jueves, 27 de septiembre de 2012

Tengo que conseguir una manguera

                                                                 
                                                                     
                                             

Dos cosas me inquietaron hoy
el síntoma de saber lo que tengo que hacer
  y no hacerlo
 y
el vicio de meterme a bucear en mis estados de mente
droga psicoactiva que me seduce a cada momento
y con el más mínimo estímulo
y que, estoy segura, debe ser carísima
porque es gratis







Dicen que a donde se fue feliz no hay que volver
y hace algunos días volví a esa pileta en la que aprendí a nadar
en la que pasé casi todos los veranos de mi infancia y mi adolescencia
y fui feliz
[ahí y entonces, sí
pero aquí y ahora]
no cuando me zambullía en el agua
no cuando me movía de una punta a la otra
   de una punta a la otra
sino cuando me sumergía en la parte más profunda
para nadar al ras del suelo
cuando hacía algo parecido a bucear
en una pileta del conurbano bonaerense

mi cabeza. la pileta. bucear

también fui felíz moviéndome, dando vueltas
volando en el agua fresca
   frases y fresas
bailando en el agua sucia
   danza de piernas y brazos
   saltar y rezar
abrir los ojos para no ver nada
   claridad oscura
respirar 
adelante y atrás
pensar en no pensar
 
recordar todos esos veranos ahí, cuando el cielo ocupaba el espacio de ese techo de lona blanca
evocar las gotas de lluvia que vi quebrar el agua
y a las veces que fui la primera en llegar y la última en salir 
pidiendo un ratito más
 un ratito más

todas las piletas, las playas y los ríos que viví siempre me llevaron a esta pileta.
¿el agua es un elemento vivo? 
agua viva en mi memoria

entonces
como el chasquido de un fósforo
que raspa el borde de la caja
siento el olor a gas que viene de la cocina
dejé la llave de paso abierta
y cuando voy a cerrarla, como se cierra una canilla que gotea
caigo en la cuenta que estoy buceando en mi mente otra vez
que es medianoche
y que tendría que estar haciendo la tarea
que era para mañana
pero un ratito más
un ratito más
abajo del agua
un ratito más

jueves, 20 de septiembre de 2012

-¿Dormís? -Un montón.

El cuarto está lleno de hongos
la televisión encendida en mute
la ventana recién cerrada
todavía se escucha el ruido de la calle
un colectivo que frena
una planta que florece
la lluvia
y olor a cebolla fríta. 

Vos dormís y yo te hablo
aunque estés con los ojos cerrados
te hablo igual
porque después de todo
me escuchás con los oídos
y porque me gusta hablar
con la televisión prendida 
y la ventana cerrada.

Y no esperar hasta mañana
cuando el sol atraviese el vidrio
ahora es nunca 
charlas agotadoras
hasta que los ojos se cierran
y la mirada se ensordece

[estrella de mar
luna con nubes
volar a tus pies
tender la cama
echarme a correr
milagro y socorro]

tapados hasta las narices
no hay luna llena, hay luna sonriente
que descansa en el cielo
como mi papá

mientras ella se estira y se extiende
muestra los dientes
cuarto creciente 
nosotros en el cuarto menguante
porque la habitación nos hace
cada vez más chicos, más apretados
más uno 
menos dos. 

Última página
anillo en el dedo anular de una libreta de bolsillo
promesas de eternidad
nunca nada dura para siempre
pero igual
ámense
a muerte
a merced
a dormirse.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Suicidio en Parque Patricios

Anoche, mientras llovía, un cactus se arrojó al vacío. Su cuerpo fue hallado sin vida esta mañana. Sus raíces desnudas de toda tierra yacían sobre la calle empedrada. También llovía. De sus bracitos llenos de espinas no quedaban ni los huesos. Oriundo de las sierras cordobesas, se desconocen las causas de su suicidio. Sin embargo, todas las pruebas señalan que se deben a la melancolía provocada por la humedad porteña.