martes, 11 de diciembre de 2012

Todo volverá a ser como fue

Lo que hiciste en mí no tiene perdón
y yo sé que me siento mucho más fuerte sin tu amor
.

Naufragábamos los dos. Vos con tu tesoro encontrado a buen precio, de albahaca, frutillas y cerezas y yo buscando un lugar donde tatuarme un ancla. Casi cambiando de ruta te vi, y te pregunté por qué, justo antes que me recordaras el agua bendita de tus besos malvados. Marea de amor, ola de recuerdos, mar de besos, litros de piel. Como a un mástil, me trepé a vos para abrazarte. Oliendo tu cuello me pregunté si alguna vez voy a dejar de quererte así, tan tanto. Caminamos juntos mientras me contabas historias sacadas de la bitácora que narra aquel tiempo que pasamos juntos (¿o debería decir aquellas tempestades que navegamos a la par?) Te extrañé en cuanto te vi. Si no sé nada de vos, no te recuerdo y ni te evoco. Más bien siento un poco de rencor. Qué pena que una palabra tan linda describa un sentimiento tan feo. Cuando pienso en vos, siento que éramos fuego y pólvora. A veces explosiones, disparos de daño; a veces fuegos artificiales. O viento y barrilete, uno y otro nos alternábamos para hacernos volar o a para dárnosla contra el pasto. ¿Te conté que no encuentro gente con vuelo? ¿Que siento que estoy hablando una lengua muerta? ¿Que ya no quedan más amigos de lo eterno? Sí, te conté. Y me hablaste del miedo que tienen todos de salirse un poco de la cuadrícula en la que está milimetrada su realidad miserable, del pánico al desborde, del terror a cruzar el semáforo en rojo.

Caminamos hasta un árbol (¿hasta dónde si no?) y antes de irte me recomendaste que usara más vestidos y que viajara en transatlántico. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Gotas del mar de amor que supimos concebir.

Al final, me tatué un faro como ese que me regalaste la última vez que crucé el océano. Y ahora veo lo que fuimos menos como un mar, más bien como una inundación en el subsuelo. Tus libros están mojados, también mis fotos tuyas. Tus monerías frente a la cámara ahora parecen una cinta pasada en un walkman con poca pila. O el cuadro ese de Dalí, La persistencia de la memoria.

La indómita luz se hizo carne en mí
y lo dejé todo por esta soledad

martes, 4 de diciembre de 2012

Un huracán arrasó mi ciudad

Es mi día libre, porque por más que sea mi decisión trabajar, los días libres son la libertad de la libertad. Entonces lo celebro durmiendo una siesta en mi cama que da a la ventana, por más de que a través de los vidrios no deje de tentarme el sol y la idea de tener un perro de la calle para pasear por el Parque de los Patricios. Pero no. Siesta. En el primer día del último mes del año. Unidades de tiempo, las unidades más únicas de todo el mundo. Mi día libre y luego de pequeños mandados que me encargué y de los que me ocupé temprano, siesta.

 

Me despierta una multitud, con su costumbre de gritar a coro, de cantar a los gritos, de saltar gritando, acompasados. No están muy lejos, su canto se oye sólido y nítido. No están en mi casa, pero están en mi barrio y las multitudes, gente en estado líquido, ocupan todo el espacio posible. Esta multitud está en su punto de ebullición y los siento en mi cama, en su estado en forma de fluido altamente incomprensible. Le cantan a un globo. Alientan un globo. ¿Cómo se puede alentar un globo?

 

Un globo es un juguete tibio. No dura más de una tarde. No dura más que una tarde. Aunque no sé de otros chiches a los que se les haya dedicado una película, salvo excepciones, nadie puede decir que un globo fue su juguete preferido en la infancia. Con un globo, ni futbol ni volley, por más de que aparente ser una pelota. Hay que tenerlo bien agarrado para que no se vaya. Y si está inflado con helio y no tiene hilo, se va al cielo de los globos sin escalas. Tenerle amor a un globo es un acto de amor inflado. Un globo que sale de la boca de una persona, dice lo que ella piensa cuando es un personaje. Un pez globo puede ser venenoso hasta la muerte. Un globo terráqueo, un globo aerostático. El globo de un chicle, el globo con forma de corazón que le regalé a mi amor, mi gran amor. La primera vez que vi un globo salchicha. La piñata con forma de globo de mi fiesta de disfraces y los globos de la fiesta con la que inauguré mi casa. Todos los globos que conocí, englobados en ese canto de aliento, gritado por una aglomeración de gente: "¡Y dale, y dale, y dale globo dale!".

 

Me encantaría despertarme siempre así, por muchedumbres alentando causas que causen gracia. Las flores lilas del jacarandá, las lunas crecientes, un perro cagando en el Parque podrían ser algunas de ellas. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

¡Eso no se hace!

Salgo de rendir un examen. Todo un año de clases, en dos horas, en dos hojas. La noche sin dormir, una bonita foto del amanecer y la radio bajita para que haga ruido, pero no más ruido que el mate acabado, entre apunte y apunte, mientras hago como que estudio. Un chocolate para festejar el cierre y un colectivo para volver a casa. Asiento a la ventanilla, miro las calles por las que anduve todo el año, pero ahora todavía tienen luz del sol. Cuando salgo de la facultad, ya es de noche y no hay nadie en esas veredas, en las que por primera vez veo gente, de todo color y edad, y perros. Me tomo la ventana para pensar en todo lo que pueda ser pensado a través de la película del movimiento, hasta que me hundo en mis propios pensamientos y me sumerjo en una siesta, mecida por el andar lento de un 150 lleno de gente. Dormida un poco, despierta otro tanto, siento que pasamos Corrientes, doblamos en Rivadavia, saludamos al Congreso, doblamos de vuelta. Y en eso, un grito me sobresalta.

-¡Eso no se hace!

Lo grita una chica de rodete en el pelo largo, aros en la cara, mochila chiquita en la espalda. Es gordita y tiene calza y zapatillas deportivas. Toda una contradicción que subió en Independencia.

-¡Eso no se hace!, vuelve a exclamar.

Y yo, medio despertada, medio dormidada, pienso en qué podría ser eso que no se hace.
Si no se hace solo o es que necesita de alguien que lo haga.
Qué necesita para ser hecho.
Qué es un hecho si todavía no se hizo.
Es una decisión antes de ser elegida.
Es pedir permiso para huir.
Es llegar tarde para no ir.
Es marcar un número para no hablar.
Es escuchar la radio aunque sea sólo ruido.
Es viento invisible, es amanecer nublado.
Cuántas cosas son las no hechas.
Cuántas cosas no son hechas y, sin embargo, son.
Gabo Ferro dice que el amor no se hace, que hacer es un verbo de segunda.
Y yo pienso en mi lista de verbos, el ayudamemoria para saber conjugar: ser, amar, tener, terminar, ir.
Hacer, me falta hacer.
También me falta amar,
me falta terminar, me falta ir.
Me sobra ser.
Pero sigo sin saber
qué es lo que no se hace.


Llego a mi casa y pongo Youtube, la televisión à la carte para los que no tenemos televisión.
Catupecu Machu dice que nadie cree en mi opinión.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Carta para Marco


Cruzo un parque vestido de verde y violeta por la Tía Primavera
tengo un sobre de papel madera en la mano
que va a cruzar el océano volando.

Lo agarro fuerte, como si así pudiera llevarme a mí
o llevarse algo de mí.
Lleva adentro un mapa
que no es para que no te pierdas
si no para que puedas encontrarnos pronto
en este mundo infame.

De este lado del océano
siempre somos nosotros
no soy yo, por más que sea yo
para vos, somos siempre un nosotros.

En el parque hay unos chicos grandes
amontonaron sus mochilas
escuchan cumbia en sus celulares
y juegan en las hamacas.
Mientras tanto, yo pienso que nunca te hamaqué
y no creo que alguna vez lo haga
y trato de imaginarme
qué harás con tus amigos a la salida de la escuela
y cómo serán las palabras que uses con los pibes. 

Llego a la oficina de correo
y siento que te escribo desde el pasado
Para mí es primavera, para vos otoño.
Vos me enviás mailes con fotos adjuntas
yo te mando cartas con mapas.
Pero en diez días hábiles
tu mamá, me imagino, '¡Lettre pour Marco!'.

Cuando lo abras, desplegarás el mapa que encontré para vos
(que para vos es una y es 'carte')
Y un 'on t'attend quand tu veux'.

Entonces, otra estrella se encenderá en el caos universal.
Porque en este mundo no somos pocos
los que enviamos afecto por correo
los que esperamos a distancia
los que armamos familias a pesar de los océanos
los que arrojamos amor al espacio y al tiempo.

Pero vení pronto, que no parás de crecer
y tenemos tanto amor para darte
y te esperamos siempre
y pronto vas a tener una prima
que tal vez se llame Vera.

martes, 6 de noviembre de 2012

Movimiento sostenido

mi mamá me ama. mi mamá me muerde. mi mamá me miente. mi mamá me abraza. mi mamá me grita. mi mamá me mima. mi mamá me juega. mi mamá me alienta. mi mamá me felicita. mi mamá me cocina. mi mamá me come. mi mamá me engorda. mi mamá me mina. mi mamá me echa. mi mamá me reta. mi mamá me banca. mi mamá me divierte. mi mamá me consuela. mi mamá me compensa. mi mamá me duerme. mi mamá me espera. mi mamá me empuja. mi mamá me pare. mi mamá me llama. mi mamá me contesta. mi mamá me escribe. mi mamá me promete. mi mamá me cumple. mi mamá me dignifica. mi mamá me molesta. mi mamá me apura. mi mamá me atrasa. mi mamá me visita. mi mamá me invita. mi mamá me traga. mi mamá me inventa. mi mamá me muestra. mi mamá me fascina. mi mamá me define. mi mamá me cela. mi mamá me alucina. mi mamá me poesía.

viernes, 12 de octubre de 2012

Se entregaron los premios del Salón Nacional de Pintura 2012

y el premio mayor lo ganó un oleo sobre tela de Marcia Schvartz, que se llama Fanzinerozo. foto de la artista con el jurado, una copa en la mano, todos; todos anquilosados en un sillón que se prende fuego como la mente del tipo del cuadro, que está sentado en un sillón. lugubridad como la del grito de Munch, pero con más definición y si me pedís definiciones, mi definición más reciente de cosquillas es eso que sentí en la cintura la última vez que te despediste. "dale, hablamos", mientras bajabas la escalera y te levantabas la solapa del saco negro de lana, con un Gitanes encendido colgando de los labios secos, pero violetas de vino, y dejabas volutas de humo como quien deja un perfume que queda sonando varias horas después de haberse ido el cuello que pintaba y como si hubieses sabido que después me ibas a hablar desde un cuadro ganador de un premio nacional.
como en El Grito de Munch, ahí también amanecía aunque estuviera nublado.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Tengo que conseguir una manguera

                                                                 
                                                                     
                                             

Dos cosas me inquietaron hoy
el síntoma de saber lo que tengo que hacer
  y no hacerlo
 y
el vicio de meterme a bucear en mis estados de mente
droga psicoactiva que me seduce a cada momento
y con el más mínimo estímulo
y que, estoy segura, debe ser carísima
porque es gratis







Dicen que a donde se fue feliz no hay que volver
y hace algunos días volví a esa pileta en la que aprendí a nadar
en la que pasé casi todos los veranos de mi infancia y mi adolescencia
y fui feliz
[ahí y entonces, sí
pero aquí y ahora]
no cuando me zambullía en el agua
no cuando me movía de una punta a la otra
   de una punta a la otra
sino cuando me sumergía en la parte más profunda
para nadar al ras del suelo
cuando hacía algo parecido a bucear
en una pileta del conurbano bonaerense

mi cabeza. la pileta. bucear

también fui felíz moviéndome, dando vueltas
volando en el agua fresca
   frases y fresas
bailando en el agua sucia
   danza de piernas y brazos
   saltar y rezar
abrir los ojos para no ver nada
   claridad oscura
respirar 
adelante y atrás
pensar en no pensar
 
recordar todos esos veranos ahí, cuando el cielo ocupaba el espacio de ese techo de lona blanca
evocar las gotas de lluvia que vi quebrar el agua
y a las veces que fui la primera en llegar y la última en salir 
pidiendo un ratito más
 un ratito más

todas las piletas, las playas y los ríos que viví siempre me llevaron a esta pileta.
¿el agua es un elemento vivo? 
agua viva en mi memoria

entonces
como el chasquido de un fósforo
que raspa el borde de la caja
siento el olor a gas que viene de la cocina
dejé la llave de paso abierta
y cuando voy a cerrarla, como se cierra una canilla que gotea
caigo en la cuenta que estoy buceando en mi mente otra vez
que es medianoche
y que tendría que estar haciendo la tarea
que era para mañana
pero un ratito más
un ratito más
abajo del agua
un ratito más

jueves, 20 de septiembre de 2012

-¿Dormís? -Un montón.

El cuarto está lleno de hongos
la televisión encendida en mute
la ventana recién cerrada
todavía se escucha el ruido de la calle
un colectivo que frena
una planta que florece
la lluvia
y olor a cebolla fríta. 

Vos dormís y yo te hablo
aunque estés con los ojos cerrados
te hablo igual
porque después de todo
me escuchás con los oídos
y porque me gusta hablar
con la televisión prendida 
y la ventana cerrada.

Y no esperar hasta mañana
cuando el sol atraviese el vidrio
ahora es nunca 
charlas agotadoras
hasta que los ojos se cierran
y la mirada se ensordece

[estrella de mar
luna con nubes
volar a tus pies
tender la cama
echarme a correr
milagro y socorro]

tapados hasta las narices
no hay luna llena, hay luna sonriente
que descansa en el cielo
como mi papá

mientras ella se estira y se extiende
muestra los dientes
cuarto creciente 
nosotros en el cuarto menguante
porque la habitación nos hace
cada vez más chicos, más apretados
más uno 
menos dos. 

Última página
anillo en el dedo anular de una libreta de bolsillo
promesas de eternidad
nunca nada dura para siempre
pero igual
ámense
a muerte
a merced
a dormirse.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Suicidio en Parque Patricios

Anoche, mientras llovía, un cactus se arrojó al vacío. Su cuerpo fue hallado sin vida esta mañana. Sus raíces desnudas de toda tierra yacían sobre la calle empedrada. También llovía. De sus bracitos llenos de espinas no quedaban ni los huesos. Oriundo de las sierras cordobesas, se desconocen las causas de su suicidio. Sin embargo, todas las pruebas señalan que se deben a la melancolía provocada por la humedad porteña.

lunes, 20 de agosto de 2012

Una atracción particularmente dulce

Me gustan las cosas dulces
siento algo particular
una atracción particularmente fuerte
por las cosas dulces
por las partículas dulces de las cosas
por el amor de madre, de pareja, fraternal
por las galletitas con pasas de uva
por la música para hacer el amor
por la música para tener sexo
por el chocolate con maní
por las pasas de uva
por el cappuchino con canela
por tus caricias en mi cuello
por las conversaciones serenas y sin interrupciones de ningún tipo
por la infancia
las fotos viejas, los recuerdos
el helado de menta granizada
los alfajores vauquita
las cosas dulces me atraen
son las que más me gustan
las canciones de Kevin Johansen
las noches de tormenta, desnuda, amada y amante
un abrazo de bienvenida
un desayuno con miel y banana

me gustan las cosas dulces
la dulzura ortodoxa
levanto las banderas de la dulzura
la diabetes es un gran verso
azúcar para todos
caramelos cristal en los bebederos públicos
boletos de tren garrapiñados

me gustan las cosas dulces,
y nunca las tomo de a una
algodón de azúcar rosado
la mano agarrada a otra mano
(no una derecha y una izquierda de un mismo cuerpo
una derecha mía
una zurda ajena)
caminar de la mano es dulzura
canciones de cuna
bombones de fruta
tardes de verano
seguir viviendo sin tu amor es dulce
la transpiración, aunque salada, si es ajena es dulce
el semen y la saliva pueden ser dulces
una poesía puede ser dulce
una nota sobre la mesa
te dejé flan en la heladera, cielo
un mensaje de texto la mañana siguiente
una foto de un viaje, lo más dulce
una mandarina desnuda es dulce
un pomelo rosado
mi manía con la sandía se justifica por esa dulzura que brota en jugo fucsia

me gustan las cosas dulces
los apellidos que son nombres, dulzura pura
los nombres que tienen poesía, pura dulcería
Piedad, Amparo, Paz
Victoria, Salvador, Franco
son dulzura
agua fresca es dulzura
el cuerpo recién bañado es una dulce invitación
saber esperar es noble y dulce
70 flores en un balcón, la supervivencia de la dulzura
los chocolates que me regalaste por mi cumpleaños
podías ser dulce, dulce
viajar por las nubes con vos, dulce
cogerte en mi casa
borrachos de madrugada
un día de semana
siempre es dulce
dulce como el color naranja
que es dulce como el olor a jazmín es dulce
el olor de tu ser siempre será dulce
y el dulce de leche es dulce al fin.

martes, 14 de agosto de 2012

Estaba en llamas cuando me levanté

Me despierto. Llueve. Me levanto. Preparo el café. Preparo la cafetera. La enciendo. La miro. Minutos después empieza a toser, en pleno proceso de preparar el café. Ella prepara el café sin usar fuego y yo la adoro, le rezo cada mañana, le encendería una vela. Tose más y más. Escupe negro. Llena la jarra de café. La jarra rebalsa. El café sale para todos lados. Recorre el mueble en donde está la cafetera y toma una ruta directa hacia el borde. Tensión superficial. Duda. Decide caer. El café cae. Llega al suelo. El suelo se hace de café. Dulce y caliente, llena la cocina, se va al comedor. Sube los bordes de la pared. Llega a los tomacorrientes. La casa se electrifica. El sillón se prende fuego. Evacúan el edificio, vienen los bomberos. Rescatan a mi gato y luego me rescatan a mí. La policía me pregunta qué pasó. Yo les contesto que no puedo contestar nada si todavía no tomé mi café de la mañana.

jueves, 26 de julio de 2012

Pero vos, ¿por qué me hacés esto?

No puedo parar de llorar. El té se enfría sobre la mesa vidriada y yo no puedo parar de llorar. No sé por qué lloro. Supongo que es una escena que estoy montando para que la Preceptora me tenga lástima. Agarro el té, que está en una taza de vidrio, cónica, color caramelo y tomo un sorbo. Está más frío de lo que pensaba y tiene una aureola de aceite. Cuando lo termino, puedo ver la marca que me saluda desde el fondo de la taza.

Parece que la bisagra de la puerta de la preceptoría necesita aceite, porque hace un ruido rarísimo. Yo trato de darle una forma, como quien quiere señalar una nube, imaginándose que una concentración de oxígeno puede ser un árbol, un jinete y su caballo, una radio. Cuando entró mi mamá, no me saludó a mí, no saludó a la Preceptora ni saludó a la Directora. Vino directamente hacia mí y con las llaves todavía en la mano, me dijo "Pero vos, ¿por qué me hacés esto?".

Quise darle una pronta respuesta a su pregunta, así que agarré la máquina de escribir del Secretario y la tiré por la ventana. Atravesó el vidrio, rompiéndolo en pedacitos que cayeron al suelo de la planta baja unos pocos segundos después de que las teclas de la Remington se desparramaran por la vereda del Colegio.

viernes, 8 de junio de 2012

yo me sé tuya

saberse de alguien en todo sentido y con toda razón, con toda la razón, por todas las razones, sin razón alguna
yo me sé tuya y eso no me abandona
y nada más me importa que el momento en el que nos tenemos desnudos
en este mundo inmundo
desnudos los dos, yo me sé tuya, vos sos mío y afuera cae el sol, caen las estrellas, cae la luna y vos montado en mi monte de Venus, dormis una siesta en mi almohada, no importa la hora que sea, sabés que ahí se guardan tus sueños y yo sé que en tus brazos se guardan los míos y entre tus piernas se guarda mi sedante y qué rico que es drogarse así, saber que mi droga es mía y nada más que mía y que vos sos
ah
vos sos mío
yo soy tuya
saberme tuya me hace libre, me libera de felicidad, me hace feliz, me hace deliciosamente dulce, me hace dulcemente adicta, me hace ácidamente precisa, me hace ligeramente lisa, me hace uniformemente variada, me hace única e irrepetible y hace de tu miel mi panal, o es al revés? o yo soy la abeja y vos el néctar?
quién es quien?
yo soy tuya y vos sos mío y saberme tuya, simplemente me inspira a escribir porquerías

lunes, 4 de junio de 2012

Origen extremo

"No vayas, por favor. Quedate, no vayas", le pedí, descerebrada.
"Linda, no puedo faltar a trabajar. Y además, es un rato nomás. En un par de horas ya estoy de vuelta", me respondió mientras me besaba y me mordía un pezón.
"Dale, no vayas", insistí.
"Bueno, no quiero llegar tarde. Te mando un mensaje cuando salga para acá", me dijo como si yo no hubiese insistido.

Antes de salir, puso play a un cd con toda la discografía de Catupecu Machu. Cuando cerró la puerta, una lágrima me corría por la nariz para pasar luego al otro ojo y de ahí, a la almohada. Nunca son un par de horas. Nunca vuelve para acá. El "del trabajo a casa y de casa al trabajo", con él no va ni ahí. Y creo que eso es lo que más me enferma. Que a la salida del trabajo, tomar algo con amigos, ir a bailar un rato y amanecer tomando cocaína en algún departamento al que ya le pega el sol son algunos de los caminos por donde sigue su noche. Lejos mío todos, yo estaré esperando acá, llamando noventa veces por hora a un celular que está apagado, a sus amigos que nunca saben dónde está y toda llena de llanto. Si no es en la cama, será en el baño o la cocina. Entonces no es que no quiera que vaya a trabajar, es que quiero esperarlo a que vuelva cuando creo que va a volver y no diez horas más tarde. Entonces, sigo en la cama como si fuese que si me quedo en el mismo lugar en donde lo despedí, nada se alterará, las horas pasarán más rápido y volverá más rápido y tal vez esta noche cumpla con lo de que son un par de horas y ya estará de vuelta. Entonces, los vecinos gritan porque están jugando a la Play y yo estoy aferrada a una almohada con tanta fuerza que podría empujar la Tierra para que las horas pasen más rápido.

Permanecer en la cama me da una calma uterina. Abajo de las frazadas, todo es menos áspero. Entre las sábanas, mojadas de transpiración y llanto, puedo pensar menos. O más y mejor. O peor. No lo sé muy bien. Se me acerca el gato y le acaricio la panza. Supongo que los gatos saben hacer eso, acercarse a sus dueños cuando los ven tristes. Le juego un poco, le hago cosquillas hasta que se enoja y me muerde la mano. Le pego una cachetada y lo estampo contra la pared. Grita justo cuando los vecinos metieron un gol. Sale corriendo y lo pierdo del campo de visión, que es todo lo que rodea a la cama. Me chupo la sangre de la mano, como si me hubiese mordido una víbora. Guardo abajo de la almohada la mano y me duermo un poco hasta que otro gol de los vecinos me vuelve a despertar.

Ese instante en el que me despierto, ah, cómo me gustaría sacarle una foto a esos pensamientos. Todo está tan claro. Este dolor es mi cocaína. Tirada acá, todo es tan lindo. Muerdo esta tristeza como si mordiera un elástico atado a mi brazo, listo para ser inyectado con una dosis de depresión. Mientras me duele la mordida en la mano, la voz de Fernando Ruiz Díaz dice que Got to be good looking cause he's so hard to see, en el Come Togheter de Dale! y pienso que amo estos domingos en los que él y yo nos venimos juntos, pero los odio porque mañana lunes a las tres de la tarde va a volver afiebrado y yo voy a estar esperándolo con rabia, en la misma cama en la que lo despedí.

Desde que perdí la virginidad hasta ahora, desarrollé cierta habilidad para enredarme con hombres así de ausentes. Ausencias que no están presentes. Ahora suena Mil voces finas: He llegado hasta aquí, todo se terminó, repetía el liquidado... El dolor del que busca y no encuentra/ el temor a hablar de miseria/ la razón que mira al costado/ el instinto indomable /suelto sin riendas. Me causa gracia cuando presento un nuevo novio a mis amigas y tratan de hacer un rompecabezas con el novio nuevo entre los otros novios que presenté. Diseccionan personalidades como si de degustar un vino se tratara. Comparan, testean, aprueban y desaprueban la relación. Freudizan el asunto y le asignan la culpa del issue a mi padre desaparecido. I don't give a fuck y sigo cogiendo con quien me viene en gana y cuanto tiempo sea posible, por lo menos hasta que es la hora de ir a trabajar, entonces esta depresión de domingo, dentro de una depresión de domingo. Hermoso, todo junto, difunto y podrido.

Tirada en la cama, la música sigue sonando. Escucho a los vecinos que se cagan a palos, porque uno que ganó la partida se burla de otro que la perdió, entonces algo cayó al piso violentamente y los gritos de mujer, la histeria familiar. No necesito un vaso para escucharlos pelear. Se gritan todo el tiempo. Ahora, al menos me sirve para distraerme de mí. El gato vuelve a mí, le muerdo una oreja. Salta la cama, sale corriendo. Ojo por ojo, mano por oreja. Me río. La mancha de humedad del techo se expande a cada minuto. Empieza a llenarse la casa de agua. No reconozco el sonido del grabador porque empiezan a chispear cada vez más fuerte los cortocircuitos. El gato, ya flotando en agua que no para de caer desde el techo, me dice: "¿no te parece que ya es hora de reconsiderar una alternativa a la depresión?".


Origen extremo es una canción de Catupecu Machu, editada en el disco "Cuadro dentro de Cuadros

domingo, 27 de mayo de 2012

Hello Sun. How're you doing? Are you alright?

Hace una semana
           o diez días
que está nublado el cielo
           y yo necesito
           que salga el sol
           al menos unas horas
que salga el sol
que me recuerde su forma, su color, su olor
que alumbre mi ventana
que me pegue un cachetazo
            en la cara
necesito que me despabile un poco
             de esta depresión
             de este entumecimiento celestial
             de este adormecimiento diario

             de diez días de tanto gris, viejo y enfermo
tanto gris y tanto blanco 
necesito volver a ver el cielo celeste


otro día nublado más y voy a desabastecer de chocolate al barrio
y mi ánimo va a salir volando como globo al que lo soltaron antes de anudarlo
para luego caer
como caía el sol
cuando había

necesito que salga el sol
ya está, ya entendí
             nunca voy a poder vivir en un deparamento que dé al pulmón de manzana
(algo muy distinto que su corazón)
             nunca voy a poder vivir en Londres o París
de acuerdo, ya entendí
ahora, por favor, que salga el sol
                           que salga ya
aunque ahora sea la una de la madrugada
y yo no pueda dormirme todavía
porque la depresión me apoca
y hoy no hice nada de todo lo que tenía para hacer
por favor que salga el sol
que salga mañana a la mañana
que salga un rato a jugar

yo rogaba lo mismo
cuando estaba en la pileta en la casa de mis primos
             que salga el sol
             que salga el sol
entonces nuestras voces de niños eran viento fuerte que corría las nubes y volvía el cielo de verano
ahora es otoño, no hace frío
pero hace cien días que está nublado.
no llovío mucho en esta semana
todos los días saqué a pasear el paragüas
             salió, volvió y volvió a salir en el mismo lugar en la mochila, el paragüas
hoy vi una foto de Michael Jordan con un paragüas
¿los altos también se deprimirán con los días nublados?
¿cómo sobrevivir a una semana con clima de domingo a la tarde?

veo el cielo desde mi ventana
el celeste de los días soleados se vuelve rosado en las noches nubladas
y yo me estoy muriendo por un cielo macho
por favor, Dios, que salga el sol
laberinto privado, maravilla del mundo 
necesito que salga el sol
             no tengo ropa colgada en ninguna soga
             ni zapatillas húmedas
             ni cactus sedientos de luz natural
pero necesito que salga el sol
y recuperar mi sombra
y arrugar la frente al mirar hacia arriba
y ver pelusas volando en el aire

¿habrá una danza del sol?
¿un hechizo, una cadena de oración, una promesa?
necesito que salga el sol

             que vuelva la alegría
             que tanta luz responda mi llamado

Hello sun. It's me. Are you there? Please, pick up the phone. Please?
              Will you be back soon, sun?

lunes, 21 de mayo de 2012

Oh weekend, where art thou?

Oh fin de semana, tiempo precioso, tesoro finito, el que más tengo que cuidar, animal que se reproduce y se extingue cada siete días, el más lindo, el tiempo para mí.

Oh fin de semana, fuente de fantasías, deseo tantas cosas con vos el viernes y cuando llega el domingo me doy cuenta de que poco pudimos hacer.

Oh tiempo preciso, precioso, escurridizo,  te me vas como agua de las manos como la juventud de mi rostro, como las formas en las nubes del cielo. Oh fin de semana, que en las vacaciones te corporizas extendido, estirada licencia del tiempo ocupado, recuerdo de aquella adolescencia en que era tiempo lo que sobraba y ansiedad lo que desconocía.

Oh tiempo del fin de semana, qué enorme la felicidad que me despiertas al ver aproximarse un ejemplar de la especie tuya, de la variedad largo, presto, galopando hacia aquí, dispuesto como todos los de tu género a endulzarme con sus promesas, con sus milagros por hacer, con sus necesidades por cubrir. Oh fin de semana largo que me aseguras que todo lo lograrás cubrir, panacea cronológica para lo que vivimos presos en esta carrera, perseguidos por las agujas del reloj en su recorrido singular, circular, sin igual. Oh fin de semana, el próximo lunes te habrás ido otra vez de mí. Entonces otra vez esperaré que vuelvas, que me prometas la llave universal que abra todos los candados de los compromisos que me atan desde hace tanto: coser las medias, llevar a reparar el mp3, ir a Pompeya a comprarle alimento al gato.

Oh fin de semana, son tu sábado y tu domingo una pareja engañosa: aparentan  traer consigo toda la felicidad pero cuando el lunes llega resultó en realidad que todo ese tiempo se estuvieron engañando a sí mismos en la rutina de existir.

viernes, 18 de mayo de 2012

Orage d'idées

me despierto confundida
después del vendaval que pasó por mi casa
apoyo los pies sobre el piso
desnudos, siento frío
miro lo que quedó en pie
me acomodo el pelo
para ver mejor
                          allá la almohada, una media
                          acá una remera y una zapatilla
qué pasó por acá:
                una discusión
                una escena
                un tornado
                una danza milenaria que mantuvo a la humanidad persistiendo en este mundo]

                lo miro a él, todavía dormido
                    y me voy al baño
                en el camino pienso
                que hace frio
                que tengo frío
                que estoy desnuda
                que voy a aterrizar en la ducha
                y a mear mientras me baño

apenas el olor a pis se esconde
                                se esfuma por la rejilla
llega él
entonces el tornado otra vez
                ahora es tormenta
                abajo del agua

sábado, 12 de mayo de 2012

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?




El viernes fuimos con Sebastián a una charla acerca de la historia del vestuario en el cine, que daban en la Universidad de Palermo. Nos habíamos encontrado en San Telmo, en la esquina de mi trabajo, cuando salí. Compramos una cerveza en un supermercado chino, que volcamos en un envase vacío de Coca de litro y medio, y caminamos desde Independencia y Piedras hasta Córdoba y Mario Bravo, mientras nos poníamos un poco al día con nuestras cosas. El recorrido fue Independencia, Nueve de Julio (por el Bernardo de Irigoyen side) y luego Córdoba hasta Mario Bravo. Todo, por puro gusto de charlar caminando. O caminar charlando.

Ironías de la vida, íbamos a una charla acerca de vestuario y Sebastián tenía la campera roja que lo abriga hace siete inviernos, yo un saco negro que ya está blanco de tanta mugre. Y los dos, con las zapatillas rotas. A mí no me gusta que las cosas duren poco, no me gusta comprarme cosas nuevas, salvo que lo necesite de verdad. Así que uso las zapatillas hasta que sangren. Y a Sebastián, la plata no le alcanza para cambiar de campera, cambiar de acolchado, cambiar de paquete de arroz. Pero a los dos nos interesó el tema y, además, la charla era gratis en uno de los palacios académicos de la ostentación. Así que ahí fuimos.

Escuchamos a un tipo que durante casi dos horas habló acerca de los criterios que se tuvieron en cuenta para vestir de Cleopatra a Elizabeth Taylor, de modelos a las modelos de Blow Up, de androides a los androides de Blade Runner y de novia a Uma Thurman en Kill Bill. Todo apoyado en una presentación en una especie de power point muy moderna, que indicaba quiénes habían trabajado en cada película y subrayando la poca importancia que se le suele dar a una de las patas fundamentales en la recreación de una historia.

Mientras tanto, yo me preguntaba por qué en esta ciudad, como cualquier ciudad grande, es tan importante cómo nos vestimos y la imagen que damos, por qué la calle Avellaneda todavía no fue declarada monumento nacional al uniforme urbano. Por qué una etiqueta Levis da tanto prestigio como una manzana mordida en el frente de una notebook, qué sentido tiene gastar el doble en algo que uno puede pagar la mitad. Y cómo las adolescentes llegaron a vestirse todos iguales, según su clase social: las más adineradas con calzas, camisas de jean y borcegos y las más pobres con pantalones elastizados, campera a la cintura, rodete y zapatillas deportivas. No pensaba en el cuerpo, pensaba en la ropa. No hay ningún matiz, todos están seriados y requiere tanto coraje como osadía romper el molde y vestir otra cosa que no sea eso.

A mí nunca me importó la ropa. En mi habitación de chica lo que se renovaba siempre eran los juguetes y no los vestidos. No soporto comprar ropa, me parece una tortura. No hablo del cuerpo, hablo de la ropa. Nunca encuentro nada que me guste y siempre la paso mal. Aunque ahí, viendo las creaciones producidas para otras creaciones, me dieron ganas de salir a reventar la tarjeta y comprarme trajes y trajecitos, zapatos, collares, vestidos de fiesta, chalinas y tapados. Y llevarlo a Sebastián a comprarse una campera nueva.

Todo fue muy bien hasta que al final de la charla, a modo de cierre, el tipo, un tal Matías (nombre de niño que a un hombre grande le queda mal) le pasa la posta a una Constanza (nombre muy UP), que nos contó que la planilla que nos habían dado a la entrada era una encuesta para saber cómo habíamos llegado a la charla, y que podíamos dejar el mail para que nos manden información de otras charlas. Y –y ahí vino la sorpresa- que la charla esta formaba parte de un programa educativo que armaba la UP en sus facultades, y que si nos había interesado, estaban programando un gran encuentro, con charlas y talleres, en un campus en Pilar, que duraría un fin de semana, con traslado, vianda y materiales incluidos, por tan solo 950 pesos.

Lo mismo dije yo: ¿qué carajo? Cómplices, con Sebastián nos miramos y nos reímos. “Con esa plata filmo Cleopatra II, y con mejor vestuario y todo”, dijo Sebastián en voz alta. Constanza se molestó, porque el comentario se escuchó fuerte y claro en el auditorio. Frunció la nariz y después dijo que estas charlas estaban orientadas para aquellos que no tenían dinero para pagar el encuentro. Y Sebastián, que si de contestar se trata es mandado a hacer, le retrucó “No mientas. Estas charlas son para publicitar ese encuentro”. Acto seguido comenzó el show.

Lo que siguió fue lo de siempre. Con Sebastián tenemos cierta experiencia en levantar revuelo. Primero se despierta el murmullo, después algún desubicado toma parte por el garca y vocifera algún comentario guionado por Clarín y luego aparece el pacificador, que en este caso fue Matías, para calmar los ánimos. Yo, que llevo mi resentimiento social a flor de piel, me dediqué a levantar la voz lo más fuerte posible, tanto como para que Constanza se lleve su diploma de Licenciada en lo que sea a otra parte.

Por supuesto que Constanza nos increpó para saber cómo era que nosotros habíamos llegado a esa charla. O más bien, cómo estos dos roñosos habíamos osado pisar la UP. Y Sebastián y yo, que ya estábamos contentos de haber armado semejante escena, nos sentimos discriminados por pobres y pedimos un libro de quejas en donde dejar asentado que nos estaban marginando y cómo.

Así que Constanza le pidió a una chica que estaba atrás de todo que trajera el libro de quejas. Pero creo que lo hizo para que nos fuéramos rápido, como ya se había ido la mitad del auditorio. Nosotros pusimos play a la cinta por la que se transportaron los que también sentían que los estaban invitando muy cordialmente a asistir a una charla, bajo el viejo y eficaz artilugio de “el primero te lo regalo, el segundo te lo vendo”. La chica volvió rápido con el pesado bibliorato y yo, que en escribir quejas ya tengo un máster, me dediqué a redactar nuestras razones, sentada en una butaca del auditorio, mientras en el frente del auditorio Sebastián discutía con Constanza.  La morocha de ojos verdes que trajo el cuaderno numerado, se reía de lo que decía Sebastián y a mí me daban ganas de cerrarle el cuaderno en la cara. Cuando levanté la cabeza, vi que se estaba agarrando la cintura y me compadecí de su lumbalgia. Pero estaba bastante caliente, así que le pregunté de qué se reía y cómo se llamaba. “Contractura lumbar, me llamo”, me respondió la muy hija de puta. Típica maldad de cotillón, con sonrisa falsa que no muestra los dientes, propia de una Constanza, una Pilar, una Pía y nombres por el estilo.

Así que una vez que firmé, nos acompañaron muy amablemente a retirarnos. Pero no por el pasillo por donde habíamos entrado al auditorio sino por otro lado, por una oficina, para que sellaran la queja en el cuaderno y no sé qué más dijeron. Con Sebastián nos miramos y nos dimos cuenta que estábamos hambrientos de cólera. Queríamos más quilombo, más gritos, más todo. Así que mientras Constanza selló el cuaderno, Sebastián agarró una notebook que había sobre un escritorio y se la metió adentro de la campera, por abajo y sin abrir el cierre.

Constanza no se dio cuenta ni del faltante ni de nuestras urgentes ganas de irnos rápido. Así que adiós Constanza, adiós morocha y nos fuimos. El riesgo más grande era atravesar el control de seguridad de la entrada. Cuando estábamos bajando las escaleras, Sebastián me mostró que con la notebook había una identificación de la Universidad. Una de esas tarjetas magnéticas con las que te enseñan de chiquito nomás a pertenecer a esta sociedad de control. Pero el tipo de la foto tenía bigote y pelo corto y Sebastián sin barba y con sus rulos sueltos y por el hombro. No nos dijimos nada al respecto y cuando llegamos a la puerta, le preguntamos al tipo de seguridad, si podíamos salir por cualquier parte y nos dijo que sí. Aunque enseguida nos paró uno de la Universidad, con remera con loguito y todo. “Chicos, ¿están apurados?”, nos preguntó. “Y sí, mirá, yo estoy llegando justo a mi trabajo, porque trabajo de noche y él tiene que ir a buscar a sus hijos en un rato, ¿por?”, respondí con cara de póker, que es la misma cara con la que se mira a un comerciante cuando le pagás con un billete falso o cuando te revisan un solo compartimento de la mochila a la salida del supermercado. “Ah, no, por nada. Es que cuando salen tienen que darles un papelito. Pero, ¿ustedes vinieron a una de las charlas?”. “Sí, sí”, dije yo, con seguridad. Sebastián siguió caminando como si de él no se tratara el asunto. “Ah, bueno, bueno. No importa entonces. Pero para la próxima ya saben”, nos dijo y nos dejó ir rápido, para atender el teléfono que había empezado a sonar cuando nos había parado.

Salimos casi corriendo, sin saber para dónde ir. Esa adrenalina de haber robado algo era un efecto que hacía mucho tiempo no sentía. Agarramos para Libertador y creo que fuimos más rápido que un chita, porque en unos veinte minutos llegamos hasta la Avenida. Yo, que le había dicho a Sebastián de guardar la compu en mi mochila, ya me imaginaba todo lo que podía hacer con una notebook nueva. Justo ese viernes a la mañana había pasado 40 minutos tratando de bajar a mi compu unos discos de reggae del mp3. Ya me podía ver, abriendo mil ventanas a la vez y sin que se me colgara nada. Creo que Sebastián se debe haber visto en lo mismo, porque todas esas cuadras no nos dirigimos la palabra.

Cuando éramos novios, disfrutábamos un montón las caminatas en silencio. Una vez Sebastián me preguntó si a mí me molestaba que no hablemos y yo le contesté que me parecía alucinante, que sentía que en esos momentos sincronizábamos nuestras energías. Pero ahora la cosa era distinta: no estábamos siendo novios, estábamos siendo socios en un choreo. Así que huimos todo lo que pudimos hasta que un semáforo nos obligó a parar en una estación de servicio. Compramos una Coca y nos miramos eructar. “Qué onda de mierda que tenía esa gente, ¿no?”, dije, para cortar el silencio. Sebastián no me dijo nada. Se puso a mirar a unos pibitos que jugaban a cruzar la calle con el semáforo en verde, esquivando los autos. “Yo no puedo hacer esto”, dije. “Yo tampoco”, respondió. Y fuimos a buscar la parada del 128 para devolver el botín.

Cuando llegamos a la UP, el tipo que nos había parado se estaba imprimiendo un libro, mientras miraba la tele. Le dijimos que queríamos hablar con una chica que había estado en la charla, que no sabíamos el nombre. El tipo marcó un número y anunció: “Hola, te buscan dos chicos acá abajo. ¿Podés venir?”. Mientras esperábamos, en la tele pasaban la publicidad de una película con Michael Jackson aún negro, caminando por Nueva York, pisando charcos que reflejaban edificios enormes y semillas de humo que brotaban desde alcantarillas. “Una ciudad muy grande”, se llamaba la película. A los dos minutos se nos acercó una colorada de ojos celestes. “Chicos, ¿los puedo ayudar?”, nos preguntó. Nosotros lo miramos al tipo, que estaba tratando de disimular las hojas que no paraban de salir de la impresora láser. Con cara de bronca, le dije “esta no es la chica que te digo. Esta es colorada y nosotros estamos buscando una morocha de ojos verdes. ¿Te parece que si estuviéramos buscando una colorada no te lo hubiésemos mencionado?”. 

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es el nombre de una novela de Phillip Dick.

martes, 10 de abril de 2012

Nací en el '82, con Galtieri a la cabeza

Yo no debía estar acá y si escribo esto es porque espero que alguien llegue a
leerlo, y sienta este miedo, esta desolación y este dolor y que pueda percibir el
sabor de la muerte inminente tal como yo lo estoy sufriendo ahora, porque nunca
entendí bien lo del número bajo, pero yo estoy acá, con las botas agujereadas y el
barro entrándome en los pies y las manos lastimadas y la espalda cansada,
cargando un uniforme que me queda enorme, una mochila con elementos de
supervivencia elegidos por un asesino, seguramente, no sé, y pienso que si
alguien llegara a leer esto y pudiera decirle a mi vieja que no llore, que no la pase
mal, que el destino de cada uno está escrito y que por más que yo ahora, a esta
hora, debería estar entrenando en mi bici, o tal vez tomando unos mates en mi
casa y el barro de mis pies debería ser el barro de las calles de mi barrio, por más
que todo eso, estoy acá, en una trinchera, cagado de frío, cagado de miedo,
cagado de hambre y cagado encima, porque el panorama no es ni siquiera
simpático y si tal vez no hubiese sorteado, estaría jugando otra batalla, una que
tenga que ver con mi futuro, no con este escenario y ya me imagino mi foto
congelada en el tiempo, entre un montón de otras fotos de pibes que se murieron
y así me van a recordar, mientras yo en realidad lo que quería era que me
recordaran no sé, en un podio, ganándome el oro en alguna olimpíada, o
recibiendo una bici de alguna fábrica suiza, o firmando un contrato para una
publicidad de una afeitadora, o no sé, entrando en el Guiness por ser el primer
argentino en ganar el tour de france o alguna pelotudez así, y no. Estoy acá y mi
entrenamiento diario es soportar los misiles estallando desde el océano, andar
durante kilómetros peleando una batalla que no elegí pelear, levantando una
bandera que seguramente envolverá mi cadáver y llorar como un puto, a
escondidas, porque mi vieja ni se debe imaginar todo lo que estoy pasando y
todo lo que la extraño a ella y a mis hermanos. No voy a recorrer el mundo con
mi bicicleta y eso es lo que más me duele, porque me ilusioné con eso desde que
el día en que el viejo me empezó a entrenar y ahora todos esos sueños van a
quedar enterrados acá, al menos hasta que encuentren mi cuerpo, con los ojos
abiertos, tirado encima de una mezcla de barro y sangre. Y mis amigos van a
llorar y van a decir que era tan bueno y la puta que lo parió, son todos putos que
no se animan a decir que siempre fui un hijo de puta, que me cagué en todos
ellos, porque lo único que quería era entrenar como un pelotudo, que nunca me
prendí para salir de kurda con ellos, que nunca me copé con fumar porro con
ellos y que mientras se comían un asado un domingo, yo les decía que no podía
porque tenía que entrenar y de mí sólo tienen una vaga idea, que tiene más que
ver con quien era yo cuando era chico que con quien soy ahora, o mejor dicho
quien habré sido, a como están las cosas ahora, que estoy más cerca del pasado
que del futuro y me hubiese gustado darle unos besos a Laura antes de
despedirme, pegarle una cogida, capaz, y si me estuvo esperando, si de veras me
estuvo esperando, como me dijo en la última carta, ojalá Dios quiera que
encuentre a alguien que la ame y la sepa cuidar y le dé todo lo que se merece y si
hay algo del otro lado, capaz yo la pueda cuidar desde ahí también, no sé ahora
que todo es nada, que aquí voy a morir, quiero desprenderme de todo rencor,
pero me da por las pelotas pensar que el zurdo Iturraspe termine teniendo el
sponsor que iba a ser para mí, o que mi bici termine en un galpón, oxidándose.

Igual, más oxidada quedará mi foto.

viernes, 9 de marzo de 2012

De aquel amor, de música ligera

Te dormís.
Siempre es así
te veo dormirte.
Te dormís conmigo
pero no de mí

Te veo dormirte
y lo único que quiero
es cuidar de vos.
Tal vez está escrito
que esa sea mi misión

Sacarte las zapatillas y apagarte la tele si te dormís
cocinarte si te enfermás
abrazarte si me dejás
invitarte al cine a ver una de risa,
si tenés el tiempo

En cambio vos, hombre ocupado,
tenés que encargarte de mis lágrimas
si alguien me pega una cachetada en el corazón

Tenés que invitarme a comer comida china
Tenés que llevarme a la escuela en bicicleta
Tenés que guardarme secretos por la tarde
que a la noche se los vas a contar a mamá

Y en la letra chica del contrato
dice
que yo celo de tus novias
te robo cuadros
y te hago pasar vergüenza frente a tus amigos

y que vos me cancelás los planes del cine
me criticás en público
y me felicitás en privado
y que despreciás muy sutilmente
a cada uno de mis pretendientes

Entonces esto es siempre así.
Y esto va a ser así, prometeme, hasta que seamos viejitos
y entonces yo, la tía abuela de tus nietos.
Y entonces vos, el padrino de mis gatos.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Té para tres

Y cada vez que vuelvo
tus ecos están
y querría despertarme
y al fin con vos, volver a jugar

A tu casa le da el sol de noviembre, de primavera casi vencida y tu ventana me da de ese sol en la cara y de ese sol en mi cara te doy yo, sentada arriba tuyo.

Cae el sol y aun sigo soñando.
Sale el sol y no te puedo encontrar.


A la noche nos encontramos de vuelta. Ahora tengo que irme rápido. Me esperan. No saben que vine a verte. No saben que me esperabas. Escondo el secreto de tu piel de los ojos de mi familia y mis amigos, escondo un elefante en un living.

Y cada vez que vuelvo aqui
siento que vos
me arrojaste a la inercia
sin novedad, sin decepción

Miro la casa, no me olvido de nada. Miro la casa y veo las cosas nuevas, las que antes no estaban. Miro la casa y veo las cosas que estuvieron siempre. Miro la casa y veo los muebles que cambiaste de lugar. Los parlantes antes estaban allá y esta mesa guardaba aquellos libros y no estos. Pero las fotos que no me tienen en la imagen pero que son mías, están ahí y suspiro tranquila. No me olvidaste.

Y cada vez que vuelvo
un mismo final
afuera el mundo sigue
soy uno mas buscando en el mar

Huele a tu cuello y a esos sahumerios caros que venden por Corrientes y Uruguay tu casa. Huele a tus remeras en el cesto de la ropa sucia y a la miel blanca que untás en tu pan tostado. Huele a pan tostado y a frutillas con azúcar tu casa. Huele a las meriendas con el sol entrando en rayos por la persiana.

Cae el sol y aun sigo soñando.
Sale el sol y no te puedo encontrar.

Antes olía a las discusiones que teníamos y terminaban con portazos y puteadas por el pasillo y la escalera. Antes olía a mis lágrimas y mis gritos. Antes olía a tus mentiras.

Un extrano destino, una oscura verdad
tan solo tropiezos, amar o callar.

Ahora huele a vos y tu nueva novia, que te hizo mejor que yo, en todas las maneras que pueda leerse eso.

Anduve caminando por calles al azar
por calles vacias
Buenos Aires, Buenos Aires, humedad.

Me voy rápido, me desprendo de vos. Me llevo tu olor. No sé cuándo vuelvo a verte. Te beso los labios y nos juramos una chacra en Córdoba, un fin de semana en Gessell. Un futuro que no existe donde somos felices. Vos, tu novia y yo.

martes, 7 de febrero de 2012

no conocía otra razón que una razón por cada día

y una batalla por las noches. supo que iba a morir cuando, al amanecer, la idea de la muerte dejó de molestarlo. Si Farah Faucet no lo llamaba, se iba de copas con Steve McQueen. Me confundí una tapa de Almendra, la del payaso, con la del pescado. Suena un blues de una banda que se plantó en el medio de la Plaza y yo miro a los artesanos, esa patria vendedora, siempre firme junto a la plaza. pasa el camión de basura y se detiene frente de la clínica. No sería de lo peor que te internen en una clínica que dá a una plaza donde siempre es viernes? Me enamoro cada tres, tres minutos y medio. veo un melenudo, un morocho de gorra un barbudo colorado. todos me gustan, con todos me caso. uno de rastas y un pelado. Hay un ruludo de remera roja, con una estampa del Chapulín Colorado. Raphael. Escándalo. Entonces mi corazón se derrumba en cascotes cuando veo al morocho de gorra chamuyarse una flaca, alta, divina, de pelo largo, que aceptaba con elegancia todos sus regalos, esas artesanías que durmieron más de una siesta sobre el plush bordó. Voy al baño. Cruzo la calle angosta y empedrada. La luz naranja me permitió ver una carta tirada en el piso. Es de póker y está dada vuelta. Me agacho, la agarro, la miro. Está bien. Hoy la suerte está de mi lado. I'm not a social girl. Para llevar vasos llenos, la bandejera trae vacios vacíos. Hay un negro, un senegalés, un camerunés, un costamarfilés como el que hoy me vendió el anillo más lindo y más trucho que podés imaginarte. Veo la belleza del gesto de brindar. de mirarse a los ojos,de tomarse un chinchin para desear fuerte algo, un amor, un año felíz, un nuevo trabajo, un kilo de cerezas. Nuestra mesera tiene un tatuaje de un micrófono y yo me pregunto ¿querrá ser locutora? ¿querrá ser cantante? ¿querrá ser micrófono? se aleja quitándose pelusas blancas de su remera negra. se las quita con nervios, sabiendo que luego encontrará veinte pelusas más. y rezongando inonomatopeyablemente. Hay una convocatoria de fumadores peronistas. Una mujer se rie fuerte por calle Corrientes. ¿Cómo será su desayuno mañana? Mucha gente esperando el colectivo. Suena Libertango. no. escuchar Libertango en Plaza Dorrego es demasiado. entonces me decreto que esta sesión de turismo porteño llegó a su fin.

canciones gnósticas para niños

Buda toma calmantes/noquieredespertar/ y hoy es mi cumpleaños/ yamicasaloquieroinvitar (Pez)

Una guitarra flipa en eso que yo veo una idea mala que sube una escalera, se baja los pantalones y se caga en lo que yo siento, para venir a presentarse. Hola, soy una idea mala. Vengo a instalarme en tu cabeza hasta que se me de la regalada gana
debiéramos conectar entre nosotros con nosotros mismos antes de nosotros

sin

Las guardias de los hospitales tienen un touch de gloria para mí. Me gusta ver correr a las enfermeras cuando llega una ambulancia a toda sirena. Me gusta el olor a desinfectante con el que limpian el piso. Me gusta ver el código de miradas que tienen los trabajadores de la salud. Me gustan muchas cosas. Con una madre soltera y enfermera, durante un tiempo de mi infancia pasé las tardes en una sala de enfermos de un hospital público. En ese entonces, ella me prohibía acercarme a los pacientes y alejarme de su sector de trabajo, pero yo siempre me las ingeniaba para ligar con los enfermos y ligar algunos caramelos que les traían sus familiares y deambular por todo el hospital, saltando en una soga. Estar en la sala de espera de la guardia, aguardando porque me llamaran no es tarea difícil. Lo difícil es hacia adentro. Lo difícil es sentir este dolor y no saber qué es. Lo difícil fue asumir el desafío de dejar la cama, vestirme, salir a la calle, tomar un colectivo y venir a hacerme ver. Ya estoy acá y sólo tengo que esperar. Esperar que me llamen. Terminé de leer un libro hermoso y ahora no tengo nada para distraerme más que la radio. Un domingo a la tarde de radio no es para nada muy entretenido. Menos en la sala de espera de una guardia. Estoy a punto de ponerme a contar las baldosas del piso estilo ajedrez cuando se abre la puerta tres y me llaman por mi apellido. Es una chica joven la que me invita a pasar. Tiene una chaqueta verde agua con sus iniciales bordadas en rojo. La letra parece de una abuela orgullosa. No tiene maquillaje, hace algunos meses que no tiñe sus canas y usa unos anteojos con marco dorado. Me hace el cuestionario de rigor y yo le doy respuestas graciosas. ¿Cuántos años tenés? Por ahora veintiocho. Nunca tuve tantos. No se ríe ni expresa el más mínimo interés en que yo trate de hacerle un chiste para sacudirme de la situación. Contame un poco qué te pasa, me dice. Bueno, me duele un poco la panza, desde hace algunos días. ¿Comiste bien? Sí, como siempre, alfajores, gaseosa, lo usual, bromeo. No respuesta. Sí, comí bien. ¿Estás yendo bien al baño? Ah sí, también, respondo con la intención de saltear cualquier observación al respecto. Vamos a la camilla, me dice. Sentate. Me siento. Sacate la remera. Epa. Y me apoya estetoscopio en la espalda. Frío clavado en mi piel. Respirá. Respiro. Otra vez. Otra vez. Acostate. Sus dedos me apretan distintos puntos en la panza. Mira un punto fijo con esa mirada de quien busca algo sin saber dónde está. Bueno, madre, ahora lo que vamos a hacer es sacarte unas plaquitas. Me quedo un poco tildada con que me dijo "madre". No sé si porque todavía siento que soy muy chica para ser madre de alguien, y menos de una doctora recién recibida. Demasiadas emociones en poco tiempo. Andá y cuando las tengas, vení directamente. Golpeá y yo te atiendo. Voy a la sala de Rayos X. Me saco todo metal que llevo clavado en el cuerpo y me dispongo a que me saquen una fotografía de mis adentros. Acostada, me piden que no respire. A ver si se ponen de acuerdo, viejo. Espero y me traen un sobre con las placas. Agarro el sobre y sigo las instrucciones. Vuelvo al consultorio tres. El tres es un buen número para mí. No, sé que no soy original, pero es un número que me gusta. Golpeo y espero ser atendida. Vuelvo a entrar. La doctora mira las placas contra la luz del consultorio. Bueno, mami, parece que es urgente. Vamos a tener que entrar al quirófano. Es una cosa sencilla, rapidito, anestesia general y en cuestión de horas estás en tu casa. ¿Tenemos alguien a quien llamar?

I don't believe that anybody feels the way I do about you now

Ella quería tener una vida en la que no le pasara nada. Cualquier movimiento extraño la perturbaba. Sus deseos a la hora del brindis de año nuevo eran que no le pasara nada, nada a su vida. Que nada se mueva, que todo permaneciera quieto.
Entonces llegó a su casa, y escribió dos correos electrónicos. El primero decía: "Hola Pablo. Soy Nadia, la del subte. Me dijiste que te escribiera cuando tuviera ganas de verte. Tengo ganas de verte. ¿Tenés algún teléfono a donde pueda llamarte?". El segundo decía: "Hola lindo. Me encantó verte. Espero que se repita pronto. Que nuestras intensidades vuelvan a vibrar así en breve. Es necesario. Y urgente."

Puso play


Today is gonna be the day that they're gonna throw it back to you
By now, you should've somehow realized what you gotta do
I don't believe that anybody feels the way I do about you now

Backbeat, the word is on the street that the fire in your heart is out
I'm sure you've heard it all before, but you never really had a doubt
I don't believe that anybody feels the way I do about you now

And all the roads we have to walk are winding
And all the lights that lead us there are blinding
There are many things that I would like to say to you, but I don't know how

Because maybe you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

Today was gonna be the day, but they'll never throw it back to you
By now, you should've somehow realized what you're not to do
I don't believe that anybody feels the way I do about you now

And all the roads that lead you there were winding
And all the lights that light the way are blinding
There are many things that I would like to say to you, but I don't know how

I said maybe you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall
I said maybe (I said maybe) you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

I said maybe (I said maybe) you're gonna be the one that saves me
You're gonna be the one that saves me
You're gonna be the one that saves me

es como dormir y estar despierto

-¿no viste mis medias? tendrían que estar por acá
-te dejé algo de flan en la heladera
-¿estás enamorado?
-dale. si vos me conocés mejor que nadie.
-por favor, no llores. no me gusta cuando llorás.
-llueve y no me gustaría dormir solo. me gustaría dormir con vos
-y ni siquiera pedís perdón
-tenemos que terminar esta relación enferma y sucia que tenemos.
-un maremoto de amor
-sos pura luz salvaje y hermosa.
-sos mi persona favorita del universo.
-me tengo que ir. tengo tu teléfono. en la semana te llamo y arreglamos algo, ¿dale?
-pero yo te amaba con una intensidad absoluta.
-ya agendé el número, pero ¿cómo te llamabas?
-tu perro y mi gato, ¿qué te parece?
-un orgasmo que nunca se acabe

lunes, 23 de enero de 2012

Yo ya no sé lo que hacer

De madre trueno y padre relámpago, soy una tormenta mental. Me angustia lo que me angustia y lo que no, me da ansiedad. Las reacciones y yo tenemos una relación un tanto intensa y todavía no sabemos quién domina a quién. Cantar una canción alegre puede hacerme llorar. Son las cuatro de la mañana y dando vueltas en la cama me pregunto cuándo encontraré la paz. Empiezo el día convencida de que será uno de esos difíciles, en que me maltrato, no me quiero, me reto y me desafío a hacerlo todo cada vez peor.
A la tarde me llama mi psiquiatra.
-Hola nena, ¿cómo estás?
-Bien. Bien, todo en orden. ¿Y vos?
-Bien también, con ganas de verte.
-¿Qué querés hacer?
-Quiero hacerte el amor.

viernes, 20 de enero de 2012

Instrucciones para llegar

Tomar la Avenida 9 de Julio hasta la Avenida Rivadavia. De ahí, todo derecho, hasta el conejo blanco. Saltar en un pie 200 metros con un lápiz arriba de los labios y esperar con los cordones desatados de la zapatilla izquierda, hasta la primer luna en cuarto creciente.

miércoles, 11 de enero de 2012

Instrucciones para no pensar

  1. Tome un cuaderno. Tome un fibrón de tinta indeleble y punta mediana. Dibuje garabatos. Si no sabe cómo dibujar un garabato, es que está pensando. Vuelva a empezar.

  2. Siéntese a la sombra de un árbol. Si hormigas le pican la cola, es que está pensando. Vuelva a empezar.

  3. Haga medialunas y/verticales. Si se rompe la cabeza golpeándose contra el suelo, es que está pensando.

  4. Llore. Llore mucho. Sienta las lágrimas pasear por sus mejillas. Sienta cómo desembocan en su boca. Si las lame y las siente saladas es que está pensando. Vuelva a empezar a llorar. Pellízquese si es necesario.

  5. Saque fotos de elementos inconexos. Si empezó a buscarles el denominador común, quiere decir que está pensando.

  6. Nade.

  7. Cante el Himno Nacional Argentino. Si cabecea siguiendo el ritmo del puente, está cerca de no pensar. Siga así.

  8. Procúrese un elemento de algún metal poco noble. El anillo de un llavero, la tirita que envuelve el paquete del pan lactal, o algo similar. Intente convertirlo en oro. ¿No lo logra? Está pensando.

  9. Ubíquese en algún lugar al aire libre y con carbón, madera, papel y un fósforo encienda un fuego. Antes, deberá tomar los recaudos necesarios para evitar un incendio. Una vez encendido, mire el fuego. Sienta el calor, vea bailar las chispitas, escuche la madera cómo se consume. ¿Qué piensa? ¿Pensó? Cayó en la trampa. Vuelva a intentarlo. Es importante, eso sí, que piense en esto: por favor, no olvide apagarlo antes de irse.

  10. Riegue las plantas una calurosa tarde de domingo. Sienta el olor de la tierra mojada. Mire cómo cae el sol. Si putea a las hormigas quiere decir que está pensando. Siempre, todo lo que tiene que ver con hormigas, tiene que ver con pensar. Debe ser por las antenas. Vuelva a intentarlo al día siguiente.