miércoles, 6 de mayo de 2015

Vuelta por el universo

Así como le dediqué un fin de semana a tirar cosas y limpiar el departamento, le dediqué el siguiente a limpiarlo más aún y embalar mis petates. Después del aviso de Facundo sobre su regreso al monoambiente, le había dedicado todos los ratos libres que tenía en el trabajo a la búsqueda de una nueva casa.

Durante cuatro semanas vi y visité todo tipo de casas, departamentos, ph. Con luz, sin luz, mínimos y apretados, enormes y arruinados. También aprendí a leer avisos inmobiliarios y a interpretar lo relativo de las distancias. Seis cuadras hasta el subte puede ser “cerca del subte” y “amplio y confortable” puede ser oscuro y con manchas de humedad. Sin hablar de citas a ciegas con los vendedores que te muestran una casa como si fuera la suya y como si fuera un suegro apurando al yerno a que se case rápido con la nena, que el tiempo pasa. Ay, qué agotador es buscar.

Ya por vencida, opté por pedirle albergue a mi mamá. Sabía que no me lo iba a negar y además, la que era mi habitación, sigue con posters de los Caballeros de la Quema pero en donde estaba la cama hay una máquina de caminar y donde estaba el escritorio hay una máquina de coser. Las dos, llenas de polvo. Iba a extrañar mucho Barracas, pero si seguía buscando me iba a volver loca. Y Facundo ya estaba listo para volver a su casa. Y a su gato, mi Benito temporal.

Con todas mis cosas embaladas, con Facundo trayendo las suyas y esperando que viniera el flete para volver a Castelar, pasé a despedirme de Alberto y Stella. Habían sido tan amorosos conmigo siempre que me pareció que debía saludarlos. “¿Cómo que te vas? ¿A dónde te vas? ¿Pero cómo no nos dijiste antes? Nosotros tenemos un departamento en el segundo piso. Todavía no lo alquilamos porque no dimos con nadie y no queremos hacerlo por inmobiliaria. ¿No querés quedarte acá en el edificio?”. Como si fuera un regalo del cielo. Me largué a llorar ahí en el mismo pasillo. Benito vino a darme vueltas por las piernas. En eso sale Facundo. “¿Te vas a quedar acá? ¿No querés llevarte el gato? Era de mi hermana, se lo regaló un novio que después la dejó. Nunca nos llevamos bien y parece que te quiere más a vos que a mí”.

Por un momento estuve tentada de bajar a jugar al quini. Pero justo llegaron los del flete y les pedí que me ayudaran a mudarme al 2º piso.