miércoles, 17 de noviembre de 2010

Chacun cherche son chat

me dispongo a poner play y justo antes de terminar de sentarme, me doy cuenta que no agarré las agujas y las lanas para finiquitar la bufanda naranja que me estoy tejiendo. el asunto de la bufanda me inquieta bastante. pasé el invierno tejiendo para otros. amigos, gente querida. distintos colores. con flecos y sin flecos. montón. un puñado de míos. horas de quietud que pasaron por mis brazos rebelándose a tal paz. desde charlas con amigos, en mi casa o en las suyas hasta hora, hora y media en colectivo desde el sur porteño al conurbano bonaerense. y si algo amo de todo lo que odio de mi vestimenta sin perfume a Coquetería es que necesito llevar colores estridentes. y, ahora que lo pienso, creo que los adopté desde la vez que leí la palabra "estridente". Raeleá (raepuntoes) "estridente" y vas a ver que eso es lo que soy yo. entonces me estoy tejiendo una bufanda naranja. si fuera amarillo, sería amarillo patito. si fuera rosa, sería fucsia. si fuera celeste, sería turquesa. pero es naranja y es genial.
como garcía.
como el botón de "publicar entrada" de blogger

bueno, ahora le voy a armar los flecos.
más o menos los mido y empiezo a cortar cada uno de los treinta flecos que necesito.
aprendí a tejer hace poco más de un año. soy el as de las dos agujas, no sabés. bueno, no, en realidad no. no todavía. pero me enseñó una amiga y eso es mágico.
entonces ya sé hacer los flecos. sí, sí, yo solita.
tomo un trozo de lana naranja. es áspera y es fina y se parece a la hija de una cinta de esas que son para embalar. ¿cómo se llamaban? corto una tira, la uso de referencia para la segunda. vuelvo a medir, vuelvo a cortar. la dejo. tomo otro trozo de lana. mido. corto.

¿te conté de las veces que me cortaba el pelo? de puro adolescente conflictuadita, por supuesto. vuelvo a medir y vuelvo a cortar. ¿y de las veces que me corté la ropa? arruiné montón de remeras de rock (en realidad son de las únicas que tengo) cortándoles el cuello de maneras imposibles. mido otra y me faltan diez. corto. una vez me corté la mano lavando un vaso que había quedado en la pileta de un departamento que compartía con dos roñosos del demonio. estaba abajo de una sartén y una olla. y me corté. me dejó una cicatriz espectacular para mirar con alguien en la cama, una mañana, y contarle cómo me salió. vuelvo a cortar otro trozo más de lana. me encanta cortar pronto cuando hablo por teléfono. puedo hablar durante horas, pero el momento del adiós, me urge que sea rápido. rápido. ejemplo: bueno, chau. tu tu tu. ah, cierto que los celulares nos robaron el sonido ese. qué pena. vuelvo a medir, solo dos más y con una aguja de crochet voy a meter este montón de lineas de lana entre los puntos del tejido y a llenarme la bufanda de alegres flecos que le den soltura y a arreglarle los puntos, esconder los restos de cirugía. bueno, a mí también un poco, ya que estamos. y qué bueno estuvo tejerla, porque me quedó divina y mientras la película estaba por la mitad, yo estaba cerrando los puntos. y cuando llegaba a su fin, yo estaba terminando de cortar los flecos. qué bueno es tejer. eso de armar algo con los dedos, de crear con las manos y con paciencia. qué terapéutico, me dice todo el mundo. mmh. ¿por qué será? y ahora que lo pienso. lo mejor de tejer no es tejer. lo mejor de tejer es cortar.