domingo, 5 de enero de 2014

¿De dónde sale la gente solitaria?

 Cuando la noche del 24 dejó de ser una Fiesta para ser una fiesta, y después de habernos contado de todo, Franco me invita a una fiesta, en la casa de los amigos de unos amigos suyos. Y allá vamos, sin nada para brindar, pero con una pandereta que nos regaló un jipi con el que brindamos a medianoche en la Plaza Defensa.
La fiesta es en el sexto piso de un edificio antiguo que queda frente al Parque Lezama, sobre la Avenida Colón. No sé si por deshabitada o qué, pero la casa está pelada, como si estuvieran esperando el flete para hacer una mudanza, y sólo hay una mesa con un equipo de música así de grande y una mesa con vasos de plástico y botellas vacías. Ni sillas, ni sillones, ni cuadros en las paredes. Sólo un montón de gente que no conozco y baila. En el vacío de las habitaciones, las cumbias suenan más fuerte. Franco y yo, con la pandereta somos el centro de atención y como buena pareja protagónica, no la compartimos con nadie. Bailamos cumbia colombiana, cumbia peruana y cumbia argentina, en un combinado de pasos quebrados y palabras a los gritos que mantuvimos durante un buen rato. Hasta que yo invito un cigarrillo en el balcón y arriba del cielo de nubes verdes que forman los árboles ahí abajo, en el Parque, Franco me dice que podríamos ir a tocar la pandereta a la casa de un amigo suyo, que se fue de vacaciones y le dejó la llave de su casa, ahí a un par de cuadras.
Y allá vamos.

El sol empieza a llegar y yo, todavía vestida de oficina, con un vaso de cerveza medio lleno en una mano y una pandereta en la otra, me dispongo a subir la escalera del Parque Lezama con él al lado y pienso que ayer cuando salí a trabajar no podía haberme imaginado que terminaría así el día. Cuando llegamos a la casa del amigo de Franco, con el sol entrando por la ventana, Franco me dice que es un buen momento para escuchar Los Beatles. “Revolver sería lo mejor”. Y yo le pregunto qué hay que revolver.

-No, hablo de Revolver, el disco, dice, mientras revuelve entre los cds de su amigo. -¿Revolver un disco? ¿Cómo se hace eso?, le contesto.

Franco se ríe conmigo y cuando enciende el equipo de música, el equipo no enciende. No hay luz.

-No hay luz, dice Franco. Y los dos miramos con un poco de tristeza el ventilador de techo del monoambiente con una única ventana.

-Ah, me parece que yo lo tengo en mi celular.

Franco pone play y suena Taxman. Yo acompaño con la pandereta. Nos reímos hasta que termina y empieza Eleanor Rigby. Franco me tirotea un montón de preguntas: ¿De dónde sale la gente solitaria? ¿Me querés decir cómo terminamos pasando por la misma coordenada, en el mismo momento, anoche en la Plaza Defensa? ¿Y cómo sigue esto?

Y allá vamos.