jueves, 4 de agosto de 2011

La palabra del día.

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Mañana tengo que entregar este puto parcial y si no baja el volumen de ese celular, juro que lo mato, lo mato, lo mato.


-Disculpa que te moleste. ¿Sería mucho pedirte que le bajes un poquito el volúmen?
-No para nada. Pero de ahí a que lo haga.
-Ah, viene difícil el asunto. Mirá, te cuento, a ver si nos entendemos, yo estudio y mañana tengo un parcial. Estoy con los minutos contados y pensaba aprovechar el tiempo de viaje para estudiar. Pero entre el bebé del asiento aquel no para de llorar, la mina aquella que le está contando toda su vida a una tal Mariela y vos que estás con la música a todo pedo, yo no voy a poder leer nada, voy a perder un montón de tiempo y creeme que es grave.
-Y bueno, problema tuyo. Tendrías que haber estudiado antes.
-Sí, en eso estamos de acuerdo. Pero mirá, si fuera yo la que está con la música y vos me pidieras que la bajara, te juro que la bajaría.
-¿Eh? Me mareaste. No te entendí nada.
-Bueno. Escuchame. Vos, ¿estudiás?
-No, qué voy a estudiar yo. Tengo tres pibes, ¿cuándo querés que estudie?
-Bueno, ¿estudiaste alguna vez?
-Dejé la escuela en tercer año porque era la segunda vez que hacía tercero.
-Bueno. ¿Viste cuando tenías una prueba?
-Sí.
-Bueno. ¿Te ponías nervioso?
-Sí.
-Bueno, esto es lo mismo. Mañana tengo una prueba, no terminé de leer todo lo que había que leer y como no tengo tiempo, pensaba usar el tiempo... ¿podés bajar la música al menos mientras yo te explico esto?
-¿Al menos? Pará, ¿qué te fumaste? ¿Un Buscando a Nemo?
-¿Eh?
-Al menos dicen en las películas.
-Bueno. ¿Podrías bajar la música mientras yo te explico esto?
-Ahi esta mejor, ¿ves? Pero no, no puedo bajar la música.
-Ah. Sos bravo, pibe, eh. ¿De qué laburás?
-De repositor en el Carrefour de la calle Arroyo.
-No te la puedo creer. Yo estudio ahí a la vuelta.
-Uh, qué loco. Es el destino que quiere que nos encontremos. Uuuhhh.
-Bueno, tampoco te pasés de vivo.
-Y pero, flaca, ¿qué querés que haga? Mirá con lo que me salís. Ahora decime que estaba escrito en las estrellas que nos teníamos que encontrar en este colectivo.
-No. Lo que estaba escrito es que vos bajabas el volumen y me dejabas estudiar.
-¿Pero qué culpa tengo yo que vos no hayas estudiado antes?
-No, en eso estamos de acuerdo. Pero como no puedo volver el tiempo atrás ¿podrías por favor bajar la música de tu celular?
-Bueno. Pero, ¿vos qué me das a cambio?
-Lo que quieras.
-Tu número de teléfono.
-Cómo no. Anotá. Seis siete siete dos, cuatro cuatro cero cero.
-Piola. A ver, te llamo así me agendás.
-No. No. Llamame mañana, después del mediodía, que ya rendí el parcial entonces voy a poder atenderte.
-Ah vos me tomás por gil a mí. Te pensás que no sé que mandaste cualquier verdura y que este es el teléfono de Magoya.
-Pero no, te digo. Llamame mañana. Después de las 16 me encontrás seguro. Ahora, ¿vas a bajar el volumen o qué?
-O qué.
-¿Qué?
-Ya tengo tu número, amiga. ¿Para qué voy a bajar el volumen?
-Ah. Buenísimo. Un hombre de palabra. ¿Sabés qué? No bajés nada. Ya fue todo. Me bajo yo del colectivo y fin del tema.
-Bueno, amiga. Bajate del colectivo. Y la próxima vez que tengas parcial, estudiá antes, amiga.
-Gracias, gracias. Viniendo de un hombre de palabra, que sabe poner las necesidades de los demás por delante de las suyas, voy a tener muy en cuenta tu consejo.
-Dale, amiga.

Pedí permiso entre la pequeña multitud. Mariela ya estaba al tanto de todos los movimientos de su amiga y el bebé ahora chupaba una teta en público que todos miraban asombrados. Vamos, quién no chupo una teta en público, pensaba, mientras empujaba y me empujaban para bajar. Por un peso veinticinco más, podía agrandar mi combo y tomarme otro colectivo con menos gente y más silencio. Esos malditos celulares se adueñaron del sonido en el transporte público. Los odio. A los fabricantes de celulares, no al repositor. Los fabricantes de celulares facturan millones con tecnología infinitamente renovable. Los repositores encuentran alegría en invadirte con su musiquita el viaje en el colectivo. Y para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.

Me bajé del colectivo sin poder evitar el ademán idiota y tardío de revisar que todo estuviera en su lugar. Bolsillo de la mochila cerrado, listo. Llaves en el bolsillo de la campera, listo. Celular en el bolsillo del pantalón. ¿Celular en el bolsillo del pantalón? ¿Celular? Un inmundo caco habilidoso me aplazó en el parcial.