lunes, 5 de enero de 2015

Mañana es mejor

 Pasé Navidad con mi familia, sin detenerme en que hace exactamente un año estaba en Plaza Defensa tocando tambores y tomando cerveza del pico con Franco. Ni lo pensé, ni me acordé. Año Nuevo, no. Año nuevo fue para compartir la cena con las chicas, sus maridovios y sus hijos.

Salvo Camila y yo, todas están enfamiliadas. Más bien, Camila y yo somos las únicas que enfrentamos la resistencia al mandato social de consolidar un proyecto de a dos. O en realidad, sólo no conseguimos un novio para llevar a los encuentros de este tipo.

Después de los fuegos artificiales y que a los grandes nos agarrara el noni antes que a los chicos, nos fuimos a dormir todos con la panza llena y el corazón contento, en la casa de los padres de Flavia, que tiene quincho y pileta y es la casa en la que pasamos casi todos los veranos durante nuestra adolescencia. Con colchones desparramados por toda la casa, los matamosquitos compartían enchufes con los celulares y Camila y yo compartimos habitación. Como cuando éramos chicas, nos quedamos hablando bajito, sacándole el cuero al marido de Belén y festejando cómo creció Felipe.

Resistiéndole al sueño las dos, todavía hablábamos cuando Camila acomodó su almohada y suspiró “Lo único que le pido al 2015, es que mañana haya sol, así podemos empezar el año en la pileta”. Y su deseo me sacudió el sueño. ¿Cuáles eran mis New Year Resolutions? ¿Cuál era mi lista de deseos? ¿Cuáles eran mis objetivos para el año nuevo? ¿Qué iba a hacer con ese año todito nuevo para mí?

Cuando estoy a punto de entregarme al sueño, mensaje de texto en el celular. ¿Será un saludo de fin de año que llegó tarde? Era de Franco. “Hola! Feliz año nuevo. Estoy en Buenos Aires. Si querés nos vemos. Un beso.”

Mi deseo para empezar el 2015 era conseguir un remis hacia Barracas.