viernes, 22 de octubre de 2010
no podrás cenar sin tu noticiero
viernes, 15 de octubre de 2010
it's oh so quiet
miércoles, 13 de octubre de 2010
tazas de te chino
hoy tengo una entrevista con una psicóloga. primera vez. obra social. setentasietecatorce. me quedé demasiado tiempo en la cama y ahora hago todo diciendo "mierda, mierda, mierda; llego tarde, llego tarde, llego tarde". no encuentro qué ponerme, si ir vestida seria o vestida de mí misma, agarro lo principal, una bombacha y un par de medias, vuelvo a la cocina a buscar un trago del té con leche que trago mientras regreso hacia la cajonera a ver qué pantalón tengo limpio para ponerme, y en eso me acuerdo que tengo poca carga en el celular y mientras robo otro sorbo del té con leche, lo enchufo y vuelvo a ver qué me pongo además del pantalón.
me tomo el b, qué subte aburrido el b. porque el a tiene la sabiduría que otorga la madurez; la h tiene la energía de la juventud; la d es sofisticación dandy. el b es un embole. y cometí un acto de torpeza y la comodidad de este asiento no me va a servir de nada porque adentro de mi cartuchera no tengo ni el lápiz delineador ni la máscara de pestañas con las que me iba a pintar los ojos durante el viaje, tal como lo pensé cuando terminé de bañarme. y qué será de mis ojos sin maquillaje, si llego a llorar mucho en la sesión. y en esta gente que va buenos aires arriba tan despreocupada, hay una rubia de jean, botas marrón suela, camisa blanca bordada, con un bolsito rosa chicle, está un poco grande o la ropa le queda chica, aunque quién soy yo para juzgarlo y después de todo, está transitando una segunda preadolescencia: es demasiado señora para ser chica y demasiado chica para ser señora. pasa una vendedora de pañuelos que dice ser ciega, pero se detuvo al lado del flaco que tengo adelante, en cuanto él atinó a abrir un bolsillo de su mochila deportiva y pienso por qué será que los profesores de gimnasia siempre están vestidos de profesores de gimnasia. si, por ejemplo, los estudiantes no están siempre vestidos de estudiantes; los médicos no están siempre vestidos de médicos; los empleados públicos no están siempre vestidos de empleados públicos, ¿por qué extraña razón los profesores de gimnasia siempre están vestidos de profesores de gimnasia? y esa pregunta ya debe haber existido millones de veces pero me chupa un huevo porque me decido a levantarme para ir hacia la puerta, la que viene ya es Medrano y de repente la rubia salta como si la alarma de "bajarse del subte" se le hubiese encendido con un poco de delay, y se baja del subte. transito el último tramo que me queda al mismo tiempo que observo que nadie en este vagón está tan bien vestido como estaba ella.
es raro esperar a alguien en un palier, a.k.a. zaguán. porque ¿qué hacer? posar como para una foto, hacerse el distraído, mirar fijamente que del otro lado del vidrio se vea alguien más que el propio reflejo? esos minutos entre que uno se presenta en voz alta delante de una placa de bronce en la que un portero despuntó su monomanía laboral esta mañana, hasta que finalmente la puerta es abierta, esos minutos han de ser motivo de angustia. además de tener que prepararme para enfrentar mi imagen mental de cómo puede llegar a lucir esta mina con su imagen verdadera, tengo que prepararme para tolerar esa sensación de estar en un laberinto de película cada vez que voy a un departamento que no conozco. y luego de ensayar distintas poses, entre las que destaco "mujer mirando preocupada a la vereda", "leyendo un libro de la colección de página doce" y "apoyome sobre el mármol frío, una pierna extendida, la otra flexionada", cae la muy descocada, con una polera turquesa, pantalón de jean y botas de lo más regulares.
a ver, a ver, ¿qué pasó? para empezar, el turquesa fue el color de moda hace diez años y esas botas son propias de una zapatería para viejas. y yo me habré olvidado el delineador y el rimmel pero vos bien que te podrías haber puesto un poco de brillo en los labios aunque sea, ¿no?
y doce pisos...más tarde, el consultorio es una meca de la simpleza insípida. al entrar hay una mesa de vidrio y cuatro sillas rojas, las paredes blancas como las cortinas y ni un puto cuadro a la vista. unas meninas, un miró, ni un afiche pop art, aunque sea. por el amor de dios, cuánto blanco ¡y todo junto! y adelante, me dice. adelante. adelante a dónde si todo este blanco no me deja ver nada, pienso. entramos en una habitación con un sillón de dos cuerpos color té con leche, con tres almohadones que van en degradé del té con leche al té rojo, casi al mismo rojo del sillón de un cuerpo donde se va a sentar ella. aquí también las paredes están vírgenes y la única interrupción del blanco la comete un título que la corona como licenciada en psicología.
bueno nos conocemos, me dice. ¿bueno, nos conocemos? ¿qué clase de afirmación es esa? ¿nos conocemos de antes? ¿nos conocemos ahora? ¿nos conocimos? ¿conozcámonos? ah, conozcámonos querés decir, le digo. sí, eso mismo, conozcámonos. y en ese mismo momento me doy cuenta que entre esta psicóloga y yo hay un abismo, "¡muerte al salvaje cambiador de verbos; viva el fundamentalismo de la conjugación!", ni perdón. y procedo a retirarme sabiendo que no la voy a volver a ver nunca más en la vida, por más que hayamos quedado te parece bien, como hoy, el miércoles a las once. sí, dale, macanudo.
me meto en un ¿y aquí debería decir la verdad o disfrazarla con cultura? podría decir que me metí en algún notable bar pero no, voy a ser honesta, tengo la mentira prohibida y lo cierto es que me metí a por un café con leche en el mac donalds de medrano y corrientes. sí. y qué? mientras pienso que la mejor manera para revertir esta mañana es caminando hasta el trabajo, espero mi pedido y no deseo agrandarlo y pido un vaso de soda. en eso veo que una estudiante de medicina está vestida de estudiante de medicina y me da tirria. tomo mi café con leche y en vez de ponerme la radio, recaigo con el umplugged de Charly García. juego a las miradas esquivas con un flaco que desayuna en una mesa próxima hasta que me voy volando a caminar.
paso por locales de ropa, una ferretería llena de cosas que no entiendo, una mueblería que pintó un liquidación de tiza en su frente de vidrio, un hotel lujoso y un hotel de mala muerte, un local de comida peruana; paso por charcos de películas pirateadas, por dos kilos de frutillas diez pesos, por un negro con un paraguas mojado de oro; paso por el kiosco en el que compramos con belén una coca, la vez que fuimos al taller de ana; por el edificio donde vive mi antigua psicóloga, (¿sería mi ex?) y pienso seriamente en tocarle el timbre "hola, ¿me atendés un ratico?", le diría, te lo juro. y sigo caminando y entro en un bar. no. y sigo caminando, no más. y en eso pienso que el once por corrientes puede llegar a enloquecerme, así que al llegar al abasto, elijo (elijo) bajar al subte y montarme en él hasta pasteur. dos estaciones. lo que se dice, un rapidito.
paso el molinete luego de apoyar el frente de mi mochila rosa con enormes círculos verdes, a la altura del bolsillo donde guardo mi tarjeta monedero, me río de los obsoletos que todavía pierden tiempo haciendo la cola, me pregunto si ese tiempo que me ahorro me lo usaré para algo mejor que pagar un plazo fijo en la cama desde que me despierto hasta que me levanto. o algo así. y veo cómo nos tomamos la invasión de esa tarjeta as if y un día de estos terminaremos con chips metidos en las yemas de nuestros dedos y mi infancia, oh, fue tan bonita sin computadoras y con cospeles
en el andén, qué linda palabra andén, me hace acordar al nombre de mi hermano, en el andén veo que el ventilador no funciona, miro un mural que hicieron los alumnos de sexto y séptimo grado de la escuela 22 en 1985 y pienso que seguramente alguno de ellos se cruzó con luca, tal vez hasta se tomó una ginebra con él y creo que se me va a hacer un poco tarde, cuando veo pasar a la misma rubia de jean, botas marrón suela, camisa blanca bordada, con un bolsito rosa chicle. lleva, además, tres bolsas de papel, de distintas tiendas de ropa. de esa ropa que huele bien hasta después que fue lavada seis veces. de esa ropa que vale varias de mis ropas. la rubia con la que hace poco más de una hora fui desde diagonal norte hasta que ella se bajó de repente en el abasto, es la rubia que pasa caminando delante mío mientras estoy apoyada en los alumnos de sexto y séptimo grado de la escuela 22, en 1985. pero no es la misma, en realidad, porque ok, sí, esta lleva un bolsito rosa chicle pero también carga tres bolsas de papel, y poco más de una hora desfilando en un shopping, con aire acondicionado, escaleras mecánicas, música funcional y gente germinando esperando el sol. esa rubia y yo volvemos hacia el mismo lado desde donde vinimos juntas. coincidimos dos veces en un subte, en un mismo día. esa rubia, sus botas de esta temporada y mis zapatillas gastadas. su camisa blanca bordada y mi remera de cortázar teñida de rosa en mi casa con anilina colibrí. su jean de encaje perfecto y el mío con la entrepierna ya gastada. y pienso que qué loco, cuando llega el subte y ella se sube al vagón siguiente, la muy cobarde. y caigo en la cuenta que hace un año que no me compro ropa, que a diferencia de la mayor parte de las mujeres, no hay tarea que me excite menos que comprarme ropa, que nunca tengo ninguna prenda de la temporada actual cuando llego a la conclusión de que la psicóloga de la entrevista parece una tienda china de ropa para mujeres. y no hay otra manera mejor para describirla
domingo, 10 de octubre de 2010
las sábanas, testigo de tu cuerpo desnudo
no me levanté recién
más bien hace unas cinco horas
es domingo y los domingos me gusta hacer la cama
no apenas salgo de ella
eso jamás
jamás
pongo los bitel
sgt pepper
orden + música
el ritual que aprendí cuando pasaba las tardes
después del colegio
escuchando fito páez
y pasando un trapo por el piso de mosaico
o cerámica
nunca entendí la diferencia
verde
abro las ventanas
retiro el acolchado amarillo
que me regaló mi madre apenas me mudé a esta casa
los regalos institucionalizados de mi madre
son todo un tema de conversación
como el secaplatos que nos compró cuando me casé
o las zapatillas cuando cumplí 18
lo sacudo y retiro la frazada naranja
esa que me regaló J
un domingo soleado como este,
pero en ese entonces estaba enamorada
retiro las sábanas lilas
las primeras que lavé en mi casa
las primeras sobre las que lloré por amor
las que más me gusta usar
las primeras que tuve en mi vida de soltera
si esas sábanas hablaran
contarían lo pajera que soy
sacudo los almohadones
son de pluma
como el de Quiroga
pero los míos guardan entre sus plumas, mi sueño de escribir
ok, eso último fue malísimo
debo estar leyendo mucho... bueno, no importa
son cómodos y los amo
un amante que tengo me los hizo conocer
veo que el gato estuvo despuntando
su vicio instintivo
de afilar sus uñas en el borde del colchón
y pienso que maravilloso dejavu
me separé porque sus gatos eran insoportables
y ahora, yo tengo uno by my own
tiendo la cama y pienso
en la vez que me hice pis
y mis papás me hicieron la cama
mientras yo me dormía parada
y por más que yo me sentía en falta
supieron no retarme
tiendo la cama y me acuerdo
de la cama de mi mamá y
del olor de su pelo en la almohada
de jugar de mano con mis hermanos hasta desarmarla
de las luces de la tele reflejándose en su cara dormida
de esa noche de febrero en que me recibí de mujer
(y no estoy hablando de sexo)
de las inyecciones en esa cama
de mi mamá haciéndola conmigo de fiebre
de las fotos con mis juguetes en esa cama
tiendo la cama y me acuerdo
de las noches hablando con Alejandra
y Donna dándonos vuelta todo alrededor de nuestros cuerpos acostados
de las charlas sobre su frazada roja
compartiendo un cenicero
las volutas de humo interceptaban polillas
y nosotras planeábamos cambiar el mundo
hago la cama
porque tal vez hoy reciba visitas
pero la tiendo desprolijo
así no creo que la tiendo porque viene alguien
latiendo
la tiendo porque me gusta tenderla
martes, 28 de septiembre de 2010
caminamos una calle sin hablar
domingo, 26 de septiembre de 2010
horses
corren y gritan
gritan y patean
dan portazos
cantan
escupen
se burlan
aplauden
galopan
se empujan, se pelean
se mezquinan
se arrastran
vuelven a correr
se gritan auxilio en castellano neutro
escriben con tiza la pared
se asignan roles que después no cumplen
se levantan la mano
se dan la palabra
se piden pido
vuelven a correr
vuelven a gritar
se encierran
se juran odio
salen de vuelta
abren la puerta, la cierran a golpes
se cantan amor
se niegan
se aceptan
se vuelven a odiar
se lloran
se gritan
se abrazan
cantan una canción inventada
inventan un nuevo juego
para volver a correr
y gritar
esos caballos corriendo con furia
en un establo perimetrado por paredes de departamentos
son los niños del piso
en la libertad del pasillo
a la hora de la siesta
84 - Los sueños son más importantes que dormir.
lunes, 20 de septiembre de 2010
un zoom anatómico
miércoles, 15 de septiembre de 2010
A mí me es fácil olvidar
Estoy buscando las cosas para armar el arbolito. Pero si estamos en septiembre. ¿Y qué tiene que ver? ¿O vos hacés las cosas solo cuando te dicen que hay que hacerlas? Si fuese así, ¿por qué no ordenás tu cuarto cuando te digo que lo ordenes? Mamá, para qué querés armar el arbolito ahora. No importa para qué. Quiero armar el arbolito. Si te molesta, volvé a tu cama. Pero para eso ya estoy explotando las burbujas de cacao que quedaron en el fondo de la taza. No sé qué hacer con mi mamá. La otra vez tiró una caja con todos mis muñecos porque decía que había que renovarnos. Por qué no tiró esas bombachas todas rotas que tiene, si había que renovarnos. Esos muñecos, yo los quería mucho. Pero cada vez que puede, mamá tira todo a la basura. Sospecho que esto del arbolito es para tirar las bolas doradas y las guirnaldas y en diciembre preguntarse a dónde estarán las cosas del arbolito que no las encuentra por ningún lado. Con lo nerviosa que se pone cada vez que pierde algo. Parece que va a quemarte con la mirada, cada vez que pierde algo. Tenés que ponerte a buscar vos también, cada vez que pierde algo. Aunque no sepas qué o aunque sepas que lo tiró a la basura, hacé como que también estás buscando, porque si no te juro que te puede fusilar. Pero no. Una vez que dio con la caja correcta, empieza a sacar bolas y estrellitas y guirnaldas y lluvias. Desenreda una madeja de luces y las enchufa con cuidado, para probarlas. Está encandilada por la musiquita y las lucecitas que, todavía un poco enredadas, ensayan un baile delante de sus ojos. Yo la miro y mientras tanto, abro un paquete de galletitas Ópera. Voy por la segunda taza. Ya no me voy a volver a dormir y me imagino que a las once, en la hora de historia, voy a cabecear más que de costumbre. Las lucecitas sobre la cara de mi mamá la iluminan dos veces. Una por el reflejo de sus colores y otra por la alegría que le dan.
Hace un montón que no veo a mi mamá alegre. Siempre está cagándome a pedos por cualquier cosa. Así que la ayudo a desenredar las lucecitas, mientras ella abre los brazos verdes del arbolito y lo para en la mesa. Es chiquito este arbolito. Antes teníamos uno grandote, más lindo, que ya se pueden imaginar dónde fue a parar. Antes de terminar de abrir todas las ramas de plástico, le empieza a colgar todos los adornos. Tengo ganas de que hagamos un viaje, me dice. ¿A dónde te gustaría ir?, me pregunta. Como sé que siempre dibuja castillos en el aire, no le digo nada. Enchufo de vuelta las luces, esta vez extendidas en el respaldo de las sillas. Algunas se rompieron, veo. Algunas se rompieron, dice. Y saca las lluvias y las guirnaldas. Las acomoda sobre el árbol. Vuelan algunas esquirlas brillantes y mi mamá me las sopla en la cara. ¿Qué hacés?, le digo. Ay, che, es una broma, me dice. Una broma es armar el arbolito en septiembre. Esto es una broma. Pero, che, vos siempre tan cabrón. Y vos siempre tan ridícula. Agarro la taza, la dejo en la pileta. Pensaba lavarla, pero sé que le molesta que deje la taza en la pileta y más si tiene cacao. Y me vuelvo a la cama. No sé para qué, porque ya escucho a los pajaritos y los colectivos que andan más seguido y eso significa que en breve me voy a ir a la escuela.
Me quedé con sueño y no puedo faltar. Hoy el gordo Matías iba a traer unas revistas porno de su hermano. Robadas, por supuesto. Como todo lo que tiene siempre el gordo Matías. El pelotudo se cree que se puede ser menos gordo si se es más chorro. Pero al lado del gordo me siento menos tarado y estoy entrando casi tarde cuando en la puerta veo que tengo desatado el cordón del zapato. Me agacho para atármelo, aunque sé que es al pedo. Se me desatan todo el tiempo. Estuve desde marzo hasta acá atándome los cordones con un promedio de tres veces por mañana. Y en eso llega Flavia. Lleva las manos agarradas en las correas de su mochila, a la altura de los hombros. Yo terminé de atarme los cordones, pero no me levanto. Estoy a la altura de su pollera y nunca estuve tan cerca de esas piernas. ¿Qué hacés?, me increpa. Encima me increpa. Nada, le digo yo. Pero no me levanto. No puedo. Me pasa la mano por la cabeza. Nunca sentí algo tan lindo. Me peina con sus dedos. Tenés el pelo lleno de tiritas brillantes, como las de las guirnaldas del arbolito, me dice. ¿Estuviste armando el arbolito esta mañana? Mirá que estamos en septiembre. Y se va corriendo por la galería al patio, a sumarse a la fila de su división.
jueves, 9 de septiembre de 2010
sos un traidor, un infiel y un enigma
-porque aquí no caben expresiones como "de tanto en tanto" o "algunos días". se trata más bien de una mezcla de los dos. equilibrada mezcla. tampoco es una frecuencia. no-
de días en días gusto de traer un amante distinto a mi casa,
que festeje mis chistes y tome de mi vino.
que me deje jugarle con la luz y la sombra de mi lámpara favorita en el mundo.
que me seduzca por completo y me lleve a la cama
y me espere hasta que me venga un orgasmo y me duerma.
de tanto en tanto me gusta
cazarlo en la calle corrientes
mirarlo fijo, clavarle los ojos, seguirlo con la mirada, inspeccionarlo un poco
rozarle la piel, oler su cuerpo
agarrarlo fuerte, apretarlo con mi mano
elegirlo como a una presa perfecta
verás, yo soy una cazadora furtiva, sí
aunque no sé de qué otra manera se puede ser cazador
pero me gusta el trabajo de ir de caza sin grandes expectativas
-hay cosas mías que quisiera que no sepas nunca-
me gusta la tarea de la seducción
me gusta que me seduzca
esos verbos malditos que levantan las banderas de la duda
me gusta que me seduzca porque me dejo seducir
después de todo, es un amante perfecto siempre, aún cuando es malo
mal amante, amante al fin
y el género es secundario
puede ser un hombre o una mujer
o varios hombres y varias mujeres
anoche vine con varias mujeres
las amé a todas,
más que nada porque estaban todas juntas
pero más aún porque estaban
porque eran
a veces es un hombre solo
tengo un amante predilecto, tu sais
un amante fijo, verás
c'est mon amant
un amante fijo que a veces me agota
no, perdón, no quise decir eso
últimamente no viene tan seguido a mi cama
porque en realidad está siempre
-sobre gris una perfecta estrella AMARILLA-
hoy lloré teniéndolo en mis manos
cuando le encontré la página 115 señalada en un cuento corto
lloré como hacía mucho no lloraba
porque esa página señalada fue una miga que me dejó el pasado
ese pasado absurdo
que habita en cuadernos repletos de palabras
y en fotos llenas de olor a primavera
-a mí la primavera siempre me va a hacer acordar a esos días-
lloré porque ese amante me había sido infiel
y no tolero la infidelidad por parte de un amante
un amante es un amante, no hay lazos más que el amor pasajero
pero la fidelidad
la fidelidad no es un juego
y lloré por alguien que anda por ahí
y lloré por lo que dicen las líneas de una mano
pero sequé mis lágrimas porque al fin de cuentas
se trataba de un amante prestado o regalado
como si una amiga me hubiese presentado a alguien
o no
como si hubiese pasado un tren y seguido de largo sin frenar en la estación donde yo estaba
o no
como si alguien me dijera que pida un deseo para una estrella fugaz que no alcancé a ver
o no
como si mi amante me hubiese sido infiel.
eso
pero volviendo al tema
-el amor es tres cuartas partes curiosidad-
me gusta traerme de esos amantes
me gusta la promiscuidad, literalmente hablando
aunque
a veces me caso y tenemos muchos hijos y vivimos happily ever after
a veces sólo abuso de sus intenciones
y me gusta la seducción de la charla desinteresada camino a mi casa
sin demasiada atención
como si estuviera haciéndome rulos con un mechón de pelo y mascando chicle
no me importa lo que tengas para decir, sólo hago como que te escucho
pero cuando estemos en mi casa
ahí, ahí te quiero ver de veras
te quiero ver desnudo, de verdad
entonces llegamos y nos sentamos en la mesa del comedor y abro un vino y empieza el juego
de atrás para adelante, de adelante para atrás
y el olor y las fotos
y el tamaño de la letra y la textura del papel
y nunca conocí a nadie como vos
y ya no vuelvo a estar sola
y te amo
esta noche te amo
te juro que te amo
aunque recién te conozco, aunque mañana cuando me despierte, me levantaré rápido, me iré pronto y vos seguirás en la mesa de luz y ahí pasarás el día, tal vez hasta la noche siguiente
y entonces nos quedaremos chapando en la mesa un buen rato
yo tomo un poco más de vino y te desnudo página por página
y vos me das lo más lindo que tenés de vos
total, un día de estos hablaré de vos y alguien me dirá un dato obseno de tu existencia
y entonces ya no te querré
y habremos pasado algunas noches juntos
sí
tal vez me dormí teniéndote en mis brazos
y caí rendida después de tanto orgasmo visual
-mi pequeña muerte-
y la luz quedó prendida
¿hay algún silencio más bello que el de la noche con la luz prendida?
sí, el de una radio todavía encendida en la madrugada de un día de semana
-dejo la radio prendida para que, si quieren venir a robar, crean que hay alguien-
y puedo levantarme un amante en el parque rivadavia
un domingo a la tarde
mientras los viejos se debaten la gloria en un partido de ajedrez
un nene aprende a andar en bicicleta
una chica aprovecha de la edad de su hija para subirse a la calesita
y yo en el puesto 96, eligiendo un nuevo amor
y puedo levantarme un amante en la calle corrientes
en edipo, uno que venga con coño y joder
con tarjeta de crédito
en libertador, uno barato, berreta
en efectivo
y puedo levantarme un amante en dorrego y bonpland
esperando no enamorarme de esa esquina una tarde de otoño
yo con una camisa a cuadros rojos y un rodete alto
y vos arriba de un tablón con caballetes, a la interperie, y todo lleno de polvo
-as if-
me gusta la idea
del amante ocasional
del amante
me gusta la idea del amante
me gusta traerlos a mi casa sin prolegómenos
llevarlos a la cama y que duerman conmigo
al día siguiente, viajar juntos en colectivo o subte
elegir la música para que compartamos
no sé
a veces mis amantes son míos
a veces son prestados
a veces son regalados
me gusta la idea de charlar sobre esos amantes compartidos
o los amantes que nunca desnudé, pero siempre quise
cuando en una fiesta o reunión, alguien los menciona y yo redescubro el deseo
qué linda sensación la del deseo
¿hay algo más animal que el deseo?
o esos amantes que deseo y deseo y luego de un tiempo conquisto
sos mío
hoy me encontré con una escritora
que prologó el amante que anoche traje a mi casa
sentada enfrente mío, me sedujo la magia del momento
-en cualquier enamoramiento uno quiere mirarle todo a ese objeto de deseo-
generalmente
general y mente dos palabras sueltas que solas no suelen estar juntas
generalmente mis amantes duermen amontonados en una biblioteca que llegó a mi casa el día que cumpli 27 años
salvo contadas excepciones
una, dos, tres, tal vez ocho
que los eché de mi casa
fuera, fuera, ya no tenés un lugar en mi casa ni en mi corazón
entonces mis amantes fueron a otro lugar
una vez tiré un amante a la basura
alguno ha terminado en la salamandra
y me gustaría que esa frase sea leída con las cejas levantadas
alguno ha terminado en la salamandra
pero por lo regular
los dejo en esa biblioteca
y a veces los dejo que sean amantes de algún amigo que quiera amarlos como yo
de días en días
lunes, 30 de agosto de 2010
imthewarlus
martes, 24 de agosto de 2010
hombre barbudo enfadado con dos mujeres y dos espectadores
entonces yo sabré que el sistema ha funcionado
y empezaré a rehabilitarme furiosamente
pondré el despertador a las tres de la mañana
suspenderé mi vida conyugal
y las demás recaídas que conozco
para que, sólo queden las que no conozco
y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos tía
y será tan hermoso decir...
ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado
el mío todo de frutilla
y el de usted con chocolate y un bizcochito.
tengo dos gotas de vino guardadas en 31 canciones. una foto mirando hacia abajo a punto de saltar. tengo de señalador un boleto de colectivo de un día triste. tengo el sonido del mar dentro de un violín. tengo una gotera que aprendí a amar. libros viejos, pero viejos de veras, con las hojas amarillas y olor a fotografía blanco y negro y jopo y gomina. tengo que aprender a atarme los cordones y a cortar la comida, a viajar en el micro escolar y a dormir la siesta cuando suena esa canción que es un embole, pero después viene la merienda y el atardecer desde la ventana y la tele para mí. ¿sabés cómo se dice mariposa en inglés? ¿y elefante? ¿sabés cómo se dice elefante en inglés? tengo una libreta llena de globos sueltos, como flecos coloridos que se escaparon de una bufanda de palabras. tengo un montón de mayúsculas guardadas en un cajón de madera, junto a una taza naranja, un cordón huérfano y tinta china guardada desde 1986. tengo una mesa que me bienviene por las noches y me echa por las mañanas. tengo una escalera que lleva al techo, pero del lado de adentro. un gato negro se subió ahí la otra noche y yo me estiré para sacarlo. tengo números de teléfono en una agenda de papel, a los que con gusto llamaré desde la bañera para ahogar mis penas. tengo un tren que tomar a rosario, santiago del estero o villa del parque. tengo medias blancas y medias de colores. tengo una visa vencida al país de la locura y la quiero renovar, pero esta vez que sea con menos derechos y obligaciones, por favor. tengo un encuentro en la torre eiffel un día nublado de octubre, con la persona que me enseñó cómo extrañar. tengo dos pares de anteojos que volaron desde el mar hacia mí en una maravillosa caja de colores, con un gallo, una botella del tamaño de mi mano, un tatuaje en las manos y un gato famélico. restos de un sueño que no me acuerdo pero desperté con el anillo en otro dedo. algo debo haber querido recordar y no sé qué habrá sido. qué es. qué será. qué sería. tengo ganas de escribirte una canción. tengo una llamada en espera. zapatillas de colores y un deseo navideño que olvidé en un cuaderno cuadriculado. tengo papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado que será para volver a ser papel de regalo usado. un documental de cómo es mentira que el hombre viajó a la luna y con eso, se borrarían todos los testimonios de una generación entera que alucinó mirando el gran acontecimiento por la televisión. ¿sabés por qué lloro? le pregunté. sí, porque no nos vemos mucho, me contestó. ocho años después. tengo sal y agua y miel y cereza y vino y semillas de girasol. tengo el perfume de grasa que me recuerda a alguien a quien así recordé. eso me recuerda que tengo un recuerdo lindo olvidado con bronca. tengo quince años y el pelo recién cortado. tengo un caleidoscopio esdrújulo. tengo ganas de olvidarte casi mecánicamente me ocupo de ello todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. el desafío es a la hora de cerrar los ojos. tengo un perfume apoyado en dos lunares y huele a café con leche y películas en la cama. tengo un amigo distinto para cada necesidad, a los que abrazo democráticamente y sobre los que reposo con más alivio que de costumbre desde que me tropecé.
en realidad quería decirte que hoy se terminó nuestro romance. no podés ser tan bonito. no lo soporto más. hagamos la división de bienes de manera sencilla. yo me quedo con todo esto y más. y vos. vos quedate con el boleto de metró empapado en lágrimas, que te dejé ese lunes trece. me levanto la galera y te despido caminando hacia atrás, con el viento envolviéndome en mi cabello y en mi piloto violeta. aurevoir.
miércoles, 18 de agosto de 2010
así se siente, mirá
que en su lugar iba a ir a ver a Kapanga, pero me colgué y no fui
que voy por la mitad de la biografía de Charly García y estoy entendiendo esa vez que me pediste que te grabe Serú Girán. Cosa que en ese momento no pude entender.
que tuve una semana genial en la oficina. una semana entera.
que terminé otras 2 bufandas
que el trámite me cuesta 3000 pesos + 1400 pesos
que Belén se volvió a París
que vamos a hacer un libro juntas
que volví dos veces a la mañana a mi casa
que el fin de semana largo me lo pasé tomando vino
que me escribió Mariano, que está todo bien, que depende de mí
que mi vieja está haciendo aquagym
que tengo dos amigos nuevos
que quisiera tener 27 años
que se la quemé al flaco de la palta
que voy a empezar a hacer dibujo
que mi propio enano de jardín me volvió a escribir
que un dibujante miró mis fotos y me dijo que estaban buenas
que una vaca sale 2000 pesos
que tengo muchas ideas
que me escribió Land
que antes de ayer todos los caminos me llevan a Chile
que le pedí su teléfono a un flaco por la calle
y a qué flaco, te vas a morir
que me tenés que prestar unas Cazador
que fui a una fiesta
que fui a un boliche
que fui a un cumpleaños
que fui a una casa de familia
que fui a una casa de un estudiante de letras
que me crucé con una flaca por la calle
que fui a abrazar a Ken
que me llamaron a las dos de la tarde y no supe qué contestar
que fui Evita
que todavía no empecé a correr pero
que me entró mi pantalón vestido de novia
que mi hermano me dio un beso y un abrazo delante de otra gente
que qué vas a hacer para tu cumpleaños
que cómo me gustaría regalarte una kalimba
que por qué no le pregunto a Luján
que cuánto que te gusta que te quiera tanto
que cuándo vamos a ir a tomar un helado
que no te enfermes nunca más, Federico
domingo, 8 de agosto de 2010
el domingo es el primer día de la semana, no el último
jueves, 5 de agosto de 2010
recuerdo de tu paso por mí
esta trampa, que requiere de una sutil habilidad por parte del cazador, no es más que la mismísima condena al tormento de un intento futil y anodino, reservado para víctimas proclives al masoquismo y cobardes de poca monta
cedés, libros de bukowski, pañuelos violetas, cualquier elemento de valor mínimo puede convertirse en guillotina camuflada, trampa de oso o áspera soga que en cuestión de minutos ahogará las posiblidades de un mañana feliz, un futuro mejor, una colección de teléfonos en los bolsillos de un jean, juntados un sábado a la noche en un boliche bailable, también llamado boite o una tarde de lectura en la paz de un banco de plaza, sin el suplicio del ruido mental
atención, mis queridos cofrades, que esta maña requiere que haya un cazador y haya alguien que quiera ser cazado. no hay que dejarse engañar por el teatro de la mente, ese que dentro nuestro nos quiere ver llorar y que se regodea del dolor sólo para buscar la panacea en un "te tengo que dar tus cosas", una frase terrible, terrible, que se disfraza de despedida para maquillar un vamos otra vez
el fraude astuto que encierra un "te tengo que dar tus cosas" sólo puede ser anulado por el poder infinito del "mis cosas me importan un huevo, no quiero verte nunca más en mi vida". no hay otra piedra que anule esa tijera; no hay otra respuesta para escapar de semejante engaño, por más que "tus cosas" involucre un ejemplar de los evangelios apócrifos, firmado por Borges, dedicado a una tal M Kodama; por más que se trate de un último ejemplar en vinilo de Artaud, con las puntas enteras de su tapa; por más que de una piedra del Muro de Berlín estemos hablando; por más que sea el mismísimo Grito de Munch, nada vale tanto como la sed de libertad y el hastío cansado de ser hastío, que grita desde el fondo de un colectivo que iba a ninguna parte, "no, por favor, otra vez no"
asimismo, esto es aplicable también en el sentido inverso, en cuanto a cosas de un ex, olvidadas en la casa propia. por ejemplo, uno puede adueñarse de ropa interior del sexo opuesto (o no), que bien podría servir como trapito para limpiar las suelas de esas zapatillas traviesas que osan pasar por encima de soretes de perro; uno puede quedarse con esos libros de colección y usarlos para nivelar una mesa renga; o puede cortar bizcochuelos recién horneados con esos cedés que alguna vez fueron un préstamo y hoy sufren una reubicación en sus tareas, etc. y además, de paso realiza el ejercicio creativo de darle nuevos usos a objetos de poco afecto personal, que muy contentos estarán de que no sean el arma que ejecute una pena tal como la reincidencia misma