lunes, 21 de mayo de 2012

Oh weekend, where art thou?

Oh fin de semana, tiempo precioso, tesoro finito, el que más tengo que cuidar, animal que se reproduce y se extingue cada siete días, el más lindo, el tiempo para mí.

Oh fin de semana, fuente de fantasías, deseo tantas cosas con vos el viernes y cuando llega el domingo me doy cuenta de que poco pudimos hacer.

Oh tiempo preciso, precioso, escurridizo,  te me vas como agua de las manos como la juventud de mi rostro, como las formas en las nubes del cielo. Oh fin de semana, que en las vacaciones te corporizas extendido, estirada licencia del tiempo ocupado, recuerdo de aquella adolescencia en que era tiempo lo que sobraba y ansiedad lo que desconocía.

Oh tiempo del fin de semana, qué enorme la felicidad que me despiertas al ver aproximarse un ejemplar de la especie tuya, de la variedad largo, presto, galopando hacia aquí, dispuesto como todos los de tu género a endulzarme con sus promesas, con sus milagros por hacer, con sus necesidades por cubrir. Oh fin de semana largo que me aseguras que todo lo lograrás cubrir, panacea cronológica para lo que vivimos presos en esta carrera, perseguidos por las agujas del reloj en su recorrido singular, circular, sin igual. Oh fin de semana, el próximo lunes te habrás ido otra vez de mí. Entonces otra vez esperaré que vuelvas, que me prometas la llave universal que abra todos los candados de los compromisos que me atan desde hace tanto: coser las medias, llevar a reparar el mp3, ir a Pompeya a comprarle alimento al gato.

Oh fin de semana, son tu sábado y tu domingo una pareja engañosa: aparentan  traer consigo toda la felicidad pero cuando el lunes llega resultó en realidad que todo ese tiempo se estuvieron engañando a sí mismos en la rutina de existir.