jueves, 6 de noviembre de 2014

Y me encendí de amor

 Me compré un par de patines. No sé si es que los días que pasé cuidando a las nenas de Mariana, mientras estaba Felipe internado, me empapé de ganas de jugar o si me agarró un ataque de envidia y les quise copiar los rollers a Lisa y Marcia. Obvio que los estrené con ellas, por las calles de Castelar. Para cuando Felipe pudo volver, yo decidí segur patinando por mi barrio.

Ocurre que en la oficina mantuve el secreto, porque me da no sé qué que me vean, así que a la salida, me hago la que voy a volver caminando a Barracas y cuando ya hice algunas cuadras por Puerto Madero, me saco los zapatos y me pongo a rollear. Andar como por el aire, me desenchufa de los números y los balances y de la rutina y con estos días tan lindos, es cargarme de pilas, llenarme los ojos de árboles floreciendo y de sol y de brisa. También es más práctico que una bici y más rápido que caminar. Y voy cantando canciones del MP3 a los gritos.

En eso que voy, de lo más campante, completamente enmímismada con un disco de Flopa y Minimal, me agarra un semáforo y ¿a quién veo al lado mío por Alem, a la altura de Brasil? A este chico, que no sé cómo se llama, que tenía una ragazza en Italia, que lo conocí en un bar de San Telmo.¡ Y yo vestida de oficina y con unos rollers! “Hey, vos tenías una ragazza en Italia”, le digo, sin mucha más información para establecer una charla. “Sí, en Roma, y vos tenías un novio en Londres”, me recuerda rápido. “Tenía, sí. Ya no tengo más. ¿Y vos? ¿Tenés todavía tu ragazza?”, le pregunto. Me contesta: “Sí, sigo teniendo mi ragazza, pero a veces preferiría no tenerla más. No tenerla cerca es muy difícil, quiero decir, tenerla lejos... hablando de tener... ¿tenés algo que hacer el sábado? Es la Noche de los Museos ¿viste? y hay mil cosas para ver. ¿Querés que vayamos juntos?”.

Creo que las nenas también me contagiaron la vergüenza y ante la propuesta me puse colorada como si tuviera 8 años de vuelta. Le dije que sí y después de agendarnos los celulares, me di vuelta para seguir patinando. Casi como si fuera un tema nuevo, me fui pensando y repasando la conversación y repitiendo su nombre mientras el viento me agitaba el pelo.