domingo, 26 de septiembre de 2010

horses

corren, patean
corren y gritan
gritan y patean
dan portazos
cantan
escupen
se burlan
aplauden
galopan
se empujan, se pelean
se mezquinan
se arrastran
vuelven a correr
se gritan auxilio en castellano neutro
escriben con tiza la pared
se asignan roles que después no cumplen
se levantan la mano
se dan la palabra
se piden pido
vuelven a correr
vuelven a gritar
se encierran
se juran odio
salen de vuelta
abren la puerta, la cierran a golpes
se cantan amor
se niegan
se aceptan
se vuelven a odiar
se lloran
se gritan
se abrazan
cantan una canción inventada
inventan un nuevo juego
para volver a correr
y gritar

esos caballos corriendo con furia
en un establo perimetrado por paredes de departamentos
son los niños del piso
en la libertad del pasillo
a la hora de la siesta

84 - Los sueños son más importantes que dormir.

Yo estaba anidada en su cama, desnuda. Acostada contra la pared, con la cabeza en su cuello. Ese colchón de una plaza donde sus sueños estaban tatuados. Podía sentir la pared fría sobre mi espalda y el olor a vainilla del perfume con el que rociaba su piel. Estaba con un brazo suyo enterrado en mi cintura, con la mano arriba del abajo de mi espalda. Y el otro tapándome, encerrándome en su cuerpo como jaula. Enfrentados los dos. Cara a cara. Horizontales. Yo, apoyada sobre un costado de mi cuerpo, acariciaba su pecho con la mano que estaba libre. Desenredaba los pelos enrulados que habían estaban ahí desde una adolescencia que desconocí. Despuntaba el encanto por deslizar mi muñeca en el centro de su tronco, de deslizar la palma de mi mano y abrir los dedos como un árbol sobre su piel llena de pecas, entre sus pezones y ese detalle de piel que no toma partido por ningún bando. Con mis pies acariciaba sus pies. No había música, sólo su respiración fuerte y el sonido de sus labios besando mi frente. Sus ojos cerrados. Nuestras pieles transpiradas. Promesas de eternidad. Sentí, lamenté que se me desprendiera para prepararse para salir. Salir a la calle, dejar atrás el escenario al que nos subimos desnudos los dos para interpretar un uno de intensidad infinita. Nada más doloroso que decirnos adiós luego de tanto deleite. Sentí hambre. "¿Vamos?" alcancé a escuchar que me decía, al mismo tiempo que desfilaba por la habitación en búsqueda del cinturón que, cómplice mío, un gran aliado, siempre se escondía. Yo seguía acostada, moldeada esperando su retorno a mí. Se agachó para hablarme, se sentó al borde de la cama. Vió mi piel erizada. Me tapó. Me destapé y le pedí que vuelva a la cama. Me dijo que no, que se tenía que ir. Lloré. "Volvé, dale", rogué con insistencia. "Volvé vos", me respondió. Entonces, un globo rojo con forma de corazón me estalló en la cara. ¡Plop! Sonó el teléfono. "¿Estabas soñando lo mismo que yo?".

lunes, 20 de septiembre de 2010

un zoom anatómico

dije adiós. salgo media hora tarde. y cargo con un poco de sueño, como si recién saliera de un tenedor libre de modorra. la llegada del colectivo se ve opacada por el paso de un camión de bomberos. a todo vapor, luces y sirena. mitad alarma, mitad aspamento. en el colectivo encuentro cinco centavos. brillantes y acostados con el cinco boca arriba. me siento en el fondo. dos veces. sí, una redundancia. una mujer negra está sentada en la otra punta de la hilera de asientos que nos separa y nos une. se acomoda las tiritas de sus zapatos con meticuloso esmero. un gordo con pinta de recién salido de trabajar escucha el gol de un partido de fútbol con la radio apoyada en la oreja. bien old school. la música parece de domingo a la tarde, pero es viernes a la noche. yo miro por la ventana y detenidos en un semáforo alcanzo a ver una heladera en la cocina de un primer piso. está sola. tiene algunos imanes desordenados encima. también puedo ver un termo apoyado en una mesa. silencio visual. de repente entra en escena un flaco de pelo largo. el actor principal de la pequeña obra de teatro de la que soy única espectadora. está fumando. agarra el termo y se sirve un mate. lo toma apoyado en el marco de la ventana. en una mano un mate, en otra el cigarrillo. cogotea hacia la noche. no me mira. no me ve. se da vueltas, se pone de espaldas. cuando está a punto de abrir la heladera, el colectivo arranca. ya nunca sabré qué tenía ahí, de qué materiales estaba compuesta la cara interna de esa puerta. pienso en esa escena en un tercer piso. en el silencio de una madrugada, en el olor de la noche a cigarrillo y yerba mojada. abro la libreta para anotar el haiku que me acaban de leer solo a mí. busco la primer hoja en blanco disponible. encuentro lo último que escribí: "el amor es tres cuartas partes curiosidad. casanova".

miércoles, 15 de septiembre de 2010

A mí me es fácil olvidar

Escucho la tecla de la luz de la cocina y me despierto. Me doy cuenta que estoy despierto porque se esfuma de mis manos las rayitas de goma del manubrio de la bicicleta del vecino. Es una bicicleta negra, con asiento banana y manubrio tipo chopper. Marcos me la presta para ir de esquina a esquina, sin que me aleje de su campo de visión. Y por un ratito. Después me la pide de vuelta. Él cree que yo voy a su casa por la bicicleta y se abusa un poco de eso. Pero en realidad yo voy a ver a su hermana Flavia, que siempre usa pantalones ajustados y remeras cortas que le dejan la panza al aire. Flavia va a mi escuela, pero a otra división. En la escuela no me dá ni pelota y además siempre me las ingenio para quedar como un tarado delante suyo. Como sea, la bicicleta está buenísima. Y el olor a goma me hace alucinar. Estaba soñando que andaba en esa bicicleta por todo el centro, solo, sin que Marcos me estuviera mirando. Eso, hasta que la luz de la cocina se reflejó en mi cama y entonces los pasos de las chinelas de mamá, y el magiclick y la hornalla abierta y la canilla y la pava con agua sobre el fuego. Quiero seguir durmiendo. No es la primera vez que mamá se levanta en el medio de la noche. Son como las cinco de la mañana y en poco más de dos horas tengo que entrar al colegio. No quiero despertarme ahora. Pero escucho que está inquieta. De más chico tenía un libro de cuentos que se llamaba "El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido". O algo así. No sé dónde habrá quedado y si todavía lo tengo conmigo. Y en el fondo siento que quisiera que me levante para ir con ella. Estoy en calzoncillos, así que me pongo el pantalón de la escuela para salir de la cama. Ya no puedo estar en calzoncillos delante suyo como antes. Me da mucha vergüenza. No sé por qué. Voy a la cocina y con la música de un bostezo le pregunto qué está haciendo. Nada, me dice. Pienso si otra vez vamos a darle con el cómo que no estás haciendo nada, nada, te dije que no estoy haciendo nada, volvé a la cama, que no puedo volver a dormir, ya me despertaste, qué hacés y te dije que nada. Así que mejor me lo ahorro y abro la heladera para prepararme una leche con cacao. Me dice que vuelva a la cama. Y yo no solo que no le contesto, si no que me siento en la mesa, con una taza, una cuchara, el cacao y el cartón de leche, dispuesto a ser testigo de lo que sea que esté haciendo. Está de espaldas, revisando el armario de la cocina. Cuando se da vuelta y logro verle la cara, me doy cuenta que hacía rato estaba despierta. No tiene los ojos colorados como cuando recién los abre. Y ya van varias veces que se desvela así.

Estoy buscando las cosas para armar el arbolito. Pero si estamos en septiembre. ¿Y qué tiene que ver? ¿O vos hacés las cosas solo cuando te dicen que hay que hacerlas? Si fuese así, ¿por qué no ordenás tu cuarto cuando te digo que lo ordenes? Mamá, para qué querés armar el arbolito ahora. No importa para qué. Quiero armar el arbolito. Si te molesta, volvé a tu cama. Pero para eso ya estoy explotando las burbujas de cacao que quedaron en el fondo de la taza. No sé qué hacer con mi mamá. La otra vez tiró una caja con todos mis muñecos porque decía que había que renovarnos. Por qué no tiró esas bombachas todas rotas que tiene, si había que renovarnos. Esos muñecos, yo los quería mucho. Pero cada vez que puede, mamá tira todo a la basura. Sospecho que esto del arbolito es para tirar las bolas doradas y las guirnaldas y en diciembre preguntarse a dónde estarán las cosas del arbolito que no las encuentra por ningún lado. Con lo nerviosa que se pone cada vez que pierde algo. Parece que va a quemarte con la mirada, cada vez que pierde algo. Tenés que ponerte a buscar vos también, cada vez que pierde algo. Aunque no sepas qué o aunque sepas que lo tiró a la basura, hacé como que también estás buscando, porque si no te juro que te puede fusilar. Pero no. Una vez que dio con la caja correcta, empieza a sacar bolas y estrellitas y guirnaldas y lluvias. Desenreda una madeja de luces y las enchufa con cuidado, para probarlas. Está encandilada por la musiquita y las lucecitas que, todavía un poco enredadas, ensayan un baile delante de sus ojos. Yo la miro y mientras tanto, abro un paquete de galletitas Ópera. Voy por la segunda taza. Ya no me voy a volver a dormir y me imagino que a las once, en la hora de historia, voy a cabecear más que de costumbre. Las lucecitas sobre la cara de mi mamá la iluminan dos veces. Una por el reflejo de sus colores y otra por la alegría que le dan.
Hace un montón que no veo a mi mamá alegre. Siempre está cagándome a pedos por cualquier cosa. Así que la ayudo a desenredar las lucecitas, mientras ella abre los brazos verdes del arbolito y lo para en la mesa. Es chiquito este arbolito. Antes teníamos uno grandote, más lindo, que ya se pueden imaginar dónde fue a parar. Antes de terminar de abrir todas las ramas de plástico, le empieza a colgar todos los adornos. Tengo ganas de que hagamos un viaje, me dice. ¿A dónde te gustaría ir?, me pregunta. Como sé que siempre dibuja castillos en el aire, no le digo nada. Enchufo de vuelta las luces, esta vez extendidas en el respaldo de las sillas. Algunas se rompieron, veo. Algunas se rompieron, dice. Y saca las lluvias y las guirnaldas. Las acomoda sobre el árbol. Vuelan algunas esquirlas brillantes y mi mamá me las sopla en la cara. ¿Qué hacés?, le digo. Ay, che, es una broma, me dice. Una broma es armar el arbolito en septiembre. Esto es una broma. Pero, che, vos siempre tan cabrón. Y vos siempre tan ridícula. Agarro la taza, la dejo en la pileta. Pensaba lavarla, pero sé que le molesta que deje la taza en la pileta y más si tiene cacao. Y me vuelvo a la cama. No sé para qué, porque ya escucho a los pajaritos y los colectivos que andan más seguido y eso significa que en breve me voy a ir a la escuela.
Me quedé con sueño y no puedo faltar. Hoy el gordo Matías iba a traer unas revistas porno de su hermano. Robadas, por supuesto. Como todo lo que tiene siempre el gordo Matías. El pelotudo se cree que se puede ser menos gordo si se es más chorro. Pero al lado del gordo me siento menos tarado y estoy entrando casi tarde cuando en la puerta veo que tengo desatado el cordón del zapato. Me agacho para atármelo, aunque sé que es al pedo. Se me desatan todo el tiempo. Estuve desde marzo hasta acá atándome los cordones con un promedio de tres veces por mañana. Y en eso llega Flavia. Lleva las manos agarradas en las correas de su mochila, a la altura de los hombros. Yo terminé de atarme los cordones, pero no me levanto. Estoy a la altura de su pollera y nunca estuve tan cerca de esas piernas. ¿Qué hacés?, me increpa. Encima me increpa. Nada, le digo yo. Pero no me levanto. No puedo. Me pasa la mano por la cabeza. Nunca sentí algo tan lindo. Me peina con sus dedos. Tenés el pelo lleno de tiritas brillantes, como las de las guirnaldas del arbolito, me dice. ¿Estuviste armando el arbolito esta mañana? Mirá que estamos en septiembre. Y se va corriendo por la galería al patio, a sumarse a la fila de su división.

jueves, 9 de septiembre de 2010

sos un traidor, un infiel y un enigma

de días en días

-porque aquí no caben expresiones como "de tanto en tanto" o "algunos días". se trata más bien de una mezcla de los dos. equilibrada mezcla. tampoco es una frecuencia. no-

de días en días gusto de traer un amante distinto a mi casa,
que festeje mis chistes y tome de mi vino.
que me deje jugarle con la luz y la sombra de mi lámpara favorita en el mundo.
que me seduzca por completo y me lleve a la cama
y me espere hasta que me venga un orgasmo y me duerma.
de tanto en tanto me gusta
cazarlo en la calle corrientes
mirarlo fijo, clavarle los ojos, seguirlo con la mirada, inspeccionarlo un poco
rozarle la piel, oler su cuerpo
agarrarlo fuerte, apretarlo con mi mano
elegirlo como a una presa perfecta
verás, yo soy una cazadora furtiva, sí
aunque no sé de qué otra manera se puede ser cazador
pero me gusta el trabajo de ir de caza sin grandes expectativas

-hay cosas mías que quisiera que no sepas nunca-

me gusta la tarea de la seducción
me gusta que me seduzca
esos verbos malditos que levantan las banderas de la duda
me gusta que me seduzca porque me dejo seducir
después de todo, es un amante perfecto siempre, aún cuando es malo
mal amante, amante al fin
y el género es secundario
puede ser un hombre o una mujer
o varios hombres y varias mujeres
anoche vine con varias mujeres
las amé a todas,
más que nada porque estaban todas juntas
pero más aún porque estaban
porque eran
a veces es un hombre solo
tengo un amante predilecto, tu sais
un amante fijo, verás
c'est mon amant
un amante fijo que a veces me agota
no, perdón, no quise decir eso
últimamente no viene tan seguido a mi cama
porque en realidad está siempre

-sobre gris una perfecta estrella AMARILLA-

hoy lloré teniéndolo en mis manos
cuando le encontré la página 115 señalada en un cuento corto
lloré como hacía mucho no lloraba
porque esa página señalada fue una miga que me dejó el pasado
ese pasado absurdo
que habita en cuadernos repletos de palabras
y en fotos llenas de olor a primavera

-a mí la primavera siempre me va a hacer acordar a esos días-

lloré porque ese amante me había sido infiel
y no tolero la infidelidad por parte de un amante
un amante es un amante, no hay lazos más que el amor pasajero
pero la fidelidad
la fidelidad no es un juego
y lloré por alguien que anda por ahí
y lloré por lo que dicen las líneas de una mano
pero sequé mis lágrimas porque al fin de cuentas
se trataba de un amante prestado o regalado
como si una amiga me hubiese presentado a alguien
o no
como si hubiese pasado un tren y seguido de largo sin frenar en la estación donde yo estaba
o no
como si alguien me dijera que pida un deseo para una estrella fugaz que no alcancé a ver
o no
como si mi amante me hubiese sido infiel.
eso
pero volviendo al tema

-el amor es tres cuartas partes curiosidad-

me gusta traerme de esos amantes
me gusta la promiscuidad, literalmente hablando
aunque
a veces me caso y tenemos muchos hijos y vivimos happily ever after
a veces sólo abuso de sus intenciones
y me gusta la seducción de la charla desinteresada camino a mi casa
sin demasiada atención
como si estuviera haciéndome rulos con un mechón de pelo y mascando chicle
no me importa lo que tengas para decir, sólo hago como que te escucho
pero cuando estemos en mi casa
ahí, ahí te quiero ver de veras
te quiero ver desnudo, de verdad
entonces llegamos y nos sentamos en la mesa del comedor y abro un vino y empieza el juego
de atrás para adelante, de adelante para atrás
y el olor y las fotos
y el tamaño de la letra y la textura del papel
y nunca conocí a nadie como vos
y ya no vuelvo a estar sola
y te amo
esta noche te amo
te juro que te amo
aunque recién te conozco, aunque mañana cuando me despierte, me levantaré rápido, me iré pronto y vos seguirás en la mesa de luz y ahí pasarás el día, tal vez hasta la noche siguiente

y entonces nos quedaremos chapando en la mesa un buen rato
yo tomo un poco más de vino y te desnudo página por página
y vos me das lo más lindo que tenés de vos
total, un día de estos hablaré de vos y alguien me dirá un dato obseno de tu existencia
y entonces ya no te querré
y habremos pasado algunas noches juntos

tal vez me dormí teniéndote en mis brazos
y caí rendida después de tanto orgasmo visual

-mi pequeña muerte-

y la luz quedó prendida
¿hay algún silencio más bello que el de la noche con la luz prendida?
sí, el de una radio todavía encendida en la madrugada de un día de semana

-dejo la radio prendida para que, si quieren venir a robar, crean que hay alguien-

y puedo levantarme un amante en el parque rivadavia
un domingo a la tarde
mientras los viejos se debaten la gloria en un partido de ajedrez
un nene aprende a andar en bicicleta
una chica aprovecha de la edad de su hija para subirse a la calesita
y yo en el puesto 96, eligiendo un nuevo amor
y puedo levantarme un amante en la calle corrientes
en edipo, uno que venga con coño y joder
con tarjeta de crédito
en libertador, uno barato, berreta
en efectivo
y puedo levantarme un amante en dorrego y bonpland
esperando no enamorarme de esa esquina una tarde de otoño
yo con una camisa a cuadros rojos y un rodete alto
y vos arriba de un tablón con caballetes, a la interperie, y todo lleno de polvo

-as if-

me gusta la idea
del amante ocasional
del amante
me gusta la idea del amante
me gusta traerlos a mi casa sin prolegómenos
llevarlos a la cama y que duerman conmigo
al día siguiente, viajar juntos en colectivo o subte
elegir la música para que compartamos
no sé
a veces mis amantes son míos
a veces son prestados
a veces son regalados
me gusta la idea de charlar sobre esos amantes compartidos
o los amantes que nunca desnudé, pero siempre quise
cuando en una fiesta o reunión, alguien los menciona y yo redescubro el deseo
qué linda sensación la del deseo
¿hay algo más animal que el deseo?
o esos amantes que deseo y deseo y luego de un tiempo conquisto
sos mío

hoy me encontré con una escritora
que prologó el amante que anoche traje a mi casa
sentada enfrente mío, me sedujo la magia del momento

-en cualquier enamoramiento uno quiere mirarle todo a ese objeto de deseo-

generalmente
general y mente dos palabras sueltas que solas no suelen estar juntas
generalmente mis amantes duermen amontonados en una biblioteca que llegó a mi casa el día que cumpli 27 años
salvo contadas excepciones
una, dos, tres, tal vez ocho
que los eché de mi casa
fuera, fuera, ya no tenés un lugar en mi casa ni en mi corazón
entonces mis amantes fueron a otro lugar
una vez tiré un amante a la basura
alguno ha terminado en la salamandra
y me gustaría que esa frase sea leída con las cejas levantadas
alguno ha terminado en la salamandra
pero por lo regular
los dejo en esa biblioteca
y a veces los dejo que sean amantes de algún amigo que quiera amarlos como yo
de días en días

lunes, 30 de agosto de 2010

imthewarlus

vos lees el cronista y yo el diario de andrés fava, ninguno de los dos trajimos las cartas correctas para jugar acá y yo tengo la sensación, sí, de estar en una fiesta, mirando todo desde un sillón, al lado de una invitada tan colada como yo y se me viene el encanto de las fiestas a las que se asiste de colado y no puedo decir de colada todavía, porque tampoco puedo decir una misma, se me hace revista de cocina, manualidades y confección de vestidos de estampado a cuadros. nunca pensé que aprendería a tejer. a solo dos pesos con toda la fruta en flores y la señora de la ventana del asiento de atrás le pide a la señora del pasillo que anote el teléfono de antonio. se pone los anteojos, y lo busca en su celular y yo adoro la gente que hace de la mirada una ceremonia. yo tambén lo hago. sí. si estoy sin anteojos y achino los ojos y les digo, c'mon guys, estoy segura de que con un poco de esfuerzo pueden llegar a ver el nombre de esa calle. pero anteojos y celular no sé. es raro, es. nos ayudan con 0.10 centavos para poder comprar la leche y el pan para mis hermanitos más chiquitos. muchas grasias. vos tenés pinta de tener más hijitos que hermanitos. dale. ojalá dios los recompense. desde hace un par de años que esas fotocopias son moda en el marketing del mendigo. los errores de ortografía también. yo lo que no soporto es que usen a los chicos, me dijo cruzando uruguay. este tren, decía yo, es de otras lecturas. de crónica, de papparazzi. un espanto. en liniers justo me freno frente a un puesto de revistas atiborrado de ejemplares y me pregunto si las revistas tendrán un geriátrico donde encontrarse de vuelta y qué fue de tu vida toco y canto, y, le enseñé los acordes de Tan Solo a una piba de 14 años y vos? y yo, con esta nota de tapa de la trata de personas sólo serví para que le den dos corchazos al periodista, qué se le va a hacer. en fin. la felicidad es artifical pra mí. esto es una varieté: cada vendedor llega, hace su número, recoge aplausos en forma de ventas y se va. el valor del boleto debe ser la entrada más barata. una vez un mimo me dijo que era linda, después de ponerle cinco pesos en una galera de pana roja. vendrá santa rosa? parece que sí. puede una rosa ser santa? no me gustan las flores ni las plantas. se me hace que los vendedores de estación tienen relaciones reales tipo facebook, un comentario al pasar con los clientes regulares y hasta la próxima, y son vistos por mucha más gente que anda por ahí, observa su mercadería y se va sin preguntar ni comentar nada. sans rien dire. gracias por leer esto que escribo, pienso, que cuento, que veo. una señora lee de parado. qué habilidad. yo tengo un bolso pequeño. este partir es partirme. hay otras gentes con bolsos grandes. con bolsos grandes muy grandes. con bolsos chicos. hay uno con un bolso verde. ah, el discreto en canto de los bolsos de coloquios medicinales. la semana del duodeno, del 7 al 12 de julio. es el original de georgalos, dos pesos lo que vale. gente que duerme. ¿vos sabés si tus padres te miraban cuando dormías? madera rosa. serenidad escrito en una lengua muerta. esa frase me parece arrasadora. una imagen tuya conmigo fuera de plano. siempre estuve fuera de plano en esas fotos. encuentro de mis ojos con otros ojos. otra vez. otra vez. nada más indimidante. un romance de tránsito. morón explota. morón es. yo quisiera haber nacido en morón. morón es más power. me llama mi mamá. me pone tan nerviosa hablar por celular en espacios compartidos con desconocidos. sutil y suavemente piel. neurosis volumen XXXVII. no sé, es como si me viera obligada a mostrar mi intimidad, y no sé si quiero que este señor que está enfrente mío, leyendo un artículo sobre la revolución de mayo, sepa que estoy bien, que mi salida de ayer estuvo muy buena, que el hijo de puta de mi vecino celebró su cumpleaños con una fiesta insoportable que no me dejó dormir hasta que se hizo de día, que lo odio mucho, que hoy comí polenta. siento celos de mis asuntos, de mis cosas, las guardo bajo las alas del silencio. fah, qué solemnidad al pedo. en realidad, creo que eso y el temita de querer irme siempre fueron dos regalos de mi papá. los únicos, capaz. me decía que tenía una doble biografía, cosa que yo no entendía. ja. qué puntualidad. alfajores, cerveza, máquinas de afeitar. y esa voz, de dónde la sacaste? en qué escuela se les enseña a los vendedores ambulantes a poner la voz así, cómo si estuvieran hablando luego de fumar una pitada que no quieren largar. y el asunto ese de desmenuzar los beneficios de cualquier elemento. estos tipos, cuando llegan a sus casas, ¿cómo describen sus días? nos rumiamos eternos en mi canción de cuna. el horror, un vendedor de compilados de mp3. melódico. melódico dice. amadeus, mozart, mercedes sosa, revolcándose en sus cenizas. una versión en español de un tema de bryan adams. eutanasia ya, por favor, eutanasia. por suerte ya me bajo. cruzar el túnel. esperame en la calesita. en algún caballito en particular? en la morsa.

martes, 24 de agosto de 2010

hombre barbudo enfadado con dos mujeres y dos espectadores

Usted estará tan por encima que dará gusto
entonces yo sabré que el sistema ha funcionado
y empezaré a rehabilitarme furiosamente
pondré el despertador a las tres de la mañana
suspenderé mi vida conyugal
y las demás recaídas que conozco
para que, sólo queden las que no conozco
y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
y será tan hermoso decir...
ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
el mío todo de frutilla
y el de usted con chocolate y un bizcochito.




tengo dos gotas de vino guardadas en 31 canciones. una foto mirando hacia abajo a punto de saltar. tengo de señalador un boleto de colectivo de un día triste. tengo el sonido del mar dentro de un violín. tengo una gotera que aprendí a amar. libros viejos, pero viejos de veras, con las hojas amarillas y olor a fotografía blanco y negro y jopo y gomina. tengo que aprender a atarme los cordones y a cortar la comida, a viajar en el micro escolar y a dormir la siesta cuando suena esa canción que es un embole, pero después viene la merienda y el atardecer desde la ventana y la tele para mí. ¿sabés cómo se dice mariposa en inglés? ¿y elefante? ¿sabés cómo se dice elefante en inglés? tengo una libreta llena de globos sueltos, como flecos coloridos que se escaparon de una bufanda de palabras. tengo un montón de mayúsculas guardadas en un cajón de madera, junto a una taza naranja, un cordón huérfano y tinta china guardada desde 1986. tengo una mesa que me bienviene por las noches y me echa por las mañanas. tengo una escalera que lleva al techo, pero del lado de adentro. un gato negro se subió ahí la otra noche y yo me estiré para sacarlo. tengo números de teléfono en una agenda de papel, a los que con gusto llamaré desde la bañera para ahogar mis penas. tengo un tren que tomar a rosario, santiago del estero o villa del parque. tengo medias blancas y medias de colores. tengo una visa vencida al país de la locura y la quiero renovar, pero esta vez que sea con menos derechos y obligaciones, por favor. tengo un encuentro en la torre eiffel un día nublado de octubre, con la persona que me enseñó cómo extrañar. tengo dos pares de anteojos que volaron desde el mar hacia mí en una maravillosa caja de colores, con un gallo, una botella del tamaño de mi mano, un tatuaje en las manos y un gato famélico. restos de un sueño que no me acuerdo pero desperté con el anillo en otro dedo. algo debo haber querido recordar y no sé qué habrá sido. qué es. qué será. qué sería. tengo ganas de escribirte una canción. tengo una llamada en espera. zapatillas de colores y un deseo navideño que olvidé en un cuaderno cuadriculado. tengo papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado. un documental de cómo es mentira que el hombre viajó a la luna y con eso, se borrarían todos los testimonios de una generación entera que alucinó mirando el gran acontecimiento por la televisión. ¿sabés por qué lloro? le pregunté. sí, porque no nos vemos mucho, me contestó. ocho años después. tengo sal y agua y miel y cereza y vino y semillas de girasol. tengo el perfume de grasa que me recuerda a alguien a quien así recordé. eso me recuerda que tengo un recuerdo lindo olvidado con bronca. tengo quince años y el pelo recién cortado. tengo un caleidoscopio esdrújulo. tengo ganas de olvidarte casi mecánicamente me ocupo de ello todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. el desafío es a la hora de cerrar los ojos. tengo un perfume apoyado en dos lunares y huele a café con leche y películas en la cama. tengo un amigo distinto para cada necesidad, a los que abrazo democráticamente y sobre los que reposo con más alivio que de costumbre desde que me tropecé.

en realidad quería decirte que hoy se terminó nuestro romance. no podés ser tan bonito. no lo soporto más. hagamos la división de bienes de manera sencilla. yo me quedo con todo esto y más. y vos. vos quedate con el boleto de metró empapado en lágrimas, que te dejé ese lunes trece. me levanto la galera y te despido caminando hacia atrás, con el viento envolviéndome en mi cabello y en mi piloto violeta. aurevoir.

-En general me distraigo del vacío escribiendo lo que deseo perpetuable.

miércoles, 18 de agosto de 2010

así se siente, mirá

que iba a ir a ver esa peli que me hiciste ver y que se veía como la mierda, pero como llovió no pude ir
que en su lugar iba a ir a ver a Kapanga, pero me colgué y no fui
que voy por la mitad de la biografía de Charly García y estoy entendiendo esa vez que me pediste que te grabe Serú Girán. Cosa que en ese momento no pude entender.
que tuve una semana genial en la oficina. una semana entera.
que terminé otras 2 bufandas
que el trámite me cuesta 3000 pesos + 1400 pesos
que Belén se volvió a París
que vamos a hacer un libro juntas
que volví dos veces a la mañana a mi casa
que el fin de semana largo me lo pasé tomando vino
que me escribió Mariano, que está todo bien, que depende de mí
que mi vieja está haciendo aquagym
que tengo dos amigos nuevos
que quisiera tener 27 años
que se la quemé al flaco de la palta
que voy a empezar a hacer dibujo
que mi propio enano de jardín me volvió a escribir
que un dibujante miró mis fotos y me dijo que estaban buenas
que una vaca sale 2000 pesos
que tengo muchas ideas
que me escribió Land
que antes de ayer todos los caminos me llevan a Chile
que le pedí su teléfono a un flaco por la calle
y a qué flaco, te vas a morir
que me tenés que prestar unas Cazador
que fui a una fiesta
que fui a un boliche
que fui a un cumpleaños
que fui a una casa de familia
que fui a una casa de un estudiante de letras
que me crucé con una flaca por la calle
que fui a abrazar a Ken
que me llamaron a las dos de la tarde y no supe qué contestar
que fui Evita
que todavía no empecé a correr pero
que me entró mi pantalón vestido de novia
que mi hermano me dio un beso y un abrazo delante de otra gente
que qué vas a hacer para tu cumpleaños
que cómo me gustaría regalarte una kalimba
que por qué no le pregunto a Luján
que cuánto que te gusta que te quiera tanto
que cuándo vamos a ir a tomar un helado


que no te enfermes nunca más, Federico

domingo, 8 de agosto de 2010

el domingo es el primer día de la semana, no el último

Domingo. Es el Día del Niño y no tengo a nadie para saludar. ¿Hay algún niño en la sala que se preste para tal fin? Cobardes. Igual, a mí no me gustan los chicos. Hay un sol que se despertó tarde. Tal vez anoche se fue de parranda. Salió de su cuarto después del mediodía. Es domingo en Buenos Aires. Es lunes a la mañana mirado/desde/mi/lupa/interior en mi cabeza. El 9 es un micro escolar y hay gente y hay globos y tuppers envueltos en repasadores. Una embarazada conversa, lleva su recién nacido en brazos, envuelto en tres frazadas distintas: una rosa, una celeste y una blanca. ¿Qué clase de sexo tiene ese bebé? En Constitución el panorama es un jardín de juguetes de dudoso porvenir. Bajo del 9 en Moreno, camino hasta Belgrano, doblo y me encuentro a la embarazada. Touché. Las veredas de San Telmo están de fiesta: hoy van a hacer mucho ruidito con las rueditas de montón de bicicletas nuevas. Ttttrrrrrrrrr. Las bicicletas deben ser el regalo más regalado en el Día del Niño. A mí, mi primer bicicleta me la trajeron los Reyes. Y se la llevaron los cacos. Pero yo lo ví a mi papá cuando el 6 de enero a la tarde, bajaba esa bicicleta roja. Yo lo ví y nunca dije nada. Porque así era el juego. Me acuerdo que me parecía enorme. Es tan rara la noción de tamaño. A mí me parecía enorme. Y ahora me doy cuenta que era chiquitísima. Hoy ví bicicletas blancas, rojas, rosas, verdes, negras. Todas con las gomas llenas de esos pelitos que tienen las gomas nuevas. Los niños invaden muy sutilmente las calles. Nunca nadie los vio en ninguna reunión organizativa, pero ellos igual conquistan cualquier espacio, se adueñan del sonido. Hoy festejan su día porque es un día que después no se festeja. Y porque vivimos en un sistema que se encarga de imponernos festejos para que sigamos consumiendo y alimentemos con horas de nuestra vida el círculo vicioso en el que corremos con el único fin de seguir siendo explotados. Pero ese es otro tema. En Puerto Madero la gente se pasea como si el lugar les perteneciera. Nunca van a ser de aquí. Yo tampoco. Pero el sol nos pega en la cara y nos sentimos tan, tan aliviados. Todos toman gaseosa y tienen hijos y cargan mates. En la Reserva Ecológica, último bastión de la vida silvestre en Buenos Aires, el paisaje distiende. Algún deportista, un gringo en bicicleta, un par de enamorados que están vestidos para ir a comer a Pippo. Menos niños, gracias al cielo. Un matrimonio, un nene de seis y un bebé en un cochecito. Sobre este ripio, esas ruedas no llegan hasta Córdoba. Me duelen los pies pero sigo caminando. Para las almas sensibles, de Pez. Tres remeras, un pulóver y la campera; una calza abajo del pantalón, un par de polainas, dos pares de medias. Llego a la vera del Río. Los niños estaban todos acá. En bicicleta o a pie. Con pelota o raqueta. Están todos juntos acá. Yo, que venía por el camino de ripio, vislumbré el río como el que gritó "¡tierra!" desde el carajo; cuando llego a mi puerto, lo encuentro invadido por el enemigo. Me siento a mirar el montón de agua. Hay un barco enorme. Se aleja. Un negro, que debe ser africano. Su mirada le da al río un color que no conozco. Unos juntan piedras, otros las tiran al río. El aire es bello. El cielo está pelado. El piso es de casas rotas, de lugares que no existen, de gente que pasó; pedazos de piedra, ramas y botellas de plástico. El acto consiste en agacharse, agarrar una piedra y tirarla lo más lejos posible, hacia el agua. Verla hundirse, hasta siempre piedra. Una piedra que tocó mis dedos, se ahogó en el río de La Plata. Ese es el juego que juegan. Un nene se acerca a la orilla, camina con miedo, pisa las piedras con terror a caerse. Camina despacio. Agarra una piedra, la tira. Y la piedra sale volando hacia arriba, cayendo cerca suyo. El agua quedaba varios metros más para adelante. Dommage. Vuelve a intentar. Y cae más o menos igual. Cambia el lanzamiento y casi que pega en el agua. Se acerca, vuelve a tratar. Y la piedra golpea el agua. Lo festeja. Vuelve a hacerlo. Hay mucha torpeza en sus movimientos. Me apena, me aflije. Debería tener un padre que le indique tenés que poner la mano así, la idea es que vaya para adelante, ¿ves? Me pregunto quién le habrá enseñado a mi papá a afeitarse. Más allá un hombre marea una nena. La agarra de sus manos, la da vueltas y después la para. La nena flipa con el efecto mareo. Y quiere otra vez. Dale otra vez, no seas vigilante, que dentro de un rato va a tener 28 años y nadie que le haga eso. Yo me acuerdo la última vez que mi hermano me hizo eso. Y recuerdo haber pensado esto: esa fue la última vez que me hace marear. No lo recuerdo de la última vez que subí a un tobogán. Sí recuerdo la última vez que subí a una calesita. A las de sortija, digo. A mí me gustaba pilotear un avión, porque tenía dos bocinas distintas. El nene después agarra una bicicleta y se va. Parece estar solo. Por eso tiraba tan mal las piedras. Vuelvo a andar. Salgo. Vuelve el ruido de ripio y mis zapatillas. Más bicicletas. El barco se estaba acercando, no alejando. Está más grande. En realidad es enorme. La gente lo mira acercarse. Comentan las maniobras y todo. Salgo a Córdoba. Recorro la avenida Costanera. Acá se venía a ver el río y ahora se huelen los carritos. Bicicletas por todos lados. Y patines. Y niños. Más niños. Como me gustan los extremos, decido ir al cine. Salgo a la Casa Rosada, camino por enfrente a la Plaza. Paso por la Catedral. Justo terminó la misa y salen viejas que lavan sus culpas dejando un billete de cinco pesos a la señora que pide la limosna en la puerta. Me la imagino en el barrio, haciendo correr la voz de que trabaja en la Catedral. Las señoras la miran con desagrado, rezando porque no les vaya a tocar el abrigo. Le dejan el billete y no la miran a la cara. Huelen a plata las viejas con plata. Agarro la Avenida de Mayo. Pienso en un antes que ahora no vale la pena. Más gringos. Menos chicos. Llego al Gomón. Una para la de las 19.50. En la sala no hay niños. Bien. Funde a negro, vienen los títulos. Voy a tomar el colectivo. No se avizoran niños. Luego, sube una familia mamá+papá+nena. La nena tiene un tupper en la mano. ¿Es una costumbre nueva esa de pasear tuppers en el colectivo? Se bajan enseguida. Yo estoy en el umplugged de Charly García. Bajo del colectivo. De una casa sale un hombre que se acerca a un auto. Una nena lo acompaña a la vereda. Una mujer mira desde la puerta. La nena se acerca al hombre y le dice "Chau pá". El Día del Niño me pegó raro, sí.

jueves, 5 de agosto de 2010

recuerdo de tu paso por mí

vengo a descubrir un viejo ardid, una triquiñuela espantosa, una estrategia burda y sin embargo siniestra, de la que mucho se habló en conversaciones telefónicas y en canciones de desamor: la trampa de las cosas olvidadas en la casa de un ex

esta trampa, que requiere de una sutil habilidad por parte del cazador, no es más que la mismísima condena al tormento de un intento futil y anodino, reservado para víctimas proclives al masoquismo y cobardes de poca monta

cedés, libros de bukowski, pañuelos violetas, cualquier elemento de valor mínimo puede convertirse en guillotina camuflada, trampa de oso o áspera soga que en cuestión de minutos ahogará las posiblidades de un mañana feliz, un futuro mejor, una colección de teléfonos en los bolsillos de un jean, juntados un sábado a la noche en un boliche bailable, también llamado boite o una tarde de lectura en la paz de un banco de plaza, sin el suplicio del ruido mental

atención, mis queridos cofrades, que esta maña requiere que haya un cazador y haya alguien que quiera ser cazado. no hay que dejarse engañar por el teatro de la mente, ese que dentro nuestro nos quiere ver llorar y que se regodea del dolor sólo para buscar la panacea en un "te tengo que dar tus cosas", una frase terrible, terrible, que se disfraza de despedida para maquillar un vamos otra vez

el fraude astuto que encierra un "te tengo que dar tus cosas" sólo puede ser anulado por el poder infinito del "mis cosas me importan un huevo, no quiero verte nunca más en mi vida". no hay otra piedra que anule esa tijera; no hay otra respuesta para escapar de semejante engaño, por más que "tus cosas" involucre un ejemplar de los evangelios apócrifos, firmado por Borges, dedicado a una tal M Kodama; por más que se trate de un último ejemplar en vinilo de Artaud, con las puntas enteras de su tapa; por más que de una piedra del Muro de Berlín estemos hablando; por más que sea el mismísimo Grito de Munch, nada vale tanto como la sed de libertad y el hastío cansado de ser hastío, que grita desde el fondo de un colectivo que iba a ninguna parte, "no, por favor, otra vez no"

asimismo, esto es aplicable también en el sentido inverso, en cuanto a cosas de un ex, olvidadas en la casa propia. por ejemplo, uno puede adueñarse de ropa interior del sexo opuesto (o no), que bien podría servir como trapito para limpiar las suelas de esas zapatillas traviesas que osan pasar por encima de soretes de perro; uno puede quedarse con esos libros de colección y usarlos para nivelar una mesa renga; o puede cortar bizcochuelos recién horneados con esos cedés que alguna vez fueron un préstamo y hoy sufren una reubicación en sus tareas, etc. y además, de paso realiza el ejercicio creativo de darle nuevos usos a objetos de poco afecto personal, que muy contentos estarán de que no sean el arma que ejecute una pena tal como la reincidencia misma

viernes, 30 de julio de 2010

declaración de amor eterno o alguna pelotudez semejante

no sé por qué amo mi casa, yo creo que todo el mundo ama su casa, le gusta, le pone la lechucita que le regaló el tío antonio, traída de Bahía Blanca, el cuadro de cuando el sobrino debutó en el club del barrio, le compra tazas de boca y un sillón violeta, que va a ir con esa lámpara naranja que mamá dejó en la casa de la abuela
no, yo amo mi casa y no tiene nada de eso
mi casa es un parque de estímulos visuales, tengo una virgencita del tiempo, un cubo rubik, un sticker de una tortuga en la cocina, una bola 8 mágica, un paraguas chino, es una locura, esa casa, por dios, no te puedo explicar lo que es, te volves loco, te volves loco
no, yo amo eso, sí, pero no debo ser la única que llenó de chirimbolos el bulín para que sea una tienda kitch, lo sé, esto es ser parte de una logia bastarda que sólo unos pocos saben apreciar
no, en realida, yo creo que amo que mi casa esté en una calle empedrada
por ejemplo
porque resbala las gomas los días de lluvia y acompaña con un murmuro cada paso de un auto
amo el sonido de las uñas de los perros cuando pasan por la noche

o, me gusta cuando bajo del colectivo, camino esas dos cuadras y siempre el mismo panorama, ellos están ahí, con un grabador re pulenta, escuchando cumbia o rocanrol
eso, sí,
amo que tenga una esquina con pibes fumando
las esquinas con pibes fumando son espacios en extinción y alguien debería hacer algo
porque no hablo de la legalización
hablo de la pérdida del hábito, la anulación del ritual compartido
entre la generación de mi hermano y la mía, las sociedades artísticas nunca superan el miembro
hace diez años, él estuvo en un proyecto colectivo que incluía unas 15 personas de distintas disciplinas
hoy ¿cuántos buses de cargan ideas? ¿cuántos troles llevan ideas en conjunto?

amo que esté en el piso más alto, porque puedo ver más cielo
porque mi cama apunta al sur, y mi luna y mis nubes son las mismas que miran en Avellaneda, Quilmes, quien te dice La Plata.
porque veo pasar aviones y yo me acuerdo que quiero estar en uno

amo que sea tan chota, que las cosas se rompan y me las tenga que ingeniar
porque no sé para qué demonios me compré un destornillador phillips, pero el día que me toque usarlo, voy a estar muy orgullosa de mí
porque no tengo gas y me cago de frío y hasta hace poco no tenía ascensor ni portero eléctrico, pero te juro que es la cueva más linda que ví en mi vida
con la canilla que hay que apretar fuerte; con la luz de la cocina que no anda
la amo así como es

amo que tenga una ventana enorme
y amo ver la lucha increíble de la luz, que no cesa la pelea contra la capa de mugre que envuelve mis vidrios

amo que mi casa tenga un gato
o un gato tenga a mi casa
porque ¿quién era que hablaba de las cosas que no es que uno las tenga
si no que las tienen ellos a usted? creo que era Cortázar, en Cronopios y Famas, sí
(para mis adentros pienso que alguien un día va a leer eso último y va a ir al puesto 96 del parque rivadavia, o cualquiera similar dentro de cincuenta años y va a preguntar si tienen "Cronopios y Famas" de Cortázar y el tipo le va a decir que no. O va a ver que se vende sólo en Rosario, como me pasó a mí con Reunión en el Restaurante Nostalgia, que lo recomienda este flaco, el de Alta Fidelidad, pero en 31 canciones, Hornby. "No, Cronopios y Famas, no".
y no es que yo tengo un gato
ni tengo un gato en mi casa
el gato me tiene a mí y a mi casa
eso es lo que me fascina
cómo algo tan chiquito, puede poseer tanto
al mismo tiempo, que, claro, elucubro la manera en la que el gato me pague una parte del alquiler,
como sea, amo mi casa porque tiene un gato

amo mi casa porque me enseñó a caminar sola, a arreglar y cerrar y firmar, y acordar
y a pagar un alquiler en tiempo y forma
con una taza de té en una mano y una masita seca en la otra


amo mi casa porque tiene una salamandra


amo mi casa porque me quiso siempre,
de fiesta, o triste,
rota o arreglada
mi casa me quiso dormida y amargada
y parada y sentada
apurada y tarada, tarada, tarada
mi casa me quiso con lágrimas, con sangre, con sudor, con sexo,
con amor, con bronca,
siempre me esperó, para cagarnos de frío juntas

amo mi casa porque es mi casa, y la amo porque es mía y la alquilo, pero es mía
por eso la amo, porque mi casa ya no es más la casa de alguien más también,
es mí casa, por eso la amo, sí

jueves, 29 de julio de 2010

un nuevo acorde

Cómo me gusta cuando abre la puerta y entra. Se me llena la casa de ella. Cuando empiezo a escuchar su llavero, me convierto en un gato, que espera su llegada, que espera su caricia, su presencia. Y cómo me gusta que haga siempre lo mismo. Su ritual habitual es mi delicia. Siempre el mismo mecanismo. Varía el vestuario, pero los diálogos y el escenario, son siempre igual. Llega, abre la puerta sin vacilar, porque apenas sale del ascensor ya tiene la llave preparada. No es como yo, que me atormento en la puerta, lidiando con la certeza de que perdí las llaves, hasta el momento mismo en que abro la puerta. No. Ella las trae en la mano y abre directamente, de un solo intento. Ganaría un viaje a Bariloche en Feliz Domingo, sin ningún problema. Abre, dice "hola amor", cierra y sube las escaleras. Abre la puerta, da su buenavenida. "Hola amor". No me llama, no pregunta si estoy y nunca cambia el tono en su anuncio. ¿Sabrá que estoy cuando dice "hola amor? ¿O será que dice "hola amor" porque esta es la casa en la que nos amamos? ¿saludará igual si no estoy? Entonces cierra y sube las escaleras. Y sube de un saque. No hay dudas en esa subida. No hay pesadez en sus pasos. Sube como un rayo. Y sacude las llaves en su mano cuando sube las escaleras. Las tuvo presas entre sus dedos antes de abrir, las libera en su mano mientras sube la escalera. Y ahí, cuando yo la puedo ver, antes de venir a mí, siempre hace eso que me vuelve loco. No sé si es el orden o la sensualidad de sus movimientos, pero me vuelve loco. Deja las llaves, se saca los zapatos y se saca el saco, siempre de abajo para arriba. Creo que eso es lo que me inquieta. Que se desprenda los botones de abajo para arriba. Cuando se saca las camisas hace lo mismo. Desactiva los botones de abajo para arriba. Tal vez porque su mejor secreto son esos lunares en el pecho, entonces los preserva lo más posible. Nunca los desnuda primero. No. Hace rogar esos lunares. Siempre desenlaza los botones de abajo para arriba. Y lo hace como si no lo hiciera. Me pregunta qué hacía y yo no puedo contestar esa pregunta ni ninguna otra mientras ella está desabrochando esa prisión que encierra su piel, de abajo para arriba. O es el pelo largo, siempre suelto, siempre ordenado. Ese pelo parece un ejército de niños bien disciplinados, que juegan en el recreo sin correr, que saben que en breve harán fila para volver al salón. Sí, debe ser el pelo. Siempre que vamos caminando, me gusta ver cómo esos hilos se mecen como en una hamaca paraguaya vertical, al son de su taconeo. Es el pelo, es el pelo y yo creo que son los botones. O es la manera que desabrocha su saco de pana gris, o la forma en la que se libera de la bufanda y yo creo que es el pelo. Toda su presencia es una distracción. Tal vez no sea ni el pelo ni los botones. Tal vez sea el perfume que me deja cada mañana cuando se va. Ese perfume que pondría celosa a cualquier mujer, si ella fuera mi amante. Ella estuvo acá, y encima hace poco, pero estuvo acá, puedo sentirlo, puedo sentirla todavía. Ella no se va hasta que no se va su perfume y encima, cuando su perfume se está yendo, ella taconea desde el pasillo, con la llave en la mano y abre la puerta y dice "hola amor". Sube las escaleras, se desabrocha el saco de abajo para arriba. De-abajo-para-arriba. Y me pregunta cómo estoy, qué estaba haciendo. Y yo qué sé qué estaba haciendo, si ahora no puedo más que hacer lo que pueda, con vos invadiendo mi casa, tirando tus zapatos, soltándote de una bufanda. Y yo qué sé qué estaba haciendo si ahora lo único que puedo hacer es pensarte desnuda en mi cama, y que me sonrías. Porque si algo tiene de bello es lo auténtica que es para hacer el amor. Ella no aprendió a hacer el amor mirando películas porno. Ella no pone cara de actriz de película porno cuando hace el amor. Ella sonríe cuando me hace el amor. Creo que la primer noche que pasamos juntos, supe que iba a estar con ella toda la vida porque no gemía como gimen todas las mujeres con las que hice el amor. Ella sonreía y se reía y me acariciaba y se movía como un gato, como un gato jugando con un ovillo de lana, se estiraba, se balanceaba, se mecía. Y sonreía. Y me pregunta cómo estoy y yo quiero verla desnuda, ya, pronto, la quiero con sus lunares a punto de tirotearme y sonriendo. Quiero cubrirla de besos, quiero morderle el cuello, quiero apretar su cuerpo contra el mío, quiero arañarle la espalda y que ella me la arañe a mí, me muerda, me tire del pelo. Ahora, ya, es urgente. Y así llega a mi casa, con tal impunidad. Yo me olvidé qué estaba haciendo cada vez que la ví llegar. Su llegada me cura del espanto, de la soledad. Para mí el tormento es escuchar el ascensor, que llega hasta mi piso y que no sea ella. Eso es el tormento. Es tal el dolor que cuando siento que es ella que abre la puerta con la llave certera, siento que descansan todas mis defensas. Esa misma noche, después de verla sonreír, después de que me abrazara para dormirse, cuando despertamos y yo subí la persiana, miré por la ventana, completamente conmigo, y me dí vuelta y encontré sus ojos buscando los míos, supe que ella me había venido a buscar. No había más alternativas. Ella me había venido a salvar. Supe que ella era y estaba para mí. Y que ya no iba a sentir más pena, porque estaba ella. Ella, sus lunares y sus botones. Ella y sus zapatos. Sus anillos y sus aros, su perfume y sus libros de economía, ella y su encanto por los jazmines; ella y su odio a los subtes; ella y su risa; ella y sus estornudos estertóreos. Ella y su gata venían por mí. Ya no tendría que esperar más por nada ni por nadie, porque ahora estaba ella, que todas las noches me esperaba con una sonrisa en la penumbra y con su piel y su perfume preguntando por mí. Y ahora abre la puerta, mirala, es ella, es tan linda, tan mía, tan pura, tan ella. Sube las escaleras, viene hacia mí. "Hola amor". Ahí está su perfume. Se estaba escapando y ella lo volvió a encerrar en mi casa. Cerró la puerta y sube las escaleras de un sacudón, no arrastra los pies ni sube de a poco. Por más cansada que esté. Sube de un saque. Hace lo mismo cuando las baja. No las baja de a poco, las baja de un tirón. Sube rápido, deja las llaves, y la delicia de sus dedos bailando un tango con sus botones. Me clava esos ojos, con su perfume como un cuchillo para mi cuerpo y yo no sé más nada del mundo.

-Hola amor. ¿Y? ¿Novedades? ¿Qué tal te fue con el médico?

domingo, 18 de julio de 2010

un acertijo en una lengua muerta

Últimamente Gonzalo me pregunta preguntas extrañas. Siempre cosas sobre los chicos; siempre raras, intrigantes. No sé si es el tono de su voz en el teléfono o si con los años nos perdimos las frecuencias, pero siempre me deja pensando un buen rato cuando me pregunta algo. Esta tarde, cuando le contaba que salimos a comer por el cumpleaños de la nena, me preguntó si hoy le había olido la cabeza y si el olor de su pelo era parecido al del hermano. Me dejó pensando, el hijo de puta. Y lo mejor de todo es que después la sigue como si no hubiese pasado nada. Y yo me acuerdo que cuando subimos al colectivo, nos dieron un asiento y yo la agarré a ella y ella supo acomodarse bien, comodidad x 2 asegurada, sus rodillas en el límite de mis piernas, asegurándose con fuerza, su brazo engarzado a mi cuello, casi distraída, casi para mí, y me acuerdo de su pelo haciendo un velcro con mi barba de dos días y me acuerdo de haberla olido hasta bajar del colectivo, pero no recordaba ese olor, y nunca lo había comparado con el del nene y nunca recuerdo el olor de las cabezas de mis hijos hasta que las vuelvo a oler, ahora-que-me-doy-cuenta, y entonces me resultan conocidas, pero hasta entonces no recordaba con quién tenía que encontrarme al olerlas. Y ¿cómo puede Gonzalo saber eso, preguntarlo para exponerlo y luego continuar con un así que en Buenos Aires hace mucho frío, leí en el diario. Lo más grave es que yo pestañeomiroaunladomiroalotropiensounsegundounsegundomedespienso y digo sí, mucho frío, no sabés lo que es. En la casa de Nora, me dijo hoy, que no le salía agua de las canillas, de lo congelada que estaba. Y decí que acá nosotros tenemos buena calefacción, que si no. Y a mí me llama la atención que me pregunte cosas raras. Sobretodo últimamente, que parece que le empieza a hacer ruido la campanita del número redondo. Si cada vez que hablo con la madre, me dice que todavía espera que le dé un nieto. Un nieto, le pide la madre. El otro no le da ni una novia y ella le pide un nieto. Sí, pero vio como es esto, él tiene una carrera con la música, y eso es un matrimonio artístico. ¿Matrimonio qué? Yo lo único que sé es que mis amigas de la Iglesia se juntan en la Plaza con sus nietitos todos los domingos y yo no voy porque me cansé de no llevar nunca un nietito. Encima, con lo que te mezquinan los nietos, las hijas de puta. Bueno, yo le voy a decir cuando se conecte, que usted le manda saludos. Y un nietito. Sí, un nietito también le voy a decir.

No, Gonzalo, son los dos diestros, ya te dije la otra vez. Emmmh, no preguntaron qué es la muerte todavía. No, nunca les dije nada. Ah, mirá vos. Me la voy a comprar, entonces, cómo dijiste que se llamaba? Enciclopedia sobre la Sexualidad, es algo como un manual? Bueno, pero la nena tiene 10 y el nene 9, no te parece que es un poco pronto. Ah, leíste eso. Bueno, gracias por el dato. ¿Eh? Ah. No, nunca vieron un oftalmólogo, pero están bien, ven bien. Te digo que ven bien. Pero dejate de joder, che, si no hay antecedentes de Daltonismo en la familia.

Gonzalo me parece que te pasa algo, mi viejo. Mirá, últimamente me preguntás todas cosas raras, loco. No puede ser. Daltonismo, me decís, que la tengo que revisar por si tiene Daltonismo. ¿Pero qué te pasa? No te parece que yo podría haberme dado cuenta ya si tiene Daltonismo, o si el nene es enano? Si está enferma de un mal incurable, de posibilidades de 1 en un millón; si son zurdos, si tienen una pasión oculta con el oboe, o si son potenciales conductores de Fórmula 1. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Tenés ganas de sentar cabeza? Si siempre dijiste que eso no era para vos. ¿Por qué tanta curiosidad de repente? ¿No estás haciendo la mosca con el bandoneón? Y entonces, ¿qué es? Pero claro que la vida no es fácil, a cada uno le toca un cachetazo más o menos fuerte para aprender a vivir. Bueno, sí, nosotros la peleamos y seguimos adelante. Sí, te escucho. No, no me acuerdo. Ah, sí. Sí, ella entró en 3º año, a mitad de año. Sí, que se hizo amiga de Ana María Terfi y Mariela Palacios. Sí. Ah, sí, vos tenías un metejonazo con esa flaca... Ah, no, no sabía que había pasado nada. !¿No me digas que te contactó? ¿Por Facebook? ¿En serio? ¿Está buena? ¡No te la puedo creer, después de tantos años! ¿Y qué te dijo? Ah, sí. Sí. Pará, ¿esto cuándo fue? ¡¿Hace tres meses?! Ah, te lo tenías bien guardado, eh. ¿Y qué te dijo? ¿Qué? ¿Eh? ¿Vos me estás hablando en serio? Y pero cuántos años tiene. bz0ch0y0ch0,bsmellevocu4tro. Ah, sí, dan los números. ¿Y cuándo venís a conocerlo? ¿Qué? ¡¡¿¿Pero vos sos pelotudo??!! Cómo no lo vas a querer conocer, boludo. Pero che, qué te pasa, decime vos estás loco. Un hijo es lo más grande que hay. No importa cómo, es el sentimiento más noble. Vas a abrazar a un pedazo de vos que ahora es otro! ¡Y todo un otro! Gonzalo, llama a esa flaca y decile que vas a venir a conocerlo. Ya mismo hacelo. Vení y yo te acompaño Gonzalo. Gonzalo, no, no va a ser daltónico. Y si es daltónico, vivió toda su vida así, y llegó hasta vos, no está nada mal ni tiene nada extraño. Al contrario. Bueno, pero suspendé una gira, pateala para más adelante y vení a conocerlo. Aunque sea hacelo por el pibe y después ves qué te pasa a vos con eso, pero vení a conocerlo, te digo, que es lo más grandioso que vas a experimentar. Gonzalo, vas a olerle la cabeza a un ser que alguna vez fue una gota de placer y ahora es una persona. Gonzalo, calmate. Yo te voy a acompañar, si querés te aguanto en la puerta, pero hacelo. Bueno, loco, yo siempre te entendí desde que eramos pibes y vos te fuiste a pasear por New York con el bandoneon y 200 dólares y me plantaste a mí cuando íbamos a hacer socio juntos. Vos me plantaste y yo me la banqué y me banqué tu sueño de la música y la bohemia, mientras yo pasaba el verano estudiando. Yo me banqué que no vinieras a mi casamiento porque los acontecimientos sociales que el sistema impone para que nos divirtamos obligatoriamente no van a contar nunca con tu presencia; yo me banqué que en lo mejor de nuestra amistad vos decidieras irte a Nueva Zelanda de gira con un grupo de teatro. ¡Con un grupo de teatro, Gonzalo! Yo estaba bautizando a la más grande y vos estabas haciendo la ser o no ser en Nueva Zelanda, Gonzalo. Y ahora me preguntás cómo es tener un hijo. Bueno, andá y tenelo. A ver qué se siente, a ver si así me podés entender, a ver si así me dejás de mirar desde arriba. Andá y tené un hijo. Y bancátelo si tiene fiebre, si te rompe la camisa cuando le hacés upa, porque se prende del bolsillo. Y bancátelo si un día viene y te dice que para qué lo trajiste al mundo. Andá, tené un hijo y a ver si alguna vez me traés un libro de diseño o de música copado, y no esas torreifél de metal, un souvenir de mierda que te los venden por dos pesos y es la mismísima mierda más adorable para quedar bien. Tené huevos, Gonzalo. Tené un hijo y a ver si así podés entender que Roma es un poroto al lado de verlo decirte "papá. Tené un hijo y despertate en el medio de la noche, con el pibe meado, a cambiarle las sábanas, cuando dos minutos te estabas cogiendo a la mina de tus sueños, en el medio del programa de televisión. No, no estoy enojado. Te estoy diciendo que asumas lo que hiciste: tuviste un hijo. Te enteraste tarde. Qué pena. Ahora, andá y tenelo todo lo que lo puedas tener. Y largá la caravana un poco, que hay otras cosas más profundas que bailar duro.

martes, 6 de julio de 2010

tengo una lupa

tengo una lupa, es de plástico, viene dentro de una funda azul, casi tan ancho como una tarjeta de crédito, pero de similares medidas. es la primer lupa con la que tuve contacto. Lupa debe ser una de esas palabras que adornan a las letras en los abecedarios colgantes. Lo que es el xilofón a la equis debe ser lupa a la ele. Bueno, creo desde ahí tenía la idea de lo que una lupa era. este coso de plástico transparente y distorsionado que sale de una funda azul ha de ser una lupa, no hay duda

tengo una lupa y un disco primer disco. si yo hubiese visto casi famosos cuando tenía 13 años, todo hubiese sido más fácil. pero no, la miré a los 24. Diantres. este disco primer disco me lo regaló mi hermano, el del medio. Es el amor después del amor. Lo bueno que tenemos dentro es un brillante, es una luz que no dejaré escapar jamás. Eso dice la letra original. y como lo de casi famosos, me entero recién ahora. yo decía Lo bueno que tenemos dentro es humillante. Humillante. Un brillante. Touché. pero sigue siendo mi disco primer disco, que me regaló mi hermano

tengo una lupa, un disco y una profesora de historia, que vaya a saber yo por qué, siempre me traía recortes de los diarios con notas relacionadas al rock. no tengo ni idea dónde estará toda esa información ahora. pero estaba bueno empezar la clase y que ella me desplegara reversos quebrados que escondían notas de mi interés, dando así y con total impunidad, un auténtico acto de predilección de la que yo era benefactora. oh, la gloria de sus recortes era la miel de mi lectura, en una era memorable como lo será aquella en la que no había internet


tengo una lupa, un disco, una profesora de historia y un ex novio con una discoteca hermosa, que me hizo el amor con Led Zeppelin y Billie Holliday, con Manal, con Pappo, con Spinetta, con Gabo Ferro; que me leyó poesía de Miguel Abuelo, de Kerouac, de Michaux y Patti Smith, y me comentó notas de Radar; que me obligó a que conociera París. si no fuese porque en el medio me trató de puta, me dejó en los momentos en que más necesitaba de su apoyo y su compañía, hipotecó mis emociones durante casi dos años, y nuestras aspiraciones eran más bien distintas, todavía sería mi novio


tengo una lupa, un disco, una profesora de historia, un ex novio y una habilidad admirable para desoir la advertencia aterradora de que "no hay más entradas" para ver un show. que acompañado por un irrefrenable convencimiento en la causa del mundo de lo posible, me permiten presenciar espectáculos alucitrópicos, como ver a Divididos gratis o a Soda Stereo ligando una entrada de un transeúnte

tengo una lupa, un disco, una profesora de historia, un ex novio, una habilidad, y un boleto de metró parisino sin usar que saqué el mismo día que volvía a Buenos Aires, con la idea de que cuando volviera a ir a París, iba a tener un tiquét-de-metró para de vuelta ir a la tumba de Cortázar y mi hermano me va a decir que es una pelotudez grande como una casa y yo le voy a decir que yo sueño con vivir en el país donde él vive a partir de que él soñó con vivir ahí.

tengo una lupa, un disco, una profesora, un ex novio, una habilidad y un tiquet de metro para cuando vaya al país de mi hermano, mi hermano no el que me regaló el disco, mi hermano el que me hizo escuchar Rata Blanca a los 7 años, mi hermano al que le pertenece la lupa