Dos cosas me inquietaron hoy
el síntoma de saber lo que tengo que hacer
y no hacerlo
y
el vicio de meterme a bucear en mis estados de mente
droga psicoactiva que me seduce a cada momento
y con el más mínimo estímulo
y que, estoy segura, debe ser carísima
porque es gratis
Dicen que a donde se fue feliz no hay que volver
y hace algunos días volví a esa pileta en la que aprendí a nadar
en la que pasé casi todos los veranos de mi infancia y mi adolescencia
y fui feliz
[ahí y entonces, sí
pero aquí y ahora]
no cuando me zambullía en el agua
no cuando me movía de una punta a la otra
de una punta a la otra
sino cuando me sumergía en la parte más profunda
para nadar al ras del suelo
cuando hacía algo parecido a bucear
en una pileta del conurbano bonaerense
mi cabeza. la pileta. bucear
también fui felíz moviéndome, dando vueltas
volando en el agua fresca
frases y fresas
bailando en el agua sucia
danza de piernas y brazos
saltar y rezar
abrir los ojos para no ver nada
claridad oscura
respirar
adelante y atrás
pensar en no pensar
recordar todos esos veranos ahí, cuando el cielo ocupaba el espacio de ese techo de lona blanca
evocar las gotas de lluvia que vi quebrar el agua
y a las veces que fui la primera en llegar y la última en salir
pidiendo un ratito más
un ratito más
todas las piletas, las playas y los ríos que viví siempre me llevaron a esta pileta.
¿el agua es un elemento vivo?
agua viva en mi memoria
entonces
como el chasquido de un fósforo
que raspa el borde de la caja
siento el olor a gas que viene de la cocina
dejé la llave de paso abierta
y cuando voy a cerrarla, como se cierra una canilla que gotea
caigo en la cuenta que estoy buceando en mi mente otra vez
que es medianoche
y que tendría que estar haciendo la tarea
que era para mañana
pero un ratito más
un ratito más
abajo del agua
un ratito más
jueves, 27 de septiembre de 2012
Tengo que conseguir una manguera
jueves, 20 de septiembre de 2012
-¿Dormís? -Un montón.
El cuarto está lleno de hongos la televisión encendida en mute la ventana recién cerrada todavía se escucha el ruido de la calle un colectivo que frena una planta que florece la lluvia y olor a cebolla fríta. Vos dormís y yo te hablo aunque estés con los ojos cerrados te hablo igual porque después de todo me escuchás con los oídos y porque me gusta hablar con la televisión prendida y la ventana cerrada. Y no esperar hasta mañana cuando el sol atraviese el vidrio ahora es nunca charlas agotadoras hasta que los ojos se cierran y la mirada se ensordece [estrella de mar luna con nubes volar a tus pies tender la cama echarme a correr milagro y socorro] tapados hasta las narices no hay luna llena, hay luna sonriente que descansa en el cielo como mi papá mientras ella se estira y se extiende muestra los dientes cuarto creciente nosotros en el cuarto menguante porque la habitación nos hace cada vez más chicos, más apretados más uno menos dos. Última página anillo en el dedo anular de una libreta de bolsillo promesas de eternidad nunca nada dura para siempre pero igual ámense a muerte a merced a dormirse.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Suicidio en Parque Patricios
Anoche, mientras llovía, un cactus se arrojó al vacío. Su cuerpo fue hallado sin vida esta mañana. Sus raíces desnudas de toda tierra yacían sobre la calle empedrada. También llovía. De sus bracitos llenos de espinas no quedaban ni los huesos. Oriundo de las sierras cordobesas, se desconocen las causas de su suicidio. Sin embargo, todas las pruebas señalan que se deben a la melancolía provocada por la humedad porteña.
lunes, 20 de agosto de 2012
Una atracción particularmente dulce
Me gustan las cosas dulces
siento algo particular
una atracción particularmente fuerte
por las cosas dulces
por las partículas dulces de las cosas
por el amor de madre, de pareja, fraternal
por las galletitas con pasas de uva
por la música para hacer el amor
por la música para tener sexo
por el chocolate con maní
por las pasas de uva
por el cappuchino con canela
por tus caricias en mi cuello
por las conversaciones serenas y sin interrupciones de ningún tipo
por la infancia
las fotos viejas, los recuerdos
el helado de menta granizada
los alfajores vauquita
las cosas dulces me atraen
son las que más me gustan
las canciones de Kevin Johansen
las noches de tormenta, desnuda, amada y amante
un abrazo de bienvenida
un desayuno con miel y banana
me gustan las cosas dulces
la dulzura ortodoxa
levanto las banderas de la dulzura
la diabetes es un gran verso
azúcar para todos
caramelos cristal en los bebederos públicos
boletos de tren garrapiñados
me gustan las cosas dulces,
y nunca las tomo de a una
algodón de azúcar rosado
la mano agarrada a otra mano
(no una derecha y una izquierda de un mismo cuerpo
una derecha mía
una zurda ajena)
caminar de la mano es dulzura
canciones de cuna
bombones de fruta
tardes de verano
seguir viviendo sin tu amor es dulce
la transpiración, aunque salada, si es ajena es dulce
el semen y la saliva pueden ser dulces
una poesía puede ser dulce
una nota sobre la mesa
te dejé flan en la heladera, cielo
un mensaje de texto la mañana siguiente
una foto de un viaje, lo más dulce
una mandarina desnuda es dulce
un pomelo rosado
mi manía con la sandía se justifica por esa dulzura que brota en jugo fucsia
me gustan las cosas dulces
los apellidos que son nombres, dulzura pura
los nombres que tienen poesía, pura dulcería
Piedad, Amparo, Paz
Victoria, Salvador, Franco
son dulzura
agua fresca es dulzura
el cuerpo recién bañado es una dulce invitación
saber esperar es noble y dulce
70 flores en un balcón, la supervivencia de la dulzura
los chocolates que me regalaste por mi cumpleaños
podías ser dulce, dulce
viajar por las nubes con vos, dulce
cogerte en mi casa
borrachos de madrugada
un día de semana
siempre es dulce
dulce como el color naranja
que es dulce como el olor a jazmín es dulce
el olor de tu ser siempre será dulce
y el dulce de leche es dulce al fin.
siento algo particular
una atracción particularmente fuerte
por las cosas dulces
por las partículas dulces de las cosas
por el amor de madre, de pareja, fraternal
por las galletitas con pasas de uva
por la música para hacer el amor
por la música para tener sexo
por el chocolate con maní
por las pasas de uva
por el cappuchino con canela
por tus caricias en mi cuello
por las conversaciones serenas y sin interrupciones de ningún tipo
por la infancia
las fotos viejas, los recuerdos
el helado de menta granizada
los alfajores vauquita
las cosas dulces me atraen
son las que más me gustan
las canciones de Kevin Johansen
las noches de tormenta, desnuda, amada y amante
un abrazo de bienvenida
un desayuno con miel y banana
me gustan las cosas dulces
la dulzura ortodoxa
levanto las banderas de la dulzura
la diabetes es un gran verso
azúcar para todos
caramelos cristal en los bebederos públicos
boletos de tren garrapiñados
me gustan las cosas dulces,
y nunca las tomo de a una
algodón de azúcar rosado
la mano agarrada a otra mano
(no una derecha y una izquierda de un mismo cuerpo
una derecha mía
una zurda ajena)
caminar de la mano es dulzura
canciones de cuna
bombones de fruta
tardes de verano
seguir viviendo sin tu amor es dulce
la transpiración, aunque salada, si es ajena es dulce
el semen y la saliva pueden ser dulces
una poesía puede ser dulce
una nota sobre la mesa
te dejé flan en la heladera, cielo
un mensaje de texto la mañana siguiente
una foto de un viaje, lo más dulce
una mandarina desnuda es dulce
un pomelo rosado
mi manía con la sandía se justifica por esa dulzura que brota en jugo fucsia
me gustan las cosas dulces
los apellidos que son nombres, dulzura pura
los nombres que tienen poesía, pura dulcería
Piedad, Amparo, Paz
Victoria, Salvador, Franco
son dulzura
agua fresca es dulzura
el cuerpo recién bañado es una dulce invitación
saber esperar es noble y dulce
70 flores en un balcón, la supervivencia de la dulzura
los chocolates que me regalaste por mi cumpleaños
podías ser dulce, dulce
viajar por las nubes con vos, dulce
cogerte en mi casa
borrachos de madrugada
un día de semana
siempre es dulce
dulce como el color naranja
que es dulce como el olor a jazmín es dulce
el olor de tu ser siempre será dulce
y el dulce de leche es dulce al fin.
martes, 14 de agosto de 2012
Estaba en llamas cuando me levanté
Me despierto. Llueve. Me levanto. Preparo el café. Preparo la cafetera. La enciendo. La miro. Minutos después empieza a toser, en pleno proceso de preparar el café. Ella prepara el café sin usar fuego y yo la adoro, le rezo cada mañana, le encendería una vela. Tose más y más. Escupe negro. Llena la jarra de café. La jarra rebalsa. El café sale para todos lados. Recorre el mueble en donde está la cafetera y toma una ruta directa hacia el borde. Tensión superficial. Duda. Decide caer. El café cae. Llega al suelo. El suelo se hace de café. Dulce y caliente, llena la cocina, se va al comedor. Sube los bordes de la pared. Llega a los tomacorrientes. La casa se electrifica. El sillón se prende fuego. Evacúan el edificio, vienen los bomberos. Rescatan a mi gato y luego me rescatan a mí. La policía me pregunta qué pasó. Yo les contesto que no puedo contestar nada si todavía no tomé mi café de la mañana.
jueves, 26 de julio de 2012
Pero vos, ¿por qué me hacés esto?
No puedo parar de llorar. El té se enfría sobre la mesa vidriada y yo no
puedo parar de llorar. No sé por qué lloro. Supongo que es una escena
que estoy montando para que la Preceptora me tenga lástima. Agarro el
té, que está en una taza de vidrio, cónica, color caramelo y tomo un
sorbo. Está más frío de lo que pensaba y tiene una aureola de aceite.
Cuando lo termino, puedo ver la marca que me saluda desde el fondo de la
taza.
Parece que la bisagra de la puerta de la preceptoría necesita aceite, porque hace un ruido rarísimo. Yo trato de darle una forma, como quien quiere señalar una nube, imaginándose que una concentración de oxígeno puede ser un árbol, un jinete y su caballo, una radio. Cuando entró mi mamá, no me saludó a mí, no saludó a la Preceptora ni saludó a la Directora. Vino directamente hacia mí y con las llaves todavía en la mano, me dijo "Pero vos, ¿por qué me hacés esto?".
Quise darle una pronta respuesta a su pregunta, así que agarré la máquina de escribir del Secretario y la tiré por la ventana. Atravesó el vidrio, rompiéndolo en pedacitos que cayeron al suelo de la planta baja unos pocos segundos después de que las teclas de la Remington se desparramaran por la vereda del Colegio.
Parece que la bisagra de la puerta de la preceptoría necesita aceite, porque hace un ruido rarísimo. Yo trato de darle una forma, como quien quiere señalar una nube, imaginándose que una concentración de oxígeno puede ser un árbol, un jinete y su caballo, una radio. Cuando entró mi mamá, no me saludó a mí, no saludó a la Preceptora ni saludó a la Directora. Vino directamente hacia mí y con las llaves todavía en la mano, me dijo "Pero vos, ¿por qué me hacés esto?".
Quise darle una pronta respuesta a su pregunta, así que agarré la máquina de escribir del Secretario y la tiré por la ventana. Atravesó el vidrio, rompiéndolo en pedacitos que cayeron al suelo de la planta baja unos pocos segundos después de que las teclas de la Remington se desparramaran por la vereda del Colegio.
viernes, 8 de junio de 2012
yo me sé tuya
saberse de alguien en todo sentido y con toda razón, con toda la razón, por todas las razones, sin razón alguna
yo me sé tuya y eso no me abandona
y nada más me importa que el momento en el que nos tenemos desnudos
en este mundo inmundo
desnudos los dos, yo me sé tuya, vos sos mío y afuera cae el sol, caen las estrellas, cae la luna y vos montado en mi monte de Venus, dormis una siesta en mi almohada, no importa la hora que sea, sabés que ahí se guardan tus sueños y yo sé que en tus brazos se guardan los míos y entre tus piernas se guarda mi sedante y qué rico que es drogarse así, saber que mi droga es mía y nada más que mía y que vos sos
ah
vos sos mío
yo soy tuya
saberme tuya me hace libre, me libera de felicidad, me hace feliz, me hace deliciosamente dulce, me hace dulcemente adicta, me hace ácidamente precisa, me hace ligeramente lisa, me hace uniformemente variada, me hace única e irrepetible y hace de tu miel mi panal, o es al revés? o yo soy la abeja y vos el néctar?
quién es quien?
yo soy tuya y vos sos mío y saberme tuya, simplemente me inspira a escribir porquerías
yo me sé tuya y eso no me abandona
y nada más me importa que el momento en el que nos tenemos desnudos
en este mundo inmundo
desnudos los dos, yo me sé tuya, vos sos mío y afuera cae el sol, caen las estrellas, cae la luna y vos montado en mi monte de Venus, dormis una siesta en mi almohada, no importa la hora que sea, sabés que ahí se guardan tus sueños y yo sé que en tus brazos se guardan los míos y entre tus piernas se guarda mi sedante y qué rico que es drogarse así, saber que mi droga es mía y nada más que mía y que vos sos
ah
vos sos mío
yo soy tuya
saberme tuya me hace libre, me libera de felicidad, me hace feliz, me hace deliciosamente dulce, me hace dulcemente adicta, me hace ácidamente precisa, me hace ligeramente lisa, me hace uniformemente variada, me hace única e irrepetible y hace de tu miel mi panal, o es al revés? o yo soy la abeja y vos el néctar?
quién es quien?
yo soy tuya y vos sos mío y saberme tuya, simplemente me inspira a escribir porquerías
lunes, 4 de junio de 2012
Origen extremo
"No vayas, por favor. Quedate, no vayas", le pedí, descerebrada.
"Linda, no puedo faltar a trabajar. Y además, es un rato nomás. En un par de horas ya estoy de vuelta", me respondió mientras me besaba y me mordía un pezón.
"Dale, no vayas", insistí.
"Bueno, no quiero llegar tarde. Te mando un mensaje cuando salga para acá", me dijo como si yo no hubiese insistido.
Antes de salir, puso play a un cd con toda la discografía de Catupecu Machu. Cuando cerró la puerta, una lágrima me corría por la nariz para pasar luego al otro ojo y de ahí, a la almohada. Nunca son un par de horas. Nunca vuelve para acá. El "del trabajo a casa y de casa al trabajo", con él no va ni ahí. Y creo que eso es lo que más me enferma. Que a la salida del trabajo, tomar algo con amigos, ir a bailar un rato y amanecer tomando cocaína en algún departamento al que ya le pega el sol son algunos de los caminos por donde sigue su noche. Lejos mío todos, yo estaré esperando acá, llamando noventa veces por hora a un celular que está apagado, a sus amigos que nunca saben dónde está y toda llena de llanto. Si no es en la cama, será en el baño o la cocina. Entonces no es que no quiera que vaya a trabajar, es que quiero esperarlo a que vuelva cuando creo que va a volver y no diez horas más tarde. Entonces, sigo en la cama como si fuese que si me quedo en el mismo lugar en donde lo despedí, nada se alterará, las horas pasarán más rápido y volverá más rápido y tal vez esta noche cumpla con lo de que son un par de horas y ya estará de vuelta. Entonces, los vecinos gritan porque están jugando a la Play y yo estoy aferrada a una almohada con tanta fuerza que podría empujar la Tierra para que las horas pasen más rápido.
Permanecer en la cama me da una calma uterina. Abajo de las frazadas, todo es menos áspero. Entre las sábanas, mojadas de transpiración y llanto, puedo pensar menos. O más y mejor. O peor. No lo sé muy bien. Se me acerca el gato y le acaricio la panza. Supongo que los gatos saben hacer eso, acercarse a sus dueños cuando los ven tristes. Le juego un poco, le hago cosquillas hasta que se enoja y me muerde la mano. Le pego una cachetada y lo estampo contra la pared. Grita justo cuando los vecinos metieron un gol. Sale corriendo y lo pierdo del campo de visión, que es todo lo que rodea a la cama. Me chupo la sangre de la mano, como si me hubiese mordido una víbora. Guardo abajo de la almohada la mano y me duermo un poco hasta que otro gol de los vecinos me vuelve a despertar.
Ese instante en el que me despierto, ah, cómo me gustaría sacarle una foto a esos pensamientos. Todo está tan claro. Este dolor es mi cocaína. Tirada acá, todo es tan lindo. Muerdo esta tristeza como si mordiera un elástico atado a mi brazo, listo para ser inyectado con una dosis de depresión. Mientras me duele la mordida en la mano, la voz de Fernando Ruiz Díaz dice que Got to be good looking cause he's so hard to see, en el Come Togheter de Dale! y pienso que amo estos domingos en los que él y yo nos venimos juntos, pero los odio porque mañana lunes a las tres de la tarde va a volver afiebrado y yo voy a estar esperándolo con rabia, en la misma cama en la que lo despedí.
Desde que perdí la virginidad hasta ahora, desarrollé cierta habilidad para enredarme con hombres así de ausentes. Ausencias que no están presentes. Ahora suena Mil voces finas: He llegado hasta aquí, todo se terminó, repetía el liquidado... El dolor del que busca y no encuentra/ el temor a hablar de miseria/ la razón que mira al costado/ el instinto indomable /suelto sin riendas. Me causa gracia cuando presento un nuevo novio a mis amigas y tratan de hacer un rompecabezas con el novio nuevo entre los otros novios que presenté. Diseccionan personalidades como si de degustar un vino se tratara. Comparan, testean, aprueban y desaprueban la relación. Freudizan el asunto y le asignan la culpa del issue a mi padre desaparecido. I don't give a fuck y sigo cogiendo con quien me viene en gana y cuanto tiempo sea posible, por lo menos hasta que es la hora de ir a trabajar, entonces esta depresión de domingo, dentro de una depresión de domingo. Hermoso, todo junto, difunto y podrido.
Tirada en la cama, la música sigue sonando. Escucho a los vecinos que se cagan a palos, porque uno que ganó la partida se burla de otro que la perdió, entonces algo cayó al piso violentamente y los gritos de mujer, la histeria familiar. No necesito un vaso para escucharlos pelear. Se gritan todo el tiempo. Ahora, al menos me sirve para distraerme de mí. El gato vuelve a mí, le muerdo una oreja. Salta la cama, sale corriendo. Ojo por ojo, mano por oreja. Me río. La mancha de humedad del techo se expande a cada minuto. Empieza a llenarse la casa de agua. No reconozco el sonido del grabador porque empiezan a chispear cada vez más fuerte los cortocircuitos. El gato, ya flotando en agua que no para de caer desde el techo, me dice: "¿no te parece que ya es hora de reconsiderar una alternativa a la depresión?".
Origen extremo es una canción de Catupecu Machu, editada en el disco "Cuadro dentro de Cuadros
"Linda, no puedo faltar a trabajar. Y además, es un rato nomás. En un par de horas ya estoy de vuelta", me respondió mientras me besaba y me mordía un pezón.
"Dale, no vayas", insistí.
"Bueno, no quiero llegar tarde. Te mando un mensaje cuando salga para acá", me dijo como si yo no hubiese insistido.
Antes de salir, puso play a un cd con toda la discografía de Catupecu Machu. Cuando cerró la puerta, una lágrima me corría por la nariz para pasar luego al otro ojo y de ahí, a la almohada. Nunca son un par de horas. Nunca vuelve para acá. El "del trabajo a casa y de casa al trabajo", con él no va ni ahí. Y creo que eso es lo que más me enferma. Que a la salida del trabajo, tomar algo con amigos, ir a bailar un rato y amanecer tomando cocaína en algún departamento al que ya le pega el sol son algunos de los caminos por donde sigue su noche. Lejos mío todos, yo estaré esperando acá, llamando noventa veces por hora a un celular que está apagado, a sus amigos que nunca saben dónde está y toda llena de llanto. Si no es en la cama, será en el baño o la cocina. Entonces no es que no quiera que vaya a trabajar, es que quiero esperarlo a que vuelva cuando creo que va a volver y no diez horas más tarde. Entonces, sigo en la cama como si fuese que si me quedo en el mismo lugar en donde lo despedí, nada se alterará, las horas pasarán más rápido y volverá más rápido y tal vez esta noche cumpla con lo de que son un par de horas y ya estará de vuelta. Entonces, los vecinos gritan porque están jugando a la Play y yo estoy aferrada a una almohada con tanta fuerza que podría empujar la Tierra para que las horas pasen más rápido.
Permanecer en la cama me da una calma uterina. Abajo de las frazadas, todo es menos áspero. Entre las sábanas, mojadas de transpiración y llanto, puedo pensar menos. O más y mejor. O peor. No lo sé muy bien. Se me acerca el gato y le acaricio la panza. Supongo que los gatos saben hacer eso, acercarse a sus dueños cuando los ven tristes. Le juego un poco, le hago cosquillas hasta que se enoja y me muerde la mano. Le pego una cachetada y lo estampo contra la pared. Grita justo cuando los vecinos metieron un gol. Sale corriendo y lo pierdo del campo de visión, que es todo lo que rodea a la cama. Me chupo la sangre de la mano, como si me hubiese mordido una víbora. Guardo abajo de la almohada la mano y me duermo un poco hasta que otro gol de los vecinos me vuelve a despertar.
Ese instante en el que me despierto, ah, cómo me gustaría sacarle una foto a esos pensamientos. Todo está tan claro. Este dolor es mi cocaína. Tirada acá, todo es tan lindo. Muerdo esta tristeza como si mordiera un elástico atado a mi brazo, listo para ser inyectado con una dosis de depresión. Mientras me duele la mordida en la mano, la voz de Fernando Ruiz Díaz dice que Got to be good looking cause he's so hard to see, en el Come Togheter de Dale! y pienso que amo estos domingos en los que él y yo nos venimos juntos, pero los odio porque mañana lunes a las tres de la tarde va a volver afiebrado y yo voy a estar esperándolo con rabia, en la misma cama en la que lo despedí.
Desde que perdí la virginidad hasta ahora, desarrollé cierta habilidad para enredarme con hombres así de ausentes. Ausencias que no están presentes. Ahora suena Mil voces finas: He llegado hasta aquí, todo se terminó, repetía el liquidado... El dolor del que busca y no encuentra/ el temor a hablar de miseria/ la razón que mira al costado/ el instinto indomable /suelto sin riendas. Me causa gracia cuando presento un nuevo novio a mis amigas y tratan de hacer un rompecabezas con el novio nuevo entre los otros novios que presenté. Diseccionan personalidades como si de degustar un vino se tratara. Comparan, testean, aprueban y desaprueban la relación. Freudizan el asunto y le asignan la culpa del issue a mi padre desaparecido. I don't give a fuck y sigo cogiendo con quien me viene en gana y cuanto tiempo sea posible, por lo menos hasta que es la hora de ir a trabajar, entonces esta depresión de domingo, dentro de una depresión de domingo. Hermoso, todo junto, difunto y podrido.
Tirada en la cama, la música sigue sonando. Escucho a los vecinos que se cagan a palos, porque uno que ganó la partida se burla de otro que la perdió, entonces algo cayó al piso violentamente y los gritos de mujer, la histeria familiar. No necesito un vaso para escucharlos pelear. Se gritan todo el tiempo. Ahora, al menos me sirve para distraerme de mí. El gato vuelve a mí, le muerdo una oreja. Salta la cama, sale corriendo. Ojo por ojo, mano por oreja. Me río. La mancha de humedad del techo se expande a cada minuto. Empieza a llenarse la casa de agua. No reconozco el sonido del grabador porque empiezan a chispear cada vez más fuerte los cortocircuitos. El gato, ya flotando en agua que no para de caer desde el techo, me dice: "¿no te parece que ya es hora de reconsiderar una alternativa a la depresión?".
Origen extremo es una canción de Catupecu Machu, editada en el disco "Cuadro dentro de Cuadros
domingo, 27 de mayo de 2012
Hello Sun. How're you doing? Are you alright?
Hace una semana
o diez días
que está nublado el cielo
y yo necesito
que salga el sol
al menos unas horas
que salga el sol
que me recuerde su forma, su color, su olor
que alumbre mi ventana
que me pegue un cachetazo
en la cara
necesito que me despabile un poco
de esta depresión
de este entumecimiento celestial
de este adormecimiento diario
de diez días de tanto gris, viejo y enfermo
tanto gris y tanto blanco
necesito volver a ver el cielo celeste
otro día nublado más y voy a desabastecer de chocolate al barrio
y mi ánimo va a salir volando como globo al que lo soltaron antes de anudarlo
para luego caer
como caía el sol
cuando había
necesito que salga el sol
ya está, ya entendí
nunca voy a poder vivir en un deparamento que dé al pulmón de manzana
(algo muy distinto que su corazón)
nunca voy a poder vivir en Londres o París
de acuerdo, ya entendí
ahora, por favor, que salga el sol
que salga ya
aunque ahora sea la una de la madrugada
y yo no pueda dormirme todavía
porque la depresión me apoca
y hoy no hice nada de todo lo que tenía para hacer
por favor que salga el sol
que salga mañana a la mañana
que salga un rato a jugar
yo rogaba lo mismo
cuando estaba en la pileta en la casa de mis primos
que salga el sol
que salga el sol
entonces nuestras voces de niños eran viento fuerte que corría las nubes y volvía el cielo de verano
ahora es otoño, no hace frío
pero hace cien días que está nublado.
no llovío mucho en esta semana
todos los días saqué a pasear el paragüas
salió, volvió y volvió a salir en el mismo lugar en la mochila, el paragüas
hoy vi una foto de Michael Jordan con un paragüas
¿los altos también se deprimirán con los días nublados?
¿cómo sobrevivir a una semana con clima de domingo a la tarde?
veo el cielo desde mi ventana
el celeste de los días soleados se vuelve rosado en las noches nubladas
y yo me estoy muriendo por un cielo macho
por favor, Dios, que salga el sol
laberinto privado, maravilla del mundo
necesito que salga el sol
no tengo ropa colgada en ninguna soga
ni zapatillas húmedas
ni cactus sedientos de luz natural
pero necesito que salga el sol
y recuperar mi sombra
y arrugar la frente al mirar hacia arriba
y ver pelusas volando en el aire
¿habrá una danza del sol?
¿un hechizo, una cadena de oración, una promesa?
necesito que salga el sol
que vuelva la alegría
que tanta luz responda mi llamado
Hello sun. It's me. Are you there? Please, pick up the phone. Please?
Will you be back soon, sun?
o diez días
que está nublado el cielo
y yo necesito
que salga el sol
al menos unas horas
que salga el sol
que me recuerde su forma, su color, su olor
que alumbre mi ventana
que me pegue un cachetazo
en la cara
necesito que me despabile un poco
de esta depresión
de este entumecimiento celestial
de este adormecimiento diario
de diez días de tanto gris, viejo y enfermo
tanto gris y tanto blanco
necesito volver a ver el cielo celeste
otro día nublado más y voy a desabastecer de chocolate al barrio
y mi ánimo va a salir volando como globo al que lo soltaron antes de anudarlo
para luego caer
como caía el sol
cuando había
necesito que salga el sol
ya está, ya entendí
nunca voy a poder vivir en un deparamento que dé al pulmón de manzana
(algo muy distinto que su corazón)
nunca voy a poder vivir en Londres o París
de acuerdo, ya entendí
ahora, por favor, que salga el sol
que salga ya
aunque ahora sea la una de la madrugada
y yo no pueda dormirme todavía
porque la depresión me apoca
y hoy no hice nada de todo lo que tenía para hacer
por favor que salga el sol
que salga mañana a la mañana
que salga un rato a jugar
yo rogaba lo mismo
cuando estaba en la pileta en la casa de mis primos
que salga el sol
que salga el sol
entonces nuestras voces de niños eran viento fuerte que corría las nubes y volvía el cielo de verano
ahora es otoño, no hace frío
pero hace cien días que está nublado.
no llovío mucho en esta semana
todos los días saqué a pasear el paragüas
salió, volvió y volvió a salir en el mismo lugar en la mochila, el paragüas
hoy vi una foto de Michael Jordan con un paragüas
¿los altos también se deprimirán con los días nublados?
¿cómo sobrevivir a una semana con clima de domingo a la tarde?
veo el cielo desde mi ventana
el celeste de los días soleados se vuelve rosado en las noches nubladas
y yo me estoy muriendo por un cielo macho
por favor, Dios, que salga el sol
laberinto privado, maravilla del mundo
necesito que salga el sol
no tengo ropa colgada en ninguna soga
ni zapatillas húmedas
ni cactus sedientos de luz natural
pero necesito que salga el sol
y recuperar mi sombra
y arrugar la frente al mirar hacia arriba
y ver pelusas volando en el aire
¿habrá una danza del sol?
¿un hechizo, una cadena de oración, una promesa?
necesito que salga el sol
que vuelva la alegría
que tanta luz responda mi llamado
Hello sun. It's me. Are you there? Please, pick up the phone. Please?
Will you be back soon, sun?
lunes, 21 de mayo de 2012
Oh weekend, where art thou?
Oh fin de semana, tiempo precioso, tesoro finito, el que más tengo que cuidar, animal que se reproduce y se
extingue cada siete días, el más lindo, el tiempo para mí.
Oh fin de semana, fuente de fantasías, deseo tantas cosas con vos el viernes y cuando llega el domingo me doy cuenta de que poco pudimos hacer.
Oh tiempo preciso, precioso, escurridizo, te me vas como agua de las manos como la juventud de mi rostro, como las formas en las nubes del cielo. Oh fin de semana, que en las vacaciones te corporizas extendido, estirada licencia del tiempo ocupado, recuerdo de aquella adolescencia en que era tiempo lo que sobraba y ansiedad lo que desconocía.
Oh tiempo del fin de semana, qué enorme la felicidad que me despiertas al ver aproximarse un ejemplar de la especie tuya, de la variedad largo, presto, galopando hacia aquí, dispuesto como todos los de tu género a endulzarme con sus promesas, con sus milagros por hacer, con sus necesidades por cubrir. Oh fin de semana largo que me aseguras que todo lo lograrás cubrir, panacea cronológica para lo que vivimos presos en esta carrera, perseguidos por las agujas del reloj en su recorrido singular, circular, sin igual. Oh fin de semana, el próximo lunes te habrás ido otra vez de mí. Entonces otra vez esperaré que vuelvas, que me prometas la llave universal que abra todos los candados de los compromisos que me atan desde hace tanto: coser las medias, llevar a reparar el mp3, ir a Pompeya a comprarle alimento al gato.
Oh fin de semana, son tu sábado y tu domingo una pareja engañosa: aparentan traer consigo toda la felicidad pero cuando el lunes llega resultó en realidad que todo ese tiempo se estuvieron engañando a sí mismos en la rutina de existir.
Oh fin de semana, fuente de fantasías, deseo tantas cosas con vos el viernes y cuando llega el domingo me doy cuenta de que poco pudimos hacer.
Oh tiempo preciso, precioso, escurridizo, te me vas como agua de las manos como la juventud de mi rostro, como las formas en las nubes del cielo. Oh fin de semana, que en las vacaciones te corporizas extendido, estirada licencia del tiempo ocupado, recuerdo de aquella adolescencia en que era tiempo lo que sobraba y ansiedad lo que desconocía.
Oh tiempo del fin de semana, qué enorme la felicidad que me despiertas al ver aproximarse un ejemplar de la especie tuya, de la variedad largo, presto, galopando hacia aquí, dispuesto como todos los de tu género a endulzarme con sus promesas, con sus milagros por hacer, con sus necesidades por cubrir. Oh fin de semana largo que me aseguras que todo lo lograrás cubrir, panacea cronológica para lo que vivimos presos en esta carrera, perseguidos por las agujas del reloj en su recorrido singular, circular, sin igual. Oh fin de semana, el próximo lunes te habrás ido otra vez de mí. Entonces otra vez esperaré que vuelvas, que me prometas la llave universal que abra todos los candados de los compromisos que me atan desde hace tanto: coser las medias, llevar a reparar el mp3, ir a Pompeya a comprarle alimento al gato.
Oh fin de semana, son tu sábado y tu domingo una pareja engañosa: aparentan traer consigo toda la felicidad pero cuando el lunes llega resultó en realidad que todo ese tiempo se estuvieron engañando a sí mismos en la rutina de existir.
viernes, 18 de mayo de 2012
Orage d'idées
me despierto confundida
después del vendaval que pasó por mi casa
apoyo los pies sobre el piso
desnudos, siento frío
miro lo que quedó en pie
me acomodo el pelo
para ver mejor
allá la almohada, una media
acá una remera y una zapatilla
qué pasó por acá:
una discusión
una escena
un tornado
una danza milenaria que mantuvo a la humanidad persistiendo en este mundo]
lo miro a él, todavía dormido
y me voy al baño
en el camino pienso
que hace frio
que tengo frío
que estoy desnuda
que voy a aterrizar en la ducha
y a mear mientras me baño
apenas el olor a pis se esconde
se esfuma por la rejilla
llega él
entonces el tornado otra vez
ahora es tormenta
abajo del agua
después del vendaval que pasó por mi casa
apoyo los pies sobre el piso
desnudos, siento frío
miro lo que quedó en pie
me acomodo el pelo
para ver mejor
allá la almohada, una media
acá una remera y una zapatilla
qué pasó por acá:
una discusión
una escena
un tornado
una danza milenaria que mantuvo a la humanidad persistiendo en este mundo]
lo miro a él, todavía dormido
y me voy al baño
en el camino pienso
que hace frio
que tengo frío
que estoy desnuda
que voy a aterrizar en la ducha
y a mear mientras me baño
apenas el olor a pis se esconde
se esfuma por la rejilla
llega él
entonces el tornado otra vez
ahora es tormenta
abajo del agua
sábado, 12 de mayo de 2012
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
El viernes fuimos con Sebastián a una charla acerca de la
historia del vestuario en el cine, que daban en la Universidad de Palermo. Nos habíamos encontrado en San Telmo, en la esquina de mi trabajo,
cuando salí. Compramos una cerveza en un supermercado chino, que volcamos en un
envase vacío de Coca de litro y medio, y caminamos desde Independencia y
Piedras hasta Córdoba y Mario Bravo, mientras nos poníamos un poco al día con
nuestras cosas. El recorrido fue Independencia, Nueve de Julio (por el Bernardo de Irigoyen side) y luego Córdoba hasta Mario Bravo. Todo, por puro gusto de
charlar caminando. O caminar charlando.
Ironías de la vida, íbamos a una charla acerca de vestuario
y Sebastián tenía la campera roja que lo abriga hace siete inviernos, yo un
saco negro que ya está blanco de tanta mugre. Y los dos, con las zapatillas
rotas. A mí no me gusta que las cosas duren poco, no me gusta comprarme cosas
nuevas, salvo que lo necesite de verdad. Así que uso las zapatillas hasta que
sangren. Y a Sebastián, la plata no le alcanza para cambiar de campera, cambiar
de acolchado, cambiar de paquete de arroz. Pero a los dos nos interesó el tema
y, además, la charla era gratis en uno de los palacios académicos de la
ostentación. Así que ahí fuimos.
Escuchamos a un tipo que durante casi dos horas habló acerca
de los criterios que se tuvieron en cuenta para vestir de Cleopatra a Elizabeth
Taylor, de modelos a las modelos de Blow Up, de androides a los androides de
Blade Runner y de novia a Uma Thurman en Kill Bill. Todo apoyado en una
presentación en una especie de power point muy moderna,
que indicaba quiénes habían trabajado en cada película y subrayando la poca importancia
que se le suele dar a una de las patas fundamentales en la recreación de una
historia.
Mientras tanto, yo me preguntaba por qué en esta ciudad,
como cualquier ciudad grande, es tan importante cómo nos vestimos y la imagen
que damos, por qué la calle Avellaneda todavía no fue declarada monumento
nacional al uniforme urbano. Por qué una etiqueta Levis da tanto prestigio como
una manzana mordida en el frente de una notebook, qué sentido tiene gastar el
doble en algo que uno puede pagar la mitad. Y cómo las adolescentes llegaron a
vestirse todos iguales, según su clase social: las más adineradas con calzas,
camisas de jean y borcegos y las más pobres con pantalones elastizados, campera
a la cintura, rodete y zapatillas deportivas. No pensaba en el cuerpo, pensaba
en la ropa. No hay ningún matiz, todos están seriados y requiere tanto coraje
como osadía romper el molde y vestir otra cosa que no sea eso.
A mí nunca me importó la ropa. En mi habitación de chica lo
que se renovaba siempre eran los juguetes y no los vestidos. No soporto comprar
ropa, me parece una tortura. No hablo del cuerpo, hablo de la ropa. Nunca
encuentro nada que me guste y siempre la paso mal. Aunque ahí, viendo las
creaciones producidas para otras creaciones, me dieron ganas de salir a
reventar la tarjeta y comprarme trajes y trajecitos, zapatos, collares, vestidos
de fiesta, chalinas y tapados. Y llevarlo a Sebastián a comprarse una campera
nueva.
Todo fue muy bien hasta que al final de la charla, a modo de
cierre, el tipo, un tal Matías (nombre de niño que a un hombre grande le queda
mal) le pasa la posta a una Constanza (nombre muy UP), que nos contó que la
planilla que nos habían dado a la entrada era una encuesta para saber cómo
habíamos llegado a la charla, y que podíamos dejar el mail para que nos manden
información de otras charlas. Y –y ahí vino la sorpresa- que la charla esta
formaba parte de un programa educativo que armaba la UP en sus facultades, y que si
nos había interesado, estaban programando un gran encuentro, con charlas y
talleres, en un campus en Pilar, que duraría un fin de semana, con traslado,
vianda y materiales incluidos, por tan solo 950 pesos.
Lo mismo dije yo: ¿qué carajo? Cómplices, con Sebastián nos
miramos y nos reímos. “Con esa plata filmo Cleopatra II, y con mejor vestuario
y todo”, dijo Sebastián en voz alta. Constanza se molestó, porque el comentario
se escuchó fuerte y claro en el auditorio. Frunció la nariz y después dijo que
estas charlas estaban orientadas para aquellos que no tenían dinero para pagar
el encuentro. Y Sebastián, que si de contestar se trata es mandado a hacer, le
retrucó “No mientas. Estas charlas son para publicitar ese encuentro”. Acto
seguido comenzó el show.
Lo que siguió fue lo de siempre. Con Sebastián tenemos
cierta experiencia en levantar revuelo. Primero se despierta el murmullo,
después algún desubicado toma parte por el garca y vocifera algún comentario
guionado por Clarín y luego aparece el pacificador, que en este caso fue
Matías, para calmar los ánimos. Yo, que llevo mi resentimiento social a flor de
piel, me dediqué a levantar la voz lo más fuerte posible, tanto como para que
Constanza se lleve su diploma de Licenciada en lo que sea a otra parte.
Por supuesto que Constanza nos increpó para saber cómo era
que nosotros habíamos llegado a esa charla. O más bien, cómo estos dos roñosos
habíamos osado pisar la UP. Y
Sebastián y yo, que ya estábamos contentos de haber armado semejante escena,
nos sentimos discriminados por pobres y pedimos un libro de quejas en donde
dejar asentado que nos estaban marginando y cómo.
Así que Constanza le pidió a una chica que estaba atrás de
todo que trajera el libro de quejas. Pero creo que lo hizo para que nos fuéramos
rápido, como ya se había ido la mitad del auditorio. Nosotros pusimos play a la
cinta por la que se transportaron los que también sentían que los estaban
invitando muy cordialmente a asistir a una charla, bajo el viejo y eficaz
artilugio de “el primero te lo regalo, el segundo te lo vendo”. La chica volvió
rápido con el pesado bibliorato y yo, que en escribir quejas ya tengo un máster,
me dediqué a redactar nuestras razones, sentada en una butaca del auditorio,
mientras en el frente del auditorio Sebastián discutía con Constanza. La morocha de ojos verdes que trajo el
cuaderno numerado, se reía de lo que decía Sebastián y a mí me daban ganas de
cerrarle el cuaderno en la cara. Cuando levanté la cabeza, vi que se estaba
agarrando la cintura y me compadecí de su lumbalgia. Pero estaba bastante
caliente, así que le pregunté de qué se reía y cómo se llamaba. “Contractura lumbar,
me llamo”, me respondió la muy hija de puta. Típica maldad de cotillón, con
sonrisa falsa que no muestra los dientes, propia de una Constanza, una Pilar,
una Pía y nombres por el estilo.
Así que una vez que firmé, nos acompañaron muy amablemente a
retirarnos. Pero no por el pasillo por donde habíamos entrado al auditorio sino
por otro lado, por una oficina, para que sellaran la queja en el cuaderno y no
sé qué más dijeron. Con Sebastián nos miramos y nos dimos cuenta que estábamos hambrientos
de cólera. Queríamos más quilombo, más gritos, más todo. Así que mientras Constanza
selló el cuaderno, Sebastián agarró una notebook que había sobre un escritorio
y se la metió adentro de la campera, por abajo y sin abrir el cierre.
Constanza no se dio cuenta ni del faltante ni de nuestras urgentes
ganas de irnos rápido. Así que adiós Constanza, adiós morocha y nos fuimos. El
riesgo más grande era atravesar el control de seguridad de la entrada. Cuando
estábamos bajando las escaleras, Sebastián me mostró que con la notebook había una
identificación de la
Universidad. Una de esas tarjetas magnéticas con las que te
enseñan de chiquito nomás a pertenecer a esta sociedad de control. Pero el tipo
de la foto tenía bigote y pelo corto y Sebastián sin barba y con sus rulos
sueltos y por el hombro. No nos dijimos nada al respecto y cuando llegamos a la
puerta, le preguntamos al tipo de seguridad, si podíamos salir por cualquier
parte y nos dijo que sí. Aunque enseguida nos paró uno de la Universidad, con
remera con loguito y todo. “Chicos, ¿están apurados?”, nos preguntó. “Y sí, mirá,
yo estoy llegando justo a mi trabajo, porque trabajo de noche y él tiene que ir
a buscar a sus hijos en un rato, ¿por?”, respondí con cara de póker, que es la
misma cara con la que se mira a un comerciante cuando le pagás con un billete
falso o cuando te revisan un solo compartimento de la mochila a la salida del
supermercado. “Ah, no, por nada. Es que cuando salen tienen que darles un
papelito. Pero, ¿ustedes vinieron a una de las charlas?”. “Sí, sí”, dije yo,
con seguridad. Sebastián siguió caminando como si de él no se tratara el
asunto. “Ah, bueno, bueno. No importa entonces. Pero para la próxima ya saben”,
nos dijo y nos dejó ir rápido, para atender el teléfono que había empezado a
sonar cuando nos había parado.
Salimos casi corriendo, sin saber para dónde ir. Esa
adrenalina de haber robado algo era un efecto que hacía mucho tiempo no sentía.
Agarramos para Libertador y creo que fuimos más rápido que un chita, porque en unos veinte minutos llegamos hasta la Avenida. Yo,
que le había dicho a Sebastián de guardar la compu en mi mochila, ya me
imaginaba todo lo que podía hacer con una notebook nueva. Justo ese viernes a
la mañana había pasado 40 minutos tratando de bajar a mi compu unos discos de
reggae del mp3. Ya me podía ver, abriendo mil ventanas a la vez y sin que se me
colgara nada. Creo que Sebastián se debe haber visto en lo mismo, porque todas
esas cuadras no nos dirigimos la palabra.
Cuando éramos novios, disfrutábamos un montón las caminatas
en silencio. Una vez Sebastián me preguntó si a mí me molestaba que no hablemos
y yo le contesté que me parecía alucinante, que sentía que en esos momentos
sincronizábamos nuestras energías. Pero ahora la cosa era distinta: no estábamos
siendo novios, estábamos siendo socios en un choreo. Así que huimos todo lo que
pudimos hasta que un semáforo nos obligó a parar en una estación de servicio. Compramos
una Coca y nos miramos eructar. “Qué onda de mierda que tenía esa gente, ¿no?”,
dije, para cortar el silencio. Sebastián no me dijo nada. Se puso a mirar a
unos pibitos que jugaban a cruzar la calle con el semáforo en verde, esquivando
los autos. “Yo no puedo hacer esto”, dije. “Yo tampoco”, respondió. Y fuimos a
buscar la parada del 128 para devolver el botín.
Cuando llegamos a la
UP, el tipo que nos había parado se estaba imprimiendo un
libro, mientras miraba la tele. Le dijimos que queríamos hablar con una chica
que había estado en la charla, que no sabíamos el nombre. El tipo marcó un número
y anunció: “Hola, te buscan dos chicos acá abajo. ¿Podés venir?”. Mientras
esperábamos, en la tele pasaban la publicidad de una película con Michael Jackson aún negro, caminando por Nueva York, pisando charcos que reflejaban
edificios enormes y semillas de humo que brotaban desde alcantarillas. “Una ciudad muy grande”, se llamaba la película. A los dos minutos se nos acercó una
colorada de ojos celestes. “Chicos, ¿los puedo ayudar?”, nos preguntó. Nosotros
lo miramos al tipo, que estaba tratando de disimular las hojas que no paraban
de salir de la impresora láser. Con cara de bronca, le dije “esta no es la
chica que te digo. Esta es colorada y nosotros estamos buscando una morocha de
ojos verdes. ¿Te parece que si estuviéramos buscando una colorada no te lo hubiésemos
mencionado?”.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es el nombre de una novela de Phillip Dick.
martes, 10 de abril de 2012
Nací en el '82, con Galtieri a la cabeza
Yo no debía estar acá y si escribo esto es porque espero que alguien llegue a
leerlo, y sienta este miedo, esta desolación y este dolor y que pueda percibir el
sabor de la muerte inminente tal como yo lo estoy sufriendo ahora, porque nunca
entendí bien lo del número bajo, pero yo estoy acá, con las botas agujereadas y el
barro entrándome en los pies y las manos lastimadas y la espalda cansada,
cargando un uniforme que me queda enorme, una mochila con elementos de
supervivencia elegidos por un asesino, seguramente, no sé, y pienso que si
alguien llegara a leer esto y pudiera decirle a mi vieja que no llore, que no la pase
mal, que el destino de cada uno está escrito y que por más que yo ahora, a esta
hora, debería estar entrenando en mi bici, o tal vez tomando unos mates en mi
casa y el barro de mis pies debería ser el barro de las calles de mi barrio, por más
que todo eso, estoy acá, en una trinchera, cagado de frío, cagado de miedo,
cagado de hambre y cagado encima, porque el panorama no es ni siquiera
simpático y si tal vez no hubiese sorteado, estaría jugando otra batalla, una que
tenga que ver con mi futuro, no con este escenario y ya me imagino mi foto
congelada en el tiempo, entre un montón de otras fotos de pibes que se murieron
y así me van a recordar, mientras yo en realidad lo que quería era que me
recordaran no sé, en un podio, ganándome el oro en alguna olimpíada, o
recibiendo una bici de alguna fábrica suiza, o firmando un contrato para una
publicidad de una afeitadora, o no sé, entrando en el Guiness por ser el primer
argentino en ganar el tour de france o alguna pelotudez así, y no. Estoy acá y mi
entrenamiento diario es soportar los misiles estallando desde el océano, andar
durante kilómetros peleando una batalla que no elegí pelear, levantando una
bandera que seguramente envolverá mi cadáver y llorar como un puto, a
escondidas, porque mi vieja ni se debe imaginar todo lo que estoy pasando y
todo lo que la extraño a ella y a mis hermanos. No voy a recorrer el mundo con
mi bicicleta y eso es lo que más me duele, porque me ilusioné con eso desde que
el día en que el viejo me empezó a entrenar y ahora todos esos sueños van a
quedar enterrados acá, al menos hasta que encuentren mi cuerpo, con los ojos
abiertos, tirado encima de una mezcla de barro y sangre. Y mis amigos van a
llorar y van a decir que era tan bueno y la puta que lo parió, son todos putos que
no se animan a decir que siempre fui un hijo de puta, que me cagué en todos
ellos, porque lo único que quería era entrenar como un pelotudo, que nunca me
prendí para salir de kurda con ellos, que nunca me copé con fumar porro con
ellos y que mientras se comían un asado un domingo, yo les decía que no podía
porque tenía que entrenar y de mí sólo tienen una vaga idea, que tiene más que
ver con quien era yo cuando era chico que con quien soy ahora, o mejor dicho
quien habré sido, a como están las cosas ahora, que estoy más cerca del pasado
que del futuro y me hubiese gustado darle unos besos a Laura antes de
despedirme, pegarle una cogida, capaz, y si me estuvo esperando, si de veras me
estuvo esperando, como me dijo en la última carta, ojalá Dios quiera que
encuentre a alguien que la ame y la sepa cuidar y le dé todo lo que se merece y si
hay algo del otro lado, capaz yo la pueda cuidar desde ahí también, no sé ahora
que todo es nada, que aquí voy a morir, quiero desprenderme de todo rencor,
pero me da por las pelotas pensar que el zurdo Iturraspe termine teniendo el
sponsor que iba a ser para mí, o que mi bici termine en un galpón, oxidándose.
Igual, más oxidada quedará mi foto.
leerlo, y sienta este miedo, esta desolación y este dolor y que pueda percibir el
sabor de la muerte inminente tal como yo lo estoy sufriendo ahora, porque nunca
entendí bien lo del número bajo, pero yo estoy acá, con las botas agujereadas y el
barro entrándome en los pies y las manos lastimadas y la espalda cansada,
cargando un uniforme que me queda enorme, una mochila con elementos de
supervivencia elegidos por un asesino, seguramente, no sé, y pienso que si
alguien llegara a leer esto y pudiera decirle a mi vieja que no llore, que no la pase
mal, que el destino de cada uno está escrito y que por más que yo ahora, a esta
hora, debería estar entrenando en mi bici, o tal vez tomando unos mates en mi
casa y el barro de mis pies debería ser el barro de las calles de mi barrio, por más
que todo eso, estoy acá, en una trinchera, cagado de frío, cagado de miedo,
cagado de hambre y cagado encima, porque el panorama no es ni siquiera
simpático y si tal vez no hubiese sorteado, estaría jugando otra batalla, una que
tenga que ver con mi futuro, no con este escenario y ya me imagino mi foto
congelada en el tiempo, entre un montón de otras fotos de pibes que se murieron
y así me van a recordar, mientras yo en realidad lo que quería era que me
recordaran no sé, en un podio, ganándome el oro en alguna olimpíada, o
recibiendo una bici de alguna fábrica suiza, o firmando un contrato para una
publicidad de una afeitadora, o no sé, entrando en el Guiness por ser el primer
argentino en ganar el tour de france o alguna pelotudez así, y no. Estoy acá y mi
entrenamiento diario es soportar los misiles estallando desde el océano, andar
durante kilómetros peleando una batalla que no elegí pelear, levantando una
bandera que seguramente envolverá mi cadáver y llorar como un puto, a
escondidas, porque mi vieja ni se debe imaginar todo lo que estoy pasando y
todo lo que la extraño a ella y a mis hermanos. No voy a recorrer el mundo con
mi bicicleta y eso es lo que más me duele, porque me ilusioné con eso desde que
el día en que el viejo me empezó a entrenar y ahora todos esos sueños van a
quedar enterrados acá, al menos hasta que encuentren mi cuerpo, con los ojos
abiertos, tirado encima de una mezcla de barro y sangre. Y mis amigos van a
llorar y van a decir que era tan bueno y la puta que lo parió, son todos putos que
no se animan a decir que siempre fui un hijo de puta, que me cagué en todos
ellos, porque lo único que quería era entrenar como un pelotudo, que nunca me
prendí para salir de kurda con ellos, que nunca me copé con fumar porro con
ellos y que mientras se comían un asado un domingo, yo les decía que no podía
porque tenía que entrenar y de mí sólo tienen una vaga idea, que tiene más que
ver con quien era yo cuando era chico que con quien soy ahora, o mejor dicho
quien habré sido, a como están las cosas ahora, que estoy más cerca del pasado
que del futuro y me hubiese gustado darle unos besos a Laura antes de
despedirme, pegarle una cogida, capaz, y si me estuvo esperando, si de veras me
estuvo esperando, como me dijo en la última carta, ojalá Dios quiera que
encuentre a alguien que la ame y la sepa cuidar y le dé todo lo que se merece y si
hay algo del otro lado, capaz yo la pueda cuidar desde ahí también, no sé ahora
que todo es nada, que aquí voy a morir, quiero desprenderme de todo rencor,
pero me da por las pelotas pensar que el zurdo Iturraspe termine teniendo el
sponsor que iba a ser para mí, o que mi bici termine en un galpón, oxidándose.
Igual, más oxidada quedará mi foto.
viernes, 9 de marzo de 2012
De aquel amor, de música ligera
Te dormís.
Siempre es así
te veo dormirte.
Te dormís conmigo
pero no de mí
Te veo dormirte
y lo único que quiero
es cuidar de vos.
Tal vez está escrito
que esa sea mi misión
Sacarte las zapatillas y apagarte la tele si te dormís
cocinarte si te enfermás
abrazarte si me dejás
invitarte al cine a ver una de risa,
si tenés el tiempo
En cambio vos, hombre ocupado,
tenés que encargarte de mis lágrimas
si alguien me pega una cachetada en el corazón
Tenés que invitarme a comer comida china
Tenés que llevarme a la escuela en bicicleta
Tenés que guardarme secretos por la tarde
que a la noche se los vas a contar a mamá
Y en la letra chica del contrato
dice
que yo celo de tus novias
te robo cuadros
y te hago pasar vergüenza frente a tus amigos
y que vos me cancelás los planes del cine
me criticás en público
y me felicitás en privado
y que despreciás muy sutilmente
a cada uno de mis pretendientes
Entonces esto es siempre así.
Y esto va a ser así, prometeme, hasta que seamos viejitos
y entonces yo, la tía abuela de tus nietos.
Y entonces vos, el padrino de mis gatos.
Siempre es así
te veo dormirte.
Te dormís conmigo
pero no de mí
Te veo dormirte
y lo único que quiero
es cuidar de vos.
Tal vez está escrito
que esa sea mi misión
Sacarte las zapatillas y apagarte la tele si te dormís
cocinarte si te enfermás
abrazarte si me dejás
invitarte al cine a ver una de risa,
si tenés el tiempo
En cambio vos, hombre ocupado,
tenés que encargarte de mis lágrimas
si alguien me pega una cachetada en el corazón
Tenés que invitarme a comer comida china
Tenés que llevarme a la escuela en bicicleta
Tenés que guardarme secretos por la tarde
que a la noche se los vas a contar a mamá
Y en la letra chica del contrato
dice
que yo celo de tus novias
te robo cuadros
y te hago pasar vergüenza frente a tus amigos
y que vos me cancelás los planes del cine
me criticás en público
y me felicitás en privado
y que despreciás muy sutilmente
a cada uno de mis pretendientes
Entonces esto es siempre así.
Y esto va a ser así, prometeme, hasta que seamos viejitos
y entonces yo, la tía abuela de tus nietos.
Y entonces vos, el padrino de mis gatos.
jueves, 8 de marzo de 2012
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