miércoles, 5 de marzo de 2014

Una casa con diez pinos

 Ya no estábamos en el barrio cuando la muerte pasó a visitarlo. A principio de febrero, el amigo de Franco volvió de sus vacaciones y nosotros dejamos la casa de Barracas, nos despedimos de Benito y volvimos a nuestra vida antes de la Navidad. Sólo que ahora en vez de tomarnos la combi en Independencia y 9 de Julio para ir al oeste, íbamos a la Costanera, a tomar una cerveza y comer una bondiola.

Enero es un buen mes para empezar un romance. Mis vacaciones fueron primero y luego vinieron las de Franco, así que yo lo pasaba a buscar por su trabajo y después él por el mío. Mi jefa se dio cuenta de que andaba en algo cuando resoplé porque había que quedarse cerrando los balances del primer mes del año. Ya no soy su niña mimada. Ahora soy la niña mimada de Franco.

Franco me convida de su música, de sus historias. Me lleva de visita guiada por sus cicatrices: la de cuando los llamaron para tomar la merienda y él estaba con sus primos, trepado a un árbol de ciruelas en la casa de su abuela; la de la vez que volvió de bailar más tarde de lo prometido y trepó la reja de la casa de sus padres, con una punta filosa que le quiso dejar mella. Me gusta cuando me cuenta esas cosas, como cuando me cuenta de cómo llegó a libros o discos. Así pasamos enero. Febrero nos tuvo jugándonos partidos de local y visitante día por medio en Castelar. Las tormentas de madrugada nos tenían hablando de sus ex y de los míos, de las costumbres extrañas de nuestras familias, de dónde nos encontraría la vejez. Él espera una casa con un patio, una parra y muchos nietos y yo muchos perros y cerca del mar. Tal vez coincidimos en los árboles.

Era jueves cuando me invitó al cine de Puerto Madero. Había una luna hermosa, casi llena. Caminamos por San Juan hacia la 9 de Julio y nos tomamos un helado en una plaza empotrada en la manzana de Piedras. Una murga ensayaba para el carnaval. “Me gané una beca para estudiar un año en Londres. Me voy en abril”, me dijo Franco, frío.

Nunca me cayó tan mal un helado.