viernes, 19 de agosto de 2011

Delicuescencia

Jueves sobre la ciudad y tu voz es un fantasma que no está ¿qué voy a hacer? Buenos Aires es tan cruel (*) y mi pelo ondulado me resulta una obra de arte, belleza en líneas que se doblan y se abrazan, el marrón oscuro más lindo que vi jamás.

Hasta los quince años tuve el pelo largo. Me identificaba. Largo, muy largo, lacio, un poco ondulado, bello, brillante pelo, cabello, qué lindo era tener el pelo largo y que se me acalambraran los brazos al trenzarlo, cepillarlo durante años con el mismo cepillo de mango verde, atarlo cada noche antes de ir a dormir y haber mantenido una promesa durante catorce años, once meses y veintiocho días de los quince años que tenía que tenerlo largo.

Sentí en el pelo corto un mundo todo nuevo.

Ahora que lo dejo suelto, largo por primera vez después de tanto tiempo (no tan largo como aquel largo, pero lo más cercano que estuvo de ese largo en los últimos catorce años), lo dejo suelto, lo dejo libre, lo miro, lo veo tan largo, tan creciendo, una, dos, tres canas pero sin embargo, tan oscuro, tan brillante. Me veo la sombra cuando camino de noche y esa sombra que se mueve por sí misma es mi pelo. Puro pelo que baila al ritmo de mis pasos. Pelo largo, pelo suelto, pelo bueno, parte de mí, de mi sangre, de mi cuerpo, de mi piel, mis uñas y mis ojos en mi pelo largo. Pelo que crece y me enreda hasta ser algo más grande que yo. Pelo hermoso, pelo mío es él que crece por más que lo haya podado tantas veces, cuando cada dolor de la vida me tocaba el nervio de una muela careada en la boca del alma y yo te cortaba, pelo, para cortar ese dolor, y todavía crecés. Crece este pelo mío, pelo hermoso es él y a la vez es mío. Pelo que me viste desnuda y me viste vestida. Que me envuelve y se mueve cuando dejo a algún amante dormir al amanecer entre mis piernas. Mío y como yo, se enreda y se suelta, oscuro. Alguna vez fuiste azul. Alguna vez serás gris y te amaré más todavía porque querrá decir que hemos caminado mucho, pelo mío. Corto nunca más; rubio, solo para alguna ocasión especial. Rojo, ni en sueños. Pelo del color que me sale, que es el mejor color, porque es el único que tengo. Pelo mío, largo, lacio. La única compañía que admito cuando me encuentro a solas frente al espejo. Seguí saliendo de mí, seguí creciendo conmigo, seguí estando ahí, seguí siendo mi amigo, mi pelo, mi textura favorita, mi olor preferido. Te extrañé tanto pelo largo, que ahora solo quiero abrazarte, atenderte, bienvenirte. No vuelvo a mutilarte nunca más, te lo prometo. No vuelvo a echarte así de mi nuca, más. No vuelvo a sacarme tu compañía nunca más. No vuelvo a soltarte nunca más. Seguí siendo mi sombra cuando camino, los pedazos de mí que quedan en la ducha y las migas que le dejo a las novias de mis amantes.


… elle ne portait que des chaussons de cygne et démêlait avec un peigne d’écaille les fils noirs de ses long cheveux que pendaient le long de son visage. (**)



(*) PEZ

(**) Qui peut savoir ce qu'est l'amour? Bounine/Statzynsky