lunes, 5 de diciembre de 2011

Luciano et moi

Luciano me dice que no puede dibujar. que siempre le dijeron que sus dibujos eran feos. que no sabía dibujar. entonces qué hace Luciano? no dibuja. yo le digo, le enseño -c'est mon boulot, mais aussi c'est un spece de violon d'Ingres- que dibujar es algo que sale de adentro de uno, que nunca puede estar mal. que sale como sale y que si uno piensa que sale mal, no va a dibujar más y es al revés: uno tiene que dibujar más para dibujar mejor, le digo. y pienso que eso es extensible a cualquier cosa: tocar la guitarra, escribir poesía, hacer un huevo frito. Luciano me repite que no, que él dibuja mal. que él no sabe dibujar. que nunca va a saber dibujar. yo pienso en todos los Lucianos del mundo, con hermanos y padres que prohíben que salga esa fuerza creadora que brota desde adentro, que cercenan el poder increíble de la creación artística, que anulan capacidades, que ponen llave al mar de posibilidades que se abren si tan solo supieran. los maldigo y pienso que si por mí fuera los mataría, pero tengo que hacer que Luciano los mate con su pensamiento, que no les dé la razón, que no les entregue sus pensamientos. Luciano dibuja una mano y me dice ves? mirá qué fea que me sale. y es una línea con curvas que hacen cinco dedos y vienen de una curva más redonda todavía, un brazo, y de un tipito que sonríe mostrando unos dientes enormes y le muestro dibujos de picasso y le digo vos creés que esto está mal hecho? y él los mira y mira su dibujo y mira el de picasso y vuelve a mirar su dibujo y me levanta los hombros sin respuesta de sus labios
bueno, basta de recreo, volvamos a francés. acá te dibujé una cabeza. tenés que escribirle los nombres a la boca, las orejas, la nariz y los ojos. los ojos me salieron feos, pero bueno.
ah, ves que vos también decís que te salieron feos? me responde.