martes, 27 de septiembre de 2011

nunca me imaginé regresar a mi tiempo de niño

¿y si esto que sos ahora, extrañando lo que fuiste antes, fuera lo que vas a extrañar después?
¿y si miraras las fotos de tu hoy mañana, con la misma nostalgia con la que mirás las fotos de tu pasado?
¿si aquello que se fue y que fuiste fuera nada comparado con lo que fuiste hoy, cuando sea ayer?

¿y, sobre todo, si el fin del mundo lo vivieras muerto y no como una película?

representatividad constante. Ahora y Aquí, siempre.

martes, 13 de septiembre de 2011

refugiándome en vos, mi última droga (*)

quiero leer tus cuadernos de notas. saber el orden de tus discos y qué es lo que tiene que tener una chica para que la sigas con la mirada cuando andás por la calle. quiero saber si alguna vez pediste un autógrafo, si guardás recuerdos de cosas que viviste hace más de diez años y quiero saber de qué prima estabas enamorado y qué cosas perdiste hace mucho y todavía lamentás. quiero saber qué proporciones tiene que tener tu café con leche perfecto, si te gusta más el calor o el frío; qué detestás más de estos días que corren y si te gustan las tortugas, los perros o los gatos. quiero saber cuál es tu gusto de helado favorito, cuál es tu esquina predilecta de esta ciudad, qué sentiste cuando empezaste a estudiar y qué cuando saliste solo de noche por primera vez. quiero saber cuál fue la primer revista que compraste y cuál la última. quiero ver tus dibujos de chico y si saludás al chofer cuando subís al colectivo. quiero escuchar tu mejor anécdota y quiero verte llorar. quiero ver todas las fotos de todos los viajes que hayas hecho. quiero verte comprando cigarrillos y cargando música en tu mp3. quiero verte durmiendo en un micro de larga distancia, viajando a cualquier parte, cruzando la pampa. quiero escuchar tu voz en vivo, desde un teléfono y en voz baja, a punto de dormirte. quiero que me convides la mitad de la última galletita del frasco y quiero despedirte, darme vuelta y ver que me estabas mirando. quiero te.

quiero saber todo de vos y al mismo tiempo, no necesito saber nada más tuyo.
no necesito saber nada.
más.

(*) Pez
Julia.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Miro por la ventana y veo un hombre que duerme en la vereda de enfrente. A pocos metros, tres chicos se patean una pelota. El sol me ilumina a mí, los ilumina a ellos, ilumina al hombre que se cubre la cabeza con una frazada que, agujereada, muestra sus rodillas vestidas con un pantalón marrón. Los chicos gritan, el hombre acostado en cartones se mueve, inquieto. Un pelotazo le da en la panza. Los chicos salen corriendo, el hombre se destapa. Mira, los ve correr, se queda mirando, vuelve a taparse. Un par de minutos después, los chicos vuelven con la pelota. El nuevo juego es pasarle la pelota de cerca al hombre, que ahora les da la espalda. Pasa un perro con una rama en la boca, después una familia. Un nene que lleva un carrito atado de un hilo, una mamá que lleva un bolso enorme y un papá que lleva un cochecito con un bebé. Cuando ven al hombre que sigue moviéndose desde abajo de su frazada sucia se alejan de la vereda y cruzan, rápido, la calle empedrada.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Hubo un silencio y miró a la nada, incrédulo. De repente, se echó un suspiro, con más énfasis en la aspiración que en la expulsión del aire. Expulsión sin melodía. Un suspiro -por así llamarlo- rápido, como si hubiese querido drogarse de oxígeno, que le llegue rápido al cerebro, que alterara esa realidad de silencio. Un silencio que nos había quebrado. Nada para declarar. Su suspiro eléctrico cortó nuestro silencio. Su egoísmo, el de siempre, enfrentándose con mi necesidad de descubrirlo todo. Yo quería sacar a la luz eso que él se guardaba para él. Ese suspiro era más de lo mismo. Se robó mi aire, rápido, oportunista de emociones. Se levantó en dos movimientos. Se vistió y se fue sin saludar. Nunca más supe de él. No lo llamé, no me llamó. Ninguno ganó, ninguno perdió. Tampoco fue un empate.