sábado, 5 de julio de 2014

Sábado de invierno al taco

Cada vez que tenemos que celebrar el Día del Amigo, siento que me tengo que partir en las distintas Natalias que soy y que juntaron amigos y amigas a lo largo de todos estos años. Siempre el privilegio lo tienen las chicas de Castelar, pero ocurre que este año no tenía ganas de pasarlo allá y quería que alguna vez sean ellas las que vengan a mis pagos. Así que las invité a un bar muy lindo, muy lindo, que queda al 600 de Bolívar. Y me di el gusto de invitar, porque teníamos que celebrar mi nuevo puesto de jefa.

Sábado a la noche, en la vigilia del Día del Amigo, y las seis a las risas, chocando vasos y celebrando lo que había que celebrar, que no era sólo mi nuevo puesto sino también un nuevo embarazo de Mariana y el divorcio de Flavia. La mesa, que nos quedaba de lo más cómoda, tenía un menú de amores variadísimo: Mariana, en tren de ser madre por tercera vez y un feliz segundo matrimonio; Flavia, divorciada para casarse con un compañero nuestro que reencontró por Facebook; Camila, siempre buscando al amor de su vida; Marina, disfrutando de su soltería (¡y de su soledad!); Belén, aprendiendo lo que es la convivencia de la mano de un escritor neurótico 25 años mayor que ella. Y yo, con Franco y el amor por Whatsapp desde Londres.

En eso, tres chicos que festejaban el cumpleaños de uno de ellos, nos piden compartir la mesa. El cumpleañero estaba como yo, a pleno con el celular. Nos pusimos a hablar primero de su remera de Sonic Youth y después de la manía esa de estar con amigos o donde sea, pero no estar de veras ahí. Él me preguntó en dónde estaba yo, en vez de estar celebrando con mis amigas. “En Londres, con una especie de novio que tengo, que se fue hace dos meses y vuelve en diez”, le dije. “Vos sabés que no va a volver, ¿no?”, me respondió. Yo le hice dientitos, de esos de “tenés un hambre, vos”, y le pregunté dónde estaba él. “En Italia, con una ragazza que conocí en Güerrín”, justamente una noche que tenía mucha hambre”, me contestó.

Cuando nos fuimos, Camila, mi-amiga-profesora-de-Lengua me comentó: “Me gustó el cumpleañero. Pronunció la u de Güerrín y dijo mucha hambre y no mucho hambre”.

A mí también me había gustado eso.