viernes, 7 de enero de 2011

es enero y se derrite buenos aires

creo que estoy teniendo mi primer noviazgo veraniego. bueno, tal vez el segundo. es con la cerveza. pero una parte mía dice que el hecho de ver tanta gente tomando cerveza por la calle me acumula las ganas hasta que a eso de las ocho, una stella por favor, y ahí acabé con desesperación. entonces, mientras vuelvo a mi casa pienso que hoy, y para recordar aquellos buenos viejos tiempos, voy a cenar leche con cacao. hacía meses que no practicaba este hábito tan miserable de una cena triste con la excusa de la monohabitabilidad. cuando llegue al barrio, paso por el almacén. seguro que está abierto. y seguro que me va a empomar con el precio. pero qué va. mientras espero el colectivo, veo una pareja caminando. toman un helado. tienen pinta de verdes y de verse por segunda vez. ella lleva un saquito de hilo blanco en la mano que no tiene el helado. el helado que le recorre la mano, hasta patinar en la muñeca. se lo lame, la boluda. se lo lame y lo mira desde abajo. pero qué lindo es uno cuando cree que el amor es igual al de la tele. otra pareja, tanto más manchada, vienen con las compras del super. dos en cada mano. veo un papel higiénico, una botella de vino, una esponja patito. él tiene una remera de la naranja mecánica y ella cuelga del cinturón la tarjeta blanca, esa tan corporativa.

una vez en el 9 escucho una señora que le da un mil y un indicaciones a su hija. debe ser la mayor. Karen, se llama. hace calor, lavá la vereda. fijate si mi remera se secó. quedó muy dura? la enjuagaste bien? decile a lucas que se bañe. no importa que no quiera. que se bañe bien. hace mucho calor. si te dice algo, decile que dije yo que se bañe. o pasame con él y le digo yo. bueno. guardá agua. y fijate que haya cubitos. llamó la tía magda? ah bueno, después la llamo. mañana. guardaste los envases?

el 9 debería ser proclamado colectivo obligatorio. yo, si fuera copada, armaría un circuito de guías turísticos, que lleven a los gringos a lugares posta, loco. tomate el 9, de plaza constitución a pompeya. vas a ver lo que es bueno. sobre todo si tuviste una semana en la que pasaste de spinetta a calle 13, anímicamente hablando. el tramo en el que bordea la estación, roza la autopista, se sube al puente, para volver a bordear la estación, te juro que me da unas ganas de hacerle un monumento a roca, por haberle puesto el nombre a esa estación. por lo de matar indios, ahora dicen que no da, viste? y tampoco lo quieren en el billete más dulce de encontrar. y si lo tomás, sentate del lado izquierdo. fenêtre. y en verano, con la ventanilla abierta, con el viento pegándote en la cara, que te hace arrugar la nariz.

camino las dos cuadras del empedrado. me gusta lo tenebroso del camino. me gusta ver gente sentada en la vereda. y paso por el almacén. antes que yo, tres chicos compran diez fosforitos. discuten cuántos son para cada uno. la disputa se dirime de manera singular. el más grande es el que maneja el encendedor. viene otra pareja, con dos envases de Palermo en una bolsa. él arrastró tanto las ojotas que le quedaron finitas como una feta de bondiola. ella lleva caído el bretel de su camisa, blusa, remera. con este calor, no creo que se lo vuelva a levantar jamás.

abro el ascensor, y encuentro a mis dos vecinas besándose. son dos lesbianas torpes, que siempre juegan a que se olvidaron que estaban ahí, y siempre que abro la puerta se hacen las sorprendidas, las invadidas, las pelotudas. hola qué tal. hola, qué tal? y subo con una mambeada en bicicleta. ¿cansada?, le pregunto, en pos de no caer en el horrible lugar común de "calor, ¿no?". no, me dice. pelea con mamá. y te juro que ahí me dije uh qué carajo. uh, qué carajo, le digo. y no vuelvo a abrir la boca hasta que, al abrirle la puerta y bajar con ella, le contesto que sí, que yo iba al mismo piso. bueno, que estés bien, le digo antes de abrir mi puerta y decirle "hola gordo", a mi gato flaco.

se acerca la lluvia. antes de la medianoche la tenemos encima, leo en facebook. así que me baño, me pongo mi vestido de verano, las alpargatas blancas que me regaló mi madre -luego de que le dijera para qué mierda quería yo unas alpargatas blancas, por supuesto- me sirvo una taza de leche con cacao, no sé qué carajo significa omitir, pero yo le doy click a todo, pongo el último de pez, el ventilador en cinco y mañana voy a mirarme toda la segunda temporada de dead like me.