví para que le den dos corchazos al periodista, qué se le va a hacer. en fin. la felicidad es artifical pra mí. esto es una varieté: cada vendedor llega, hace su número, recoge aplausos en forma de ventas y se va. el valor del boleto debe ser la entrada más barata. una vez un mimo me dijo que era linda, después de ponerle cinco pesos en una galera de pana roja. vendrá santa rosa? parece que sí. puede una rosa ser santa? no me gustan las flores ni las plantas. se me hace que los vendedores de estación tienen relaciones reales tipo facebook, un comentario al pasar con los clientes regulares y hasta la próxima, y son vistos por mucha más gente que anda por ahí, observa su mercadería y se va sin preguntar ni comentar nada. sans rien dire. gracias por leer esto que escribo, pienso, que cuento, que veo. una señora lee de parado. qué habilidad. yo tengo un bolso pequeño. este partir es partirme. hay otras gentes con bolsos grandes. con bolsos grandes muy grandes. con bolsos chicos. hay uno con un bolso verde. ah, el discreto en canto de los bolsos de coloquios medicinales. la semana del duodeno, del 7 al 12 de julio. es el original de georgalos, dos pesos lo que vale. gente que duerme. ¿vos sabés si tus padres te miraban cuando dormías? madera rosa. serenidad escrito en una lengua muerta. esa frase me parece arrasadora. una imagen tuya conmigo fuera de plano. siempre estuve fuera de plano en esas fotos. encuentro de mis ojos con otros ojos. otra vez. otra vez. nada más indimidante. un romance de tránsito. morón explota. morón es. yo quisiera haber nacido en morón. morón es más power. me llama mi mamá. me pone tan nerviosa hablar por celular en espacios compartidos con desconocidos. sutil y suavemente piel. neurosis volumen XXXVII. no sé, es como si me viera obligada a mostrar mi intimidad, y no sé si quiero que este señor que está enfrente mío, leyendo un artículo sobre la revolución de mayo, sepa que estoy bien, que mi salida de ayer estuvo muy buena, que el hijo de puta de mi vecino celebró su cumpleaños con una fiesta insoportable que no me dejó dormir hasta que se hizo de día, que lo odio mucho, que hoy comí polenta. siento celos de mis asuntos, de mis cosas, las guardo bajo las alas del silencio. fah, qué solemnidad al pedo. en realidad, creo que eso y el temita de querer irme siempre fueron dos regalos de mi papá. los únicos, capaz. me decía que tenía una doble biografía, cosa que yo no entendía. ja. qué puntualidad. alfajores, cerveza, máquinas de afeitar. y esa voz, de dónde la sacaste? en qué escuela se les enseña a los vendedores ambulantes a poner la voz así, cómo si estuvieran hablando luego de fumar una pitada que no quieren largar. y el asunto ese de desmenuzar los beneficios de cualquier elemento. estos tipos, cuando llegan a sus casas, ¿cómo describen sus días? nos rumiamos eternos en mi canción de cuna. el horror, un vendedor de compilados de mp3. melódico. melódico dice. amadeus, mozart, mercedes sosa, revolcándose en sus cenizas. una versión en español de un tema de bryan adams. eutanasia ya, por favor, eutanasia. por suerte ya me bajo. cruzar el túnel. esperame en la calesita. en algún caballito en particular? en la morsa.

martes, 24 de agosto de 2010

hombre barbudo enfadado con dos mujeres y dos espectadores

Usted estará tan por encima que dará gusto
entonces yo sabré que el sistema ha funcionado
y empezaré a rehabilitarme furiosamente
pondré el despertador a las tres de la mañana
suspenderé mi vida conyugal
y las demás recaídas que conozco
para que, sólo queden las que no conozco
y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
y será tan hermoso decir...
ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
el mío todo de frutilla
y el de usted con chocolate y un bizcochito.




tengo dos gotas de vino guardadas en 31 canciones. una foto mirando hacia abajo a punto de saltar. tengo de señalador un boleto de colectivo de un día triste. tengo el sonido del mar dentro de un violín. tengo una gotera que aprendí a amar. libros viejos, pero viejos de veras, con las hojas amarillas y olor a fotografía blanco y negro y jopo y gomina. tengo que aprender a atarme los cordones y a cortar la comida, a viajar en el micro escolar y a dormir la siesta cuando suena esa canción que es un embole, pero después viene la merienda y el atardecer desde la ventana y la tele para mí. ¿sabés cómo se dice mariposa en inglés? ¿y elefante? ¿sabés cómo se dice elefante en inglés? tengo una libreta llena de globos sueltos, como flecos coloridos que se escaparon de una bufanda de palabras. tengo un montón de mayúsculas guardadas en un cajón de madera, junto a una taza naranja, un cordón huérfano y tinta china guardada desde 1986. tengo una mesa que me bienviene por las noches y me echa por las mañanas. tengo una escalera que lleva al techo, pero del lado de adentro. un gato negro se subió ahí la otra noche y yo me estiré para sacarlo. tengo números de teléfono en una agenda de papel, a los que con gusto llamaré desde la bañera para ahogar mis penas. tengo un tren que tomar a rosario, santiago del estero o villa del parque. tengo medias blancas y medias de colores. tengo una visa vencida al país de la locura y la quiero renovar, pero esta vez que sea con menos derechos y obligaciones, por favor. tengo un encuentro en la torre eiffel un día nublado de octubre, con la persona que me enseñó cómo extrañar. tengo dos pares de anteojos que volaron desde el mar hacia mí en una maravillosa caja de colores, con un gallo, una botella del tamaño de mi mano, un tatuaje en las manos y un gato famélico. restos de un sueño que no me acuerdo pero desperté con el anillo en otro dedo. algo debo haber querido recordar y no sé qué habrá sido. qué es. qué será. qué sería. tengo ganas de escribirte una canción. tengo una llamada en espera. zapatillas de colores y un deseo navideño que olvidé en un cuaderno cuadriculado. tengo papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado. un documental de cómo es mentira que el hombre viajó a la luna y con eso, se borrarían todos los testimonios de una generación entera que alucinó mirando el gran acontecimiento por la televisión. ¿sabés por qué lloro? le pregunté. sí, porque no nos vemos mucho, me contestó. ocho años después. tengo sal y agua y miel y cereza y vino y semillas de girasol. tengo el perfume de grasa que me recuerda a alguien a quien así recordé. eso me recuerda que tengo un recuerdo lindo olvidado con bronca. tengo quince años y el pelo recién cortado. tengo un caleidoscopio esdrújulo. tengo ganas de olvidarte casi mecánicamente me ocupo de ello todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. el desafío es a la hora de cerrar los ojos. tengo un perfume apoyado en dos lunares y huele a café con leche y películas en la cama. tengo un amigo distinto para cada necesidad, a los que abrazo democráticamente y sobre los que reposo con más alivio que de costumbre desde que me tropecé.

en realidad quería decirte que hoy se terminó nuestro romance. no podés ser tan bonito. no lo soporto más. hagamos la división de bienes de manera sencilla. yo me quedo con todo esto y más. y vos. vos quedate con el boleto de metró empapado en lágrimas, que te dejé ese lunes trece. me levanto la galera y te despido caminando hacia atrás, con el viento envolviéndome en mi cabello y en mi piloto violeta. aurevoir.

-En general me distraigo del vacío escribiendo lo que deseo perpetuable.

miércoles, 18 de agosto de 2010

así se siente, mirá

que iba a ir a ver esa peli que me hiciste ver y que se veía como la mierda, pero como llovió no pude ir
que en su lugar iba a ir a ver a Kapanga, pero me colgué y no fui
que voy por la mitad de la biografía de Charly García y estoy entendiendo esa vez que me pediste que te grabe Serú Girán. Cosa que en ese momento no pude entender.
que tuve una semana genial en la oficina. una semana entera.
que terminé otras 2 bufandas
que el trámite me cuesta 3000 pesos + 1400 pesos
que Belén se volvió a París
que vamos a hacer un libro juntas
que volví dos veces a la mañana a mi casa
que el fin de semana largo me lo pasé tomando vino
que me escribió Mariano, que está todo bien, que depende de mí
que mi vieja está haciendo aquagym
que tengo dos amigos nuevos
que quisiera tener 27 años
que se la quemé al flaco de la palta
que voy a empezar a hacer dibujo
que mi propio enano de jardín me volvió a escribir
que un dibujante miró mis fotos y me dijo que estaban buenas
que una vaca sale 2000 pesos
que tengo muchas ideas
que me escribió Land
que antes de ayer todos los caminos me llevan a Chile
que le pedí su teléfono a un flaco por la calle
y a qué flaco, te vas a morir
que me tenés que prestar unas Cazador
que fui a una fiesta
que fui a un boliche
que fui a un cumpleaños
que fui a una casa de familia
que fui a una casa de un estudiante de letras
que me crucé con una flaca por la calle
que fui a abrazar a Ken
que me llamaron a las dos de la tarde y no supe qué contestar
que fui Evita
que todavía no empecé a correr pero
que me entró mi pantalón vestido de novia
que mi hermano me dio un beso y un abrazo delante de otra gente
que qué vas a hacer para tu cumpleaños
que cómo me gustaría regalarte una kalimba
que por qué no le pregunto a Luján
que cuánto que te gusta que te quiera tanto
que cuándo vamos a ir a tomar un helado


que no te enfermes nunca más, Federico

domingo, 8 de agosto de 2010

el domingo es el primer día de la semana, no el último

Domingo. Es el Día del Niño y no tengo a nadie para saludar. ¿Hay algún niño en la sala que se preste para tal fin? Cobardes. Igual, a mí no me gustan los chicos. Hay un sol que se despertó tarde. Tal vez anoche se fue de parranda. Salió de su cuarto después del mediodía. Es domingo en Buenos Aires. Es lunes a la mañana mirado/desde/mi/lupa/interior en mi cabeza. El 9 es un micro escolar y hay gente y hay globos y tuppers envueltos en repasadores. Una embarazada conversa, lleva su recién nacido en brazos, envuelto en tres frazadas distintas: una rosa, una celeste y una blanca. ¿Qué clase de sexo tiene ese bebé? En Constitución el panorama es un jardín de juguetes de dudoso porvenir. Bajo del 9 en Moreno, camino hasta Belgrano, doblo y me encuentro a la embarazada. Touché. Las veredas de San Telmo están de fiesta: hoy van a hacer mucho ruidito con las rueditas de montón de bicicletas nuevas. Ttttrrrrrrrrr. Las bicicletas deben ser el regalo más regalado en el Día del Niño. A mí, mi primer bicicleta me la trajeron los Reyes. Y se la llevaron los cacos. Pero yo lo ví a mi papá cuando el 6 de enero a la tarde, bajaba esa bicicleta roja. Yo lo ví y nunca dije nada. Porque así era el juego. Me acuerdo que me parecía enorme. Es tan rara la noción de tamaño. A mí me parecía enorme. Y ahora me doy cuenta que era chiquitísima. Hoy ví bicicletas blancas, rojas, rosas, verdes, negras. Todas con las gomas llenas de esos pelitos que tienen las gomas nuevas. Los niños invaden muy sutilmente las calles. Nunca nadie los vio en ninguna reunión organizativa, pero ellos igual conquistan cualquier espacio, se adueñan del sonido. Hoy festejan su día porque es un día que después no se festeja. Y porque vivimos en un sistema que se encarga de imponernos festejos para que sigamos consumiendo y alimentemos con horas de nuestra vida el círculo vicioso en el que corremos con el único fin de seguir siendo explotados. Pero ese es otro tema. En Puerto Madero la gente se pasea como si el lugar les perteneciera. Nunca van a ser de aquí. Yo tampoco. Pero el sol nos pega en la cara y nos sentimos tan, tan aliviados. Todos toman gaseosa y tienen hijos y cargan mates. En la Reserva Ecológica, último bastión de la vida silvestre en Buenos Aires, el paisaje distiende. Algún deportista, un gringo en bicicleta, un par de enamorados que están vestidos para ir a comer a Pippo. Menos niños, gracias al cielo. Un matrimonio, un nene de seis y un bebé en un cochecito. Sobre este ripio, esas ruedas no llegan hasta Córdoba. Me duelen los pies pero sigo caminando. Para las almas sensibles, de Pez. Tres remeras, un pulóver y la campera; una calza abajo del pantalón, un par de polainas, dos pares de medias. Llego a la vera del Río. Los niños estaban todos acá. En bicicleta o a pie. Con pelota o raqueta. Están todos juntos acá. Yo, que venía por el camino de ripio, vislumbré el río como el que gritó "¡tierra!" desde el carajo; cuando llego a mi puerto, lo encuentro invadido por el enemigo. Me siento a mirar el montón de agua. Hay un barco enorme. Se aleja. Un negro, que debe ser africano. Su mirada le da al río un color que no conozco. Unos juntan piedras, otros las tiran al río. El aire es bello. El cielo está pelado. El piso es de casas rotas, de lugares que no existen, de gente que pasó; pedazos de piedra, ramas y botellas de plástico. El acto consiste en agacharse, agarrar una piedra y tirarla lo más lejos posible, hacia el agua. Verla hundirse, hasta siempre piedra. Una piedra que tocó mis dedos, se ahogó en el río de La Plata. Ese es el juego que juegan. Un nene se acerca a la orilla, camina con miedo, pisa las piedras con terror a caerse. Camina despacio. Agarra una piedra, la tira. Y la piedra sale volando hacia arriba, cayendo cerca suyo. El agua quedaba varios metros más para adelante. Dommage. Vuelve a intentar. Y cae más o menos igual. Cambia el lanzamiento y casi que pega en el agua. Se acerca, vuelve a tratar. Y la piedra golpea el agua. Lo festeja. Vuelve a hacerlo. Hay mucha torpeza en sus movimientos. Me apena, me aflije. Debería tener un padre que le indique tenés que poner la mano así, la idea es que vaya para adelante, ¿ves? Me pregunto quién le habrá enseñado a mi papá a afeitarse. Más allá un hombre marea una nena. La agarra de sus manos, la da vueltas y después la para. La nena flipa con el efecto mareo. Y quiere otra vez. Dale otra vez, no seas vigilante, que dentro de un rato va a tener 28 años y nadie que le haga eso. Yo me acuerdo la última vez que mi hermano me hizo eso. Y recuerdo haber pensado esto: esa fue la última vez que me hace marear. No lo recuerdo de la última vez que subí a un tobogán. Sí recuerdo la última vez que subí a una calesita. A las de sortija, digo. A mí me gustaba pilotear un avión, porque tenía dos bocinas distintas. El nene después agarra una bicicleta y se va. Parece estar solo. Por eso tiraba tan mal las piedras. Vuelvo a andar. Salgo. Vuelve el ruido de ripio y mis zapatillas. Más bicicletas. El barco se estaba acercando, no alejando. Está más grande. En realidad es enorme. La gente lo mira acercarse. Comentan las maniobras y todo. Salgo a Córdoba. Recorro la avenida Costanera. Acá se venía a ver el río y ahora se huelen los carritos. Bicicletas por todos lados. Y patines. Y niños. Más niños. Como me gustan los extremos, decido ir al cine. Salgo a la Casa Rosada, camino por enfrente a la Plaza. Paso por la Catedral. Justo terminó la misa y salen viejas que lavan sus culpas dejando un billete de cinco pesos a la señora que pide la limosna en la puerta. Me la imagino en el barrio, haciendo correr la voz de que trabaja en la Catedral. Las señoras la miran con desagrado, rezando porque no les vaya a tocar el abrigo. Le dejan el billete y no la miran a la cara. Huelen a plata las viejas con plata. Agarro la Avenida de Mayo. Pienso en un antes que ahora no vale la pena. Más gringos. Menos chicos. Llego al Gomón. Una para la de las 19.50. En la sala no hay niños. Bien. Funde a negro, vienen los títulos. Voy a tomar el colectivo. No se avizoran niños. Luego, sube una familia mamá+papá+nena. La nena tiene un tupper en la mano. ¿Es una costumbre nueva esa de pasear tuppers en el colectivo? Se bajan enseguida. Yo estoy en el umplugged de Charly García. Bajo del colectivo. De una casa sale un hombre que se acerca a un auto. Una nena lo acompaña a la vereda. Una mujer mira desde la puerta. La nena se acerca al hombre y le dice "Chau pá". El Día del Niño me pegó raro, sí.

jueves, 5 de agosto de 2010

recuerdo de tu paso por mí

vengo a descubrir un viejo ardid, una triquiñuela espantosa, una estrategia burda y sin embargo siniestra, de la que mucho se habló en conversaciones telefónicas y en canciones de desamor: la trampa de las cosas olvidadas en la casa de un ex

esta trampa, que requiere de una sutil habilidad por parte del cazador, no es más que la mismísima condena al tormento de un intento futil y anodino, reservado para víctimas proclives al masoquismo y cobardes de poca monta

cedés, libros de bukowski, pañuelos violetas, cualquier elemento de valor mínimo puede convertirse en guillotina camuflada, trampa de oso o áspera soga que en cuestión de minutos ahogará las posiblidades de un mañana feliz, un futuro mejor, una colección de teléfonos en los bolsillos de un jean, juntados un sábado a la noche en un boliche bailable, también llamado boite o una tarde de lectura en la paz de un banco de plaza, sin el suplicio del ruido mental

atención, mis queridos cofrades, que esta maña requiere que haya un cazador y haya alguien que quiera ser cazado. no hay que dejarse engañar por el teatro de la mente, ese que dentro nuestro nos quiere ver llorar y que se regodea del dolor sólo para buscar la panacea en un "te tengo que dar tus cosas", una frase terrible, terrible, que se disfraza de despedida para maquillar un vamos otra vez

el fraude astuto que encierra un "te tengo que dar tus cosas" sólo puede ser anulado por el poder infinito del "mis cosas me importan un huevo, no quiero verte nunca más en mi vida". no hay otra piedra que anule esa tijera; no hay otra respuesta para escapar de semejante engaño, por más que "tus cosas" involucre un ejemplar de los evangelios apócrifos, firmado por Borges, dedicado a una tal M Kodama; por más que se trate de un último ejemplar en vinilo de Artaud, con las puntas enteras de su tapa; por más que de una piedra del Muro de Berlín estemos hablando; por más que sea el mismísimo Grito de Munch, nada vale tanto como la sed de libertad y el hastío cansado de ser hastío, que grita desde el fondo de un colectivo que iba a ninguna parte, "no, por favor, otra vez no"

asimismo, esto es aplicable también en el sentido inverso, en cuanto a cosas de un ex, olvidadas en la casa propia. por ejemplo, uno puede adueñarse de ropa interior del sexo opuesto (o no), que bien podría servir como trapito para limpiar las suelas de esas zapatillas traviesas que osan pasar por encima de soretes de perro; uno puede quedarse con esos libros de colección y usarlos para nivelar una mesa renga; o puede cortar bizcochuelos recién horneados con esos cedés que alguna vez fueron un préstamo y hoy sufren una reubicación en sus tareas, etc. y además, de paso realiza el ejercicio creativo de darle nuevos usos a objetos de poco afecto personal, que muy contentos estarán de que no sean el arma que ejecute una pena tal como la reincidencia misma