jueves, 29 de diciembre de 2011

sax, sex, six

me despierto, (sigo enojada) con ganas de vestirme e irme. no, no te vayas, me dice él. yo, que sigo enojadísima desde anoche, no tengo ganas de componer ninguna situación, de hacer un diván en la cama, desnudos los dos y a vos qué te pasó y a mí me pasó esto, y bueno cosa que (nos) pasan. sólo quiero hacer lo que mejor me sale hacer después de hacer el amor (en el orden de cosas, no es que después de hacer el amor lo haga. haga esto) que es enojarme e irme. entonces, con el alma enfurruñada lo único que quiero es salir de la escena, abandonar el personaje ese de sostener el enojo, de encauzar toda mi energía al objeto de mi enojo, sea una jarra que se me cayó (traicionándome, la desgraciada) o un mal entendido después de hacer el amor y la falta de ganas de irme de noche, mejor me voy mañana. irme, me voy a ir, pero no ahora. mejor estirar este enojo hasta mañana y entonces, bueno, ya tengo el pelo seco, (pero sigo enojada) y es de día. ah muy bien, muy bien. el sol cumplió su trabajo, salió a la mañana, lo mismo hicieron los pájaros y las sombras y (mi enojo sigue ahí) mejor irme y disfrutar de la ciudad a la mañana, tan llena de gente apurada (y yo tan enojada, tan amarga como savia de aloe vera). no sé si es bueno que te quedes, en realidad. yo tampoco, le digo. es una de esas situaciones y a mí me gustaría tanto aprender a desaparecer. me gustaría tanto irme, que el asunto se resuelva y volver cuando el rompecabezas ya esté armado. ¿hablamos después? me propone, cobarde, con miedo a mi enojo. (yo también le tengo miedo a mis enojos, a veces me llevan ((por autopista)) a lugares indeseables) no sé, respondo y me hago la importante, como asegurando una desaparición (ese término maldito que nos lleva a un único lugar, cuando quisiera yo ir a otro) y me voy. abro la puerta-tijera del ascensor con bronca. ahí hay una nena con un vestido escocés, zapatos brillantes, con el pelo lacio, flequillo, adorable, lleva un rosario colgado del cuello y un globo agarrado de la mano, que, de tan enojada que estoy (y como si pudiera así desquitarme con este y todos mis enojos), le pincho justo antes de salir a la calle. el globo explota, la nena se queda quieta. yo me quedo mirándola. yo quería hacerla llorar, quería verla llorar. cuando subiste al ascensor, sabía que ibas a hacer eso, me dice. y de un tirón se desvisten todas mi estupideces y mis paréntesis.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Que solo y triste voy a estar en este cementerio

las monedas que guardé los últimos 12 meses fueron a parar a un rompecabezas con dibujos de Keith Haring. entonces la cena de fin de año me tiene con dos hamburguesas a la mesa, una ensalada de tomate y albahaca (albahaca), una de chauchas y huevo y una de tomate y arvejas. un vaso de agua con jenjibre. de postre, turrón con maní. y sémola crocante en barra. a quién quiero engañar, es un menú de mierda.

hoy estuve todo el día despidiéndome del año. del año en que conocí la muerte, del año que terminé con un gran amor. //Qué calor hará sin vos en verano. //del año en que despedí gente que se iba, y gente que se quedaba, porque la que se iba era yo. del año en que conocí la tristeza más salvaje, la que me llevaba de paseo por insomnios y horas de siesta, siestas de horas. de la tristeza que ni un viaje a Rosario pudo calmar. de esa tristeza que se sentó en el living de mi cabeza como si alguien la hubiera invitado a tal cosa, se sirvió un vaso de whisky y se sacó los zapatos. de una tristeza que ni los pelos de mi gato naranja por toda la casa pudieron distraer. y fue tan fuerte este año que, ¿qué decido? pasar la noche de año nuevo sola, en mi casa. the perfect plan.

si no fuera porque hablé hora y media por teléfono con una de mis amigas de la secundaria (Con Todo Lo Que Eso Implica), creo que podría haberse ganado la cucarda más gorda que haya en la categoría "Momentos depresivos bajo el método Bridget Jones".

Mientras tanto, me corto varios pedazos de la hamburguesa -que ya se enfrió, por supuesto- para así solo dedicarme a tomarlos con el tenedor en la mano izquierda, y con la derecha seguir seleccionando piezas de color y no color. caigo en la cuenta de que aquí y ahora somos mi gato, el rompecabezas y yo. y azul, de Los Piojos, que está rayado justo en Vals Inicial y me quiero cortar las pelotas, qué noche de mierda, tendría que haber ido a comer con la familia de mi mamá, con las tías, el vithel thoné que hizo la tía (seguro) Dora, con mis primos y los hijos de mis primos, que son algo así como mis nietos hermanos y la casa del 3228 era la base de operaciones de las fiestas de fin de año y yo acá, con un rompecabezas de 1000 putas piezas putas, un gato que se para adelante del ventilador y yo creo que me quiere imitar cuando hablo ddeellaannttee ddee llaass aassppaass yy ssee eessccuucchhaa ggrraacciioossoo y Gustavo y Darío habrán gastado montón de plata en pirotecnia. yo me acuerdo re bien de las pirotecnias de los últimos años, de las pirotecnias flacas y las abundantes. de las pirotecnias tristes decretado el duelo nacional, de las nuevas pirotecnias y las tradicionales. y falta poco menos de una hora para la medianoche, para el año nuevo propiamente dicho, pero los vecinos de abajo están haciendo un asado en la vereda (¿no es hermoso eso?) y entre molleja y molleja están tirando unos tiritos de mentira.

el gato se asusta, corre de acá para allá, como si fuera tomy o daly en feliz navidad, y él fuera el gato con un cohete de mecha corta prendiéndose fuego en la punta de su cola. y yo lo agarro, pero basta que ¡pum! otro bombazo y se asuste y el lugar más seguro es ninguno para sus oídos y qué estará pensando este gato, ¿creerá que ganaron los aliados?

sábado, 17 de diciembre de 2011

hasta que un día te amalgames con la tierra (*)

les deseo la muerte a todos. de veras les deseo la muerte. deseo que vean pasar a la parca y comprendan que vos, yo, todos nosotros no somos más que hormigas, que caminamos por el cordón de la vereda de una calle de un barrio de una provincia de un país de algún continente, llevando pedacitos de flores blancas durante el verano para pasar el invierno. que las miraditas en el trabajo, los sobres con celofán, las palabras de tu nuera, a los gritos por teléfono y por más fuerte que sean los gritos en los que vienen, nunca tendrán más volumen que la forma de las nubes, que las definiciones de un niño sobre una palabra que no conoce, que encontrar una valija toda llena de sombreros, que la música de la luna llena con un velo de agua.

yo quiero desear la muerte porque no estoy de acuerdo con la vida eterna, con la juventud estirada, con las operaciones para borrar las arrugas. yo no estoy de acuerdo con los "no cambies nunca", con los "para siempre", con los tatuajes de la banda que me gusta. yo deseo la muerte porque la muerte da vida, porque con la muerte, lo real, las lágrimas, la certeza. nos hace falta tanta solemnidad, despojarnos del ruido, y es la muerte la más pura fuente, una mina de solemnidad descubierta por teléfono a las seis de la mañana. la muerte mata las idioteces, las filosofías baratas, los datos duros que envuelven a cualquier persona y que tenés que dar en la ventanilla de admisión de la guardia del hospital. tu número de documento, tu teléfono, el nombre que eligieron para que lleves toda la vida, de nada sirve cuando funde a negro y vienen los títulos.

deseo que esa muerte que les venga, sea la muerte de la persona que más amen. porque es a esa misma persona a la que más critican, con la que más crueles son, a la que más de una vez le tirarían aceite hirviendo en la cara, mientras la vida les da piola, les da piola y el barrilete vuela, vuela y las tiras de papel flamean, desperdician el tiempo esperando algo de alguien que nunca se los va a dar, sorprendiéndose por lo que ya conocen y después se muere, un velatorio indiscreto, era tan bueno, era tan joven, era tan linda (cosas que todos sabíamos, pero que no le dijimos jamás) y una silla al lado del cajón, un vecino escandaloso, un hijo salido del placard y entonces ese mamá, ¿por qué siempre llegás tarde? fue un rayo, hizo ruido, mucho ruido, quemó la heladera, pero después, comprar otra un sábado a la tarde, esperar el flete el lunes de 14 a 18 y entonces, todo hubiese sido más lindo si mamá, qué bueno que viniste.

les deseo la muerte porque es lo más bello que nos puede pasar. nos une en una emoción universal: yo voy a morir. vos vas a morir. tu madre, tu padre, tus hermanos, tus amigos de la escuela, los del trabajo, los vecinos, los hijos de los vecinos. es sólo una cuestión de tiempo. todos vamos a morir y eso es lo único que sabemos y hasta entonces, ¿qué hacemos?

nos deseo la muerte para que entendamos que las características extrañas de nuestras familias, los amigos con los que no tenemos nada que ver, pero que son necesarios para drenar la cabeza, los gatos que siempre se afilan las uñas sobre la misma cortina con bordado de pecesitos, el perro al que le pagan con alimento su trabajo de ladrar en el frente de una casa con jardín enrejado, las terrazas con ropa tendida, el tiempo, las mañanas camino a la escuela, los colores de la pared, las meriendas con la abuela, el viento en la cara, las cosas por hacer, el anillo que llevás hace más de diez años, la voz de tu amor, el olor de la almohada en la cama de tus padres, eso es la vida. y mientras chistás porque un pibe escucha cumbia en el celular, mientas puteás al que dobló a la izquierda, mientras puteás a tu hermano, la piola corre por tus dedos y no te das cuenta de que lo divertido del barrilete es remontarlo. y no dejarlo escaparse.

(*)

jueves, 15 de diciembre de 2011

por su propio peso (*)

cae un jabón en pan sobre el dedo chiquito del pie que sostiene una humanidad en el medio de la lluvia.
cae un vaso con jugo de limón recién exprimido
cae un noticia como un baldazo de agua fría, un baño de brea
cae el desconsuelo a través de una sonrisa desconocida
cae un ovillo de lana en las garras de un gato solitario que durante todo el día espera el momento en que la puerta se abra y le abran una lata de atún
caen las uñas, los pelos, los dientes, los gritos, los papeles, las hojas, las medias, las carpas y los horneros
caen las guitarras españolas y los bombos legüeros
cae la basura sobre el río,
caen las plumas, las máscaras y los membrillos.
cae una flecha, una ficha y una moneda en una fuente
caen las fotos, las canciones con malos recuerdos y los recuerdos también.
cae el sol, la sombra, las semillas negras con forma de corazón y las flores violetas del jacarandá
cae una pelota descosida, un árbol, un perro atropellado
uno también cae, recae, cae y se vuelve a levantar sólo para volver a rezar, a arder, a caer

sábado, 10 de diciembre de 2011

Y sonaba un cello.



Con las manos ásperas de tanto dormir, salgo a la caza de algunas de las cosas que encuentro siempre por ahí.
Botones, semillas, piezas de rompecabezas.
Pero un sobre bajo la puerta, con un cartón rojo y un cordón naranja.
"Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano".

Hay sol en el living, lluvia en la cocina; todavía es de noche en el dormitorio.
Atravieso la entrada.
Por la calle pasa una maratón.
Y desde un avión lanzan páginas sueltas de libros viejos.
Agarro una. Es la última de un diario.
El pronóstico del tiempo indica:
Etapa alentadora, reuniones importantes.
Propuestas de trabajo.
Sorpresa en el plano afectivo.
Sugerencia: no encerrarse en casa.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Luciano et moi

Luciano me dice que no puede dibujar. que siempre le dijeron que sus dibujos eran feos. que no sabía dibujar. entonces qué hace Luciano? no dibuja. yo le digo, le enseño -c'est mon boulot, mais aussi c'est un spece de violon d'Ingres- que dibujar es algo que sale de adentro de uno, que nunca puede estar mal. que sale como sale y que si uno piensa que sale mal, no va a dibujar más y es al revés: uno tiene que dibujar más para dibujar mejor, le digo. y pienso que eso es extensible a cualquier cosa: tocar la guitarra, escribir poesía, hacer un huevo frito. Luciano me repite que no, que él dibuja mal. que él no sabe dibujar. que nunca va a saber dibujar. yo pienso en todos los Lucianos del mundo, con hermanos y padres que prohíben que salga esa fuerza creadora que brota desde adentro, que cercenan el poder increíble de la creación artística, que anulan capacidades, que ponen llave al mar de posibilidades que se abren si tan solo supieran. los maldigo y pienso que si por mí fuera los mataría, pero tengo que hacer que Luciano los mate con su pensamiento, que no les dé la razón, que no les entregue sus pensamientos. Luciano dibuja una mano y me dice ves? mirá qué fea que me sale. y es una línea con curvas que hacen cinco dedos y vienen de una curva más redonda todavía, un brazo, y de un tipito que sonríe mostrando unos dientes enormes y le muestro dibujos de picasso y le digo vos creés que esto está mal hecho? y él los mira y mira su dibujo y mira el de picasso y vuelve a mirar su dibujo y me levanta los hombros sin respuesta de sus labios
bueno, basta de recreo, volvamos a francés. acá te dibujé una cabeza. tenés que escribirle los nombres a la boca, las orejas, la nariz y los ojos. los ojos me salieron feos, pero bueno.
ah, ves que vos también decís que te salieron feos? me responde.

viernes, 2 de diciembre de 2011

es que hoy ya no soy yo

no entiendo cómo es que me gustás tanto y me despertás estas ganas de arrancarme la piel, de vomitar hasta que la bilis se transforme en sangre. de cortarme el pelo a tijeretazos violentos, de cortarme la piel suavemente con una gillete. cómo es que la fascinación que siento por vos me da ganas de golpearme, de pegarme, de romper todas mis cosas. de agarrar la impresora y tirarla por la ventana, de arrancar de a mechones las páginas de todos mis libros, de partir en cuatro todas mis fotos en papel. cómo es que la pasión que me despertás me da ganas de quemarme con fuego y con agua caliente, de masturbarme hasta sangrar, de tatuarme las palabras que lleven letras más gruesas, las más dolorosas, en la piel que descansa sobre huesos. cómo es que de tan bellos que los veo, tus ojos son mi infierno individual; cómo es que quisiera grabar tu dulce voz y después escucharlo en mi mp3 a todo volumen hasta que sobrevenga la sordera. cómo es que escuchar tu nombre me despierta las ganas de querer darle a todos mis elementos un triste y repentino final a mazazos. no entiendo cómo tu belleza es tan pura, tan sublime que me dan ganas de pegarte, de golpearte en el estómago, de pasarte un fino vidrio roto por la cara, de clavarte un clavo ancho en alguna costilla, de enterrarte en arena caliente y convertirte en vidrio.
no entiendo cómo me gustaría encontrarte por la calle solamente para que me den convulsiones y un golpe en la cabeza al desmayarme me deje inconciente durante varios meses. no puedo comprender cómo es que no sentí todavía tu olor más profundo y sin embargo me dan tantas ganas de comerte. tantas ganas de cortarte en pedacitos finos, deliciosos de piel magra, quitarles los vellos y meterlos en una olla grande con caldo de gallina y después unas papas y unos tomates y almorzarte sola, un domingo a media tarde. no entiendo por qué tus manos me traen tantas ganas de cortarte los dedos, embalsamarlos, hacerme un collar con ellos y llevarlos conmigo, apoyados en mi pecho, a todas partes. no sé por qué me gustás tanto y sin embargo, te odio y te escupiría la próxima vez que te vea, porque en mis diálogos con vos, me contesto respuestas que nunca vas a darme y en todas ellas me decís que no a todo el amor que me hacés sentir en cada latido en el que te siento mío, aunque mis dientes no se hayan rozado con los tuyos, todavía.