viernes, 2 de diciembre de 2011

es que hoy ya no soy yo

no entiendo cómo es que me gustás tanto y me despertás estas ganas de arrancarme la piel, de vomitar hasta que la bilis se transforme en sangre. de cortarme el pelo a tijeretazos violentos, de cortarme la piel suavemente con una gillete. cómo es que la fascinación que siento por vos me da ganas de golpearme, de pegarme, de romper todas mis cosas. de agarrar la impresora y tirarla por la ventana, de arrancar de a mechones las páginas de todos mis libros, de partir en cuatro todas mis fotos en papel. cómo es que la pasión que me despertás me da ganas de quemarme con fuego y con agua caliente, de masturbarme hasta sangrar, de tatuarme las palabras que lleven letras más gruesas, las más dolorosas, en la piel que descansa sobre huesos. cómo es que de tan bellos que los veo, tus ojos son mi infierno individual; cómo es que quisiera grabar tu dulce voz y después escucharlo en mi mp3 a todo volumen hasta que sobrevenga la sordera. cómo es que escuchar tu nombre me despierta las ganas de querer darle a todos mis elementos un triste y repentino final a mazazos. no entiendo cómo tu belleza es tan pura, tan sublime que me dan ganas de pegarte, de golpearte en el estómago, de pasarte un fino vidrio roto por la cara, de clavarte un clavo ancho en alguna costilla, de enterrarte en arena caliente y convertirte en vidrio.
no entiendo cómo me gustaría encontrarte por la calle solamente para que me den convulsiones y un golpe en la cabeza al desmayarme me deje inconciente durante varios meses. no puedo comprender cómo es que no sentí todavía tu olor más profundo y sin embargo me dan tantas ganas de comerte. tantas ganas de cortarte en pedacitos finos, deliciosos de piel magra, quitarles los vellos y meterlos en una olla grande con caldo de gallina y después unas papas y unos tomates y almorzarte sola, un domingo a media tarde. no entiendo por qué tus manos me traen tantas ganas de cortarte los dedos, embalsamarlos, hacerme un collar con ellos y llevarlos conmigo, apoyados en mi pecho, a todas partes. no sé por qué me gustás tanto y sin embargo, te odio y te escupiría la próxima vez que te vea, porque en mis diálogos con vos, me contesto respuestas que nunca vas a darme y en todas ellas me decís que no a todo el amor que me hacés sentir en cada latido en el que te siento mío, aunque mis dientes no se hayan rozado con los tuyos, todavía.